Jóvenes en Siria: “Necesitamos sentirnos acompañados por la Iglesia para sentirnos cerca de Dios”

› Cuando en Roma se está celebrando el Sínido sobre la juventud y la vocación, un grupo de estudiantes sirios dan su opinión sobre este acontecimiento

19/10/2018

ACN, Josué Villalón (Marmarita y Homs), de la Revista Vida Nueva.- Del 3 al 28 de octubre la Iglesia universal tendrá sus ojos en el Vaticano donde con el lema “Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional” se va a celebrar la XV Asamblea Ordinaria del Sínodo de los Obispos. El Papa Francisco junto con todos los obispos participantes, provenientes de los cinco continentes, así como otras personas invitadas, conversarán sobre la juventud y la Iglesia.

A 3.000 kilómetros de Roma, en Siria, cientos de jóvenes cristianos que viven en su día a día la dura experiencia de largos años de guerra fratricida, también estarán pendientes del sínodo. El ruido de las bombas, la emergencia humanitaria y el duro golpe de la violencia no han borrado aún las ganas de vivir y las ilusiones propias de la juventud. Desde Homs y Marmarita, Majd, Hanna, Halil o Anaghem cuentan qué significa para ellos el ser cristianos y qué esperan de la Iglesia, en un país donde viven como minoría, en ocasiones amenazada.

Jóvenes del grupo de voluntarios del Centro San Pedro, Marmarita, Siria.

Queremos que la Iglesia esté cerca de nosotros, los jóvenes. No hace falta que intente ser tan perfecta, porque nadie lo somos, sino que esté cerca de nosotros, conociendo cuáles son nuestros deseos y anhelos. Creo que esto es más realista y creíble”, comenta Majd Jallhoum, una joven dentista, recién licenciada que colabora en el reparto de ayuda humanitaria junto con la Iglesia greco-católica en Marmarita, en la región conocida como el Valle de los Cristianos.

No había oído hablar de esta reunión de los obispos en Roma con el Papa pero me parece una buena idea. Aquí los jóvenes cristianos tenemos un gran deseo de estar cerca de Dios. Vivimos momentos difíciles, hemos sufrido la muerte de nuestros amigos y familiares, otros muchos es han marchado del país”, reconoce la joven, “pero también hemos experimentado momentos de alegría, sin duda detrás de ellos está la mano de Dios”.

Majd conoce bien la situación de muchas familias que viven desplazadas en el Valle de los Cristianos, va a visitarlas a menudo para conocer sus necesidades, acompañar a los enfermos al hospital o reparte las medicinas del proyecto de emergencia que está sosteniendo la fundación pontificia Ayuda a la Iglesia Necesitada, de la mano de la Iglesia local. “Si sigo aquí es gracias a mi fe, aunque muchas veces veo que me falta la esperanza. Pero en este tiempo me he dado cuenta que mi sentido es quedarme y ayudar a estas personas. Mis padres y varios hermanos se marcharon a Estados Unidos, pero yo decidí quedarme y mi inspiración ha sido Jesús”.

Otros jóvenes desplazados en Marmarita están también aportando su tiempo y esfuerzo en sostener la ingente labor asistencial de la parroquia de San Pedro en este pueblo, corazón del Valle de los Cristianos. Hanna Mallouhi es uno más de ellos. Vino aquí hace 5 años, procedente de Homs, huyendo de los bombardeos: “Necesitamos estar acompañados por sacerdotes y responsables que tengan una vida sencilla, que muestren con hechos que les importamos. Necesito sentirme acompañado, para así sentirme también cerca de Dios.”

Hanna aún sigue en la universidad, se prepara para ser médico: “Pese a la guerra, no he querido abandonar mis estudios. Vine con mis padres y mi hermano al Valle de los Cristianos huyendo de Homs, aún así he seguido yendo a la universidad desde aquí para poder graduarme. Todos los días hago una hora de viaje de ida y otra de vuelta hasta Homs, incluso en los peores momentos de la guerra he ido a clase. Ahora tengo que hacer las prácticas, he elegido de destino un hospital de Damasco. Cuando termine la carrera quiero quedarme en mi país y ayudar a las personas a tener una vida mejor en Siria”.

