“¡La Iglesia católica existe en Marruecos y es samaritana!”, Mons. Cristóbal López, obispo de Rabat

› Conoce de primera mano el país al que viaja el Papa Francisco

26/03/2019

ACN, Mónca Zorita.- La universalidad de la Iglesia católica se hace presente en muchos lugares donde el cristianismo es una religión minoritaria, como es el caso de Marruecos, un país con 37 millones de habitantes donde el 99,9% de la población es musulmana y el 0,08% católicos. Allí, una pequeña pero gran Iglesia hace su tarea pastoral con los fieles católicos, y sobre todo realiza una gran acción social con la población marroquí más desfavorecida y con los miles de jóvenes subsaharianos que cruzan el desierto buscando un futuro en la soñada e idealizada Europa.

Hasta allí, la frontera física entre África y Europa, viaja el Papa Francisco los próximos días 30 y 31 de marzo, visitando las ciudades de Rabat y Casablanca, acogiendo la invitación del Rey Mohamed VI y de los obispos del país. En el programa de televisión “Donde Dios llora”, apoyado por la fundación Ayuda a la Iglesia Necesitada (ACN), María Lozano entrevista a Mons. Cristóbal López Romero, salesiano y obispo de Rabat, quien explica cómo es vivir y trabajar en esta nación del norte de África.

Mons. Cristóbal López, obispo de Rabat. (ACN)

“¡La Iglesia católica existe en Marruecos!” exclama orgulloso el obispo nada más comenzar la entrevista, “es una iglesia viva, joven, llena de gracia y con muchas ganas de testimonio”. El país norteafricano cuenta con dos catedrales, una en Tánger y otra en Rabat, la primera data de la época del protectorado español y la segunda del protectorado francés. “En nuestras iglesias –continúa Mons. López Romero- hay más jóvenes que mayores, más hombres que mujeres y más negros que blancos”.

Fieles de más de 100 países distintos

En Marruecos la Iglesia está formada mayormente por extranjeros, fieles llegados de más de 100 países distintos que normalmente trabajan en empresas con filiales en Marruecos, también muchos subsaharianos de países como el Congo, Senegal o Costa de Marfil entre otros, que vienen a estudiar aquí y en la Iglesia católica encuentran “el clima de familiaridad” que buscan. Los religiosos católicos que trabajan en el país son de más de 40 nacionalidades diferentes, y es que como explica Mons. López, “ser católico significa ser universal”. Esta universalidad hace que las particularidades se dejen de lado y se dediquen a lo común, “nos centramos en lo importante y vamos a lo esencial. Esas diferencia nos enriquecen, estamos abiertos al otro y vemos la diferencia como una oportunidad, no como un problema”.

Una Iglesia migrante

La Iglesia en Marruecos y las agencias con las que colabora, acogen y ayudan a los más vulnerables sean cual sean sus orígenes, siendo sus primeros campos de intervención la sociedad marroquí y los inmigrantes subsaharianos que tratan de llegar a Europa o quedarse en el norte de África.

“La Iglesia pone en práctica el acoger y cuidar al necesitado, es decir, es una iglesia samaritana”, afirma el entrevistado. Por medio de Caritas Marruecos atiende a miles de migrantes que atraviesan el desierto del Sahara y después de esta dura travesía, quedan bloqueados en este país sin poder cruzar a Europa. “Son personas que necesitan ser atendidos y escuchados, la mayoría llegan enfermos y hay muchas mujeres embarazadas. La Iglesia “les acoge, les protege, les promueve y les integra’, como pide el Papa Francisco”. La labor de la Iglesia en Marruecos es tan importante que “incluso las autoridades musulmanas la aprecian”.

Ante la pregunta, ¿por qué los jóvenes huyen de África? Mons. López explica que la mayoría de la juventud migrante es económica, huyen de la pobreza o del paro, aunque también muchos de la guerra, de los conflictos bélicos, persecuciones o catástrofes naturales. La migración en África es un problema, que según el obispo de Rabat, es muy difícil de superar mientras que “en Europa se siga tirando a la basura el 30% de los alimentos que se producen”, o mientras que se siga viviendo de una manera “sobreabundante y ostentosa” y pretender que los que “viven en la miseria se queden de brazos cruzados” sin que esto despierte su atención.

Es anticristiano y antihumano que Europa esté blindando fronteras para evitar compartir lo que pertenece a todos y que Europa se ha apropiado”, afirma con indignación el religioso mientras recuerda las palabras del Papa Francisco “el capitalismo mata”. “Dejemos de ayudar y paguemos por las materias primas que estamos explotando y hagamos que las multinacionales paguen los impuestos que deben”. Pide que no se ayude a África “con migajas, sino con justicia y planes de desarrollo”. “Sin amor no somos nada, sin justicia somos menos”.

El joven marroquí -explica el obispo encauzando el tema anterior- “se encuentra encerrado en su propio país”. Por su geografía, Marruecos sufre las consecuencias de no tener una salida posible al exterior. Al sur está el gran desierto del Sahara, al oeste el Atlántico, al este Argelia, con quienes mantienen las fronteras cerradas a causa de la guerra, y al norte, Europa.  “Muchos de los jóvenes en Marruecos dicen señalando a España ‘¿por qué ellos pueden venir aquí y yo no puedo ir allí?’”.

¿Hay libertad religiosa en Marruecos?

Por otra parte, la fundación ACN en su Informe de Libertad Religiosa en el Mundo 2018, explica que según la Constitución marroquí, Marruecos es un Estado soberano musulmán. El artículo 3 declara que «el islam es la religión del Estado, que garantiza a todos el libre ejercicio de sus creencias». Pero la misma Constitución prohíbe a los partidos políticos enmiendas parlamentarias o constitucionales contrarias al islam.

El Parlamento Europeo reconoce que la libertad religiosa está consagrada en la Constitución de Marruecos, pero añade que «los cristianos y, sobre todo, los musulmanes convertidos al cristianismo, se enfrentan a “muchas formas de discriminación” y no se les permite poner un pie en una iglesia». Según el Código Penal, los no musulmanes tienen estrictamente prohibido hacer proselitismo, es decir, «hacer flaquear la fe» de la población musulmana. El Gobierno restringe también la distribución de materiales religiosos no islámicos.