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Necesitan bienes de primera necesidad, reconstruir sus casas e iglesias, apoyo psicológico y asistencia espiritual.

No quieren abandonar su país a pesar de
sufrir una guerra que dura ya más de siete años. Se niegan a que el Cristianismo desaparezca de Oriente Medio.

“Ya no hay bombas y tenemos seguridad en las calles. Pero la guerra continúa porque aunque se han suspendido las acciones militares, hay un sufrimiento patente; por la inestabilidad, el temor y la incertidumbre sobre el futuro.”

Mons. Antoine Audo, obispo caldeo de Alepo y presidente de Cáritas Siria.