«Sentimos una mano que nos sostiene y cuida»: esta cristiana no huyó de Siria para ayudar a otros

› Esta joven, dentista de formación, coordina la ayuda de emergencia para cientos de familias desplazadas en Marmarita y el Valle de los Cristianos, en Siria

11/01/2019

ACN, Josué Villalón (Marmarita, Siria).- Majd Jallhoum es “solo una mensajera”, como se define ella, del ingente trabajo de acogida y socorro que está realizando la Iglesia católica en Marmarita, Siria. Pero ella también es el mensaje de una vida entregada, protagonista de la otra cara de la guerra de Siria, allí donde se intenta curar la herida de un pueblo olvidado.

Llegó huyendo de los combates hasta aquí, en el corazón del Valle de los Cristianos, como una desplazada más. Pronto se arremangó su dolor y se puso manos a la obra como secretaria del Centro de Ayuda San Pedro, visitando a las familias y proveyéndolas de lo necesario. Dentista de formación, se ha convertido en el punto de apoyo de miles de desplazados. Esta joven está siendo las manos amorosas de Dios, allí donde se ha apagado la luz de la bondad.

Majd con el padre Andrejz Halemba, responsable de proyectos de ACN en Oriente Medio. (ACN)

Tú también has vivido las consecuencias de la guerra. ¿Cómo ha afectado este conflicto a tu familia?

Vivíamos en la Ciudad Vieja de Homs, cuando varios grupos armados atacaron la zona y tuvimos que huir a Damasco. Estuvimos allí durante un año. Entonces hubo varios bombardeos sobre la capital y tuvimos que huir de nuevo, esta vez hasta el Valle de los Cristianos. Llevamos aquí ya 6 años.

¿Qué trabajo realizas en el Centro de Ayuda de San Pedro?

Actualmente soy la secretaria, coordinamos la solicitud de proyectos, supervisamos las ayudas y evaluamos que todo vaya bien. Empezamos con ayuda básica, como bolsas de comida o ropa. Después, gracias al apoyo de la fundación pontificia Ayuda a la Iglesia Necesitada (ACN), pusimos en marcha varios proyectos más grandes, como repartos de medicamentos, apoyo a tratamientos y operaciones. Y también ayudamos a través de becas de estudio para niños y jóvenes.

¿A cuántas familias estáis ayudando actualmente?

Tenemos unas 340 familias desplazadas que están siendo ayudadas con el pago de alquileres. Ayudamos con becas a casi 300 estudiantes. Y tenemos unas 100 familias que reciben ayuda de medicamentos. Mensualmente coordinamos unas 2.200 recetas médicas y operaciones o tratamientos médicos. Apoyamos mensualmente unas 200 operaciones y unos 200 tratamientos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Grupo de jóvenes voluntarios del Centro San Pedro, con el padre Walid, párroco greco-católico de Marmarita. (ACN)

¿Cómo es la vida de las familias que viven desplazadas?

La situación de estas familias es cada año más difícil. Porque muchos se han ido quedando sin ahorros para hacer frente a sus gastos. Ya no les queda nada. Esta zona solía ser un lugar de turismo y los precios son muy altos. Es difícil encontrar trabajo, porque hay pocos negocios. Ahora muchos están intentando reconstruir sus casas en sus ciudades de origen. Hay un sentimiento generalizado entre los desplazados de querer volver a casa.

¿Por qué no es fácil que vuelvan a sus casas?

Por temas económicos y porque viven lejos de sus ciudades. Y porque hay zonas, por ejemplo en Homs, que están completamente destruidas. Es mejor tirar todo abajo y reconstruir de cero. Tenemos aquí precisamente muchas personas procedentes de estos barrios de Homs, que seguramente nunca podrán volver a sus hogares.

¿Por qué decidiste quedarte en Marmarita y no marcharte del país?

Yo vivo aquí con uno de mis hermanos, Iliash, que es el coordinador del Centro de Socorro de San Pedro. Ambos decidimos vivir aquí para sencillamente ayudar a los desplazados. Sentimos que estas familias dependen de nosotros, mi hermano ha entablado mucha amistad con todos y cada día va a visitarles. Ellos confían en nosotros.

¿Qué piensan vuestros padres y vuestra familia de que estéis viviendo aquí?

Creo que ellos están orgullosos de nosotros, pero, por supuesto, a ellos no les gusta que estemos aquí. Preferirían que viviéramos con ellos, en Estados Unidos, o que estuviéramos fuera de Siria, lo más lejos posible de la guerra.

¿Cómo es la vida espiritual de los voluntarios que estáis detrás del Centro San Pedro?

Es una pregunta difícil. Para nosotros, especialmente para Ili y para mí, es difícil mantener la fe y la esperanza. Hemos vivido y vivimos momentos muy complicados. Vemos mucho sufrimiento en las familias a las que ayudamos. Tenemos nuestros momentos de subida y bajada. Surgen las preguntas: “¿Por qué está pasando esto? ¿Por qué tanto sufrimiento?”. Pero a la vez sentimos una mano que nos sostiene, una mano que nos cuida y cuida de las familias. Sin duda esa presencia es Dios, es la mano de Dios.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Majd con una familia apoya por el Centro de Ayuda de San Pedro, en Marmarita. (ACN)

¿Podrías compartir el testimonio de alguna familia desplazada que a ti te haya tocado especialmente?

Al principio de estar aquí, comenzamos a ayudar a una familia de 7 personas. El padre estaba diagnosticado de cáncer y murió al poco tiempo, por no tener el tratamiento necesario. ACN les apoyó con ayuda de emergencia. A los dos años de vivir aquí, a la madre también la diagnosticaron cáncer, por entonces pudimos ayudarla a seguir el tratamiento y ahora está estable. Dos de los 5 hijos fueron enviados a la guerra y uno volvió herido en el estómago, muy grave. Lo que más me ha impresionado de ellos ha sido que, a pesar de todo, siempre les he visto felices.

¿Qué te gustaría decir a las personas que os están ayudando a través de ACN?

Quiero transmitir con seguridad que vuestro apoyo está salvando vidas, de forma literal. A mí misma, esta ayuda me ha cambiado la vida, yo soy solo una mensajera de toda una realidad que es palpable. No es una simple ayuda, sois un testimonio de que el amor lo cambia todo, que está cambiando muchos corazones.