“Un resultado positivo en las elecciones del Kurdistán puede persuadir a más cristianos a permanecer en Irak”

› Entrevista con el Patriarca Cardenal Louis Raphael I Sako

28/09/2018

ACN, Daniele Piccini.- En los días previos a las elecciones en la Región Autónoma del Kurdistán, el Patriarca Cardenal Louis Raphael I Sako habla con Ayuda a la Iglesia Necesitada (ACN) sobre la esperanza, el futuro y las expectativas de los cristianos en Irak.

A pocos días de las elecciones del domingo, ¿cómo se presenta la situación sobre el terreno? ¿Ha sido entendido su llamamiento a la unidad?

Creo que sí, pues hoy hay una conciencia más fuerte de la unidad del país y de sus diferentes componentes. Todos buscan la unidad, pero el problema son los conflictos entre algunos partidos políticos y la lucha por el poder.

¿Qué espera de estas elecciones? ¿En qué medida pueden favorecer la reconciliación nacional?

Nosotros esperamos un cambio a mejor: un aumento de la oferta de servicios, más trabajo para los jóvenes, la reconstrucción de los pueblos y ciudades destruidos por el Daesh, poner de una vez fin a las milicias y a la corrupción, y encaminarlo todo por el camino correcto. En resumen, construir un país democrático y fortalecer así la convivencia pacífica. Y hay esperanza, pues al menos 239 de los 328 diputados son nuevos y 90 antiguos. Es decir, que algo está cambiando. Además, los cristianos esperamos que mejore el nivel de seguridad que, a decir verdad, ya ha mejorado.

El Patriarca y Cardenal Louis Sako I.

¿Las elecciones podrían favorecer de alguna manera el retorno de los cristianos a la Llanura de Nínive?

Esto es algo más complicado, pues en el caso de aquellos que han abandonado el país es muy difícil que retornen. Y también el factor psicológico desempeña un papel. Muchos quieren unirse a los familiares que ya se encuentran en Occidente. Los cristianos iraquíes en Occidente no regresan porque sus hijos ya se están integrando y ya van a la escuela. Tal vez a los padres les gustaría regresar, pero no lo hacen por sus hijos. Por ello, ya sería un buen resultado lograr convencer a los que todavía permanecen en Irak de que no emigren. Este es, para nosotros, el gran reto, y por ello se debe reconstruir lo que el Daesh ha destruido: las casas, las escuelas y las infraestructuras. Además, sería muy importante crear trabajo. En la Llanura de Nínive se podría incrementar el cultivo del campo, de la industria alimenticia y promover otros proyectos con el fin de ayudar a los jóvenes a encontrar trabajo. Creo que aquí se pueden hacer cosas.

El 30 de julio usted dirigió una carta a los políticos iraquíes. ¿Cree que han escuchado sus peticiones? ¿Ha sido comprendido su llamamiento?

Creo que sí. Soy la primera personalidad religiosa a la que el actual presidente del Parlamento ha visitado. Ha venido para dar las gracias al Patriarcado por todo lo que hemos hecho en aras del diálogo, la reconciliación y la convivencia. Fue también mía la propuesta de presentar a otros candidatos aparte de la mayoría actual. Han hecho lo que yo había propuesto. Por ello, hoy hay una notable presencia cristiana. A los cristianos se les escucha cuando se trata de sugerir soluciones prácticas y razonables, y no a título personal, sino por el bien de todo el país. Somos escuchados cuando hablamos de los derechos humanos y de los servicios, como en Basora. Puedo afirmar que nos sentimos escuchados, de verdad, incluso aunque seamos una minoría, un pequeño rebaño.

Casi la mitad de los cristianos ha regresado a sus casas de la Llanura de Nínive. ¿Qué los hace regresar?

De 20.000 familias desplazadas en el país, ahora han retornado casi 9.000, algo menos de la mitad. La Iglesia, a través de organizaciones benéficas como Ayuda a la Iglesia Necesitada, L’Orient, Cáritas y diferentes Conferencias Episcopales que nos han ayudado, ha asumido la responsabilidad junto a los laicos locales de reparar las casas, iglesias y escuelas. Y, como resultado, muchos han vuelto. El problema, sin embargo, reside en la lucha entre kurdos y árabes por ocupar la Llanura de Nínive. Esta división no anima a la gente a regresar. Así, por ejemplo, la carretera entre Badnaya y Teleskuf está cortada, por lo que la gente no puede regresar, y nosotros, pese a contar con fondos para reconstruir las casas, no hemos podido hacerlo. Hemos intentado explicar nuestras necesidades, y ahora estamos a la espera de la formación del Gobierno central y las elecciones en el Kurdistán para resolver este problema que, para nosotros, es crucial. Es un problema porque, poco a poco, la gente pierde la confianza, y eso es grave.

¿Cómo anima a la gente a reconstruir sus casas?

Ciertamente, necesitan ayuda material para terminar de reparar sus casas y también ánimos morales. Y luego, evidentemente, seguridad. Cuando las relaciones entre el Gobierno central y las autoridades