El testimonio de estos chicos y chicas es inspirador para la comunidad cristiana de Siria, una minoría que se ha visto muy vulnerable en el conflicto sirio. Según cifras de la Iglesia siria, antes de la guerra había 1,5 millones de cristianos en el país y actualmente quedan unos 500.000. La falta de seguridad, la violencia y las amenazas reales de grupos yihadistas como el Daesh han provocado un éxodo sin precedentes en un país que era bastante tolerable con la fe cristiana.

De Marmarita, pasamos a Homs, la tercera ciudad del país, donde aún se mantiene una importante presencia cristiana, concentrada en el Viejo Homs, el barrio más antiguo de la ciudad, a los pies de la ciudadela milenaria que corona la localidad. Allí, unos 300 estudiantes universitarios se han reunido en la recién reconstruida catedral melquita de Nuestra Señora de la Paz, para celebrar la Eucaristía juntos. Cada uno de ellos es de distinto rito católico, unos sirio-católicos, otros latinos, otros greco-católicos, incluso hay algunos ortodoxos. Todos celebran unidos, cantando junto al coro “Jesús es el Camino, la Verdad y la Vida”.

Entre todos está Pascal Napki, que cursa Economía: “No conozco en persona al Papa Francisco pero me parece una persona humilde, por sus palabras y acciones. Siempre que le escuchamos, pensamos que hay esperanza para la paz en Siria. Especialmente cada vez que ha pedido oraciones por nuestro país”. Halil, estudiante de Farmacia, asiente a su lado: “¿Qué le pido yo a la Iglesia? Que nos entienda y nos de la oportunidad de creer también en nosotros. Sé que no es fácil, pero eso es caminar juntos, confiar unos en otros y apoyarnos mutuamente”.

Concluye el encuentro y un grupo sale de paseo por las estrechas calles del barrio, alrededor hay muchos edificios antiguos, construidos en la piedra gris característica de la arquitectura popular de Homs. “Pienso que con lo que hemos sufrido, algunos se han alejado de Dios, así que lo primero que debemos hacer como Iglesia es animar a los jóvenes a estar cerca de Dios”, reconoce Anaghem Tannous. Y predican con el ejemplo, pasan a hacer una oración juntos a una iglesia cercana, en este caso la Iglesia del Sagrado Cinturón de María, perteneciente a la Iglesia sirio-ortodoxa. “Aquí convivimos católicos y ortodoxos con normalidad, somos muy cercanos, es parte de nuestra cultura”.

Comentan varias anécdotas de los años de guerra, las bombas pasaron de largo hace tiempo, aunque la ciudad sigue en ruinas y barrios enteros están acordonados porque todos los edificios están destruidos. “Recuerdo que en la entrada de esta misma iglesia cayeron varias bombas. Parte del edificio del obispo ortodoxo se vino abajo, un milagro que no muriese nadie aquella vez”-afirma Halil– “Todos conocíamos al padre Frans van der Lugt, un misionero jesuita holandés que permaneció en Homs incluso en el peor momento de la guerra, en el año 2013. Solo quedaron él y unos 40 cristianos más del Viejo Homs, eran la última presencia cristiana aquí entre los grupos rebeldes. El padre Frans fue asesinado, pero su testimonio y su enseñanza hacia los jóvenes de Homs siguen vivos. Él no decía: hay que seguir adelante, con Jesús y trabajando por la paz”.

Por último, Wissam se despide antes de pasar al templo: “rezamos por el Papa y por la Iglesia en todo el mundo. Aquí la fe es fundamental porque forma parte de lo que somos. Y además estos últimos años todos hemos experimentado que hemos salido aelante de muchas dificultades, en nuestras familias, en nuestros estudios y trabajos, gracias a no perder la fe y la esperanza”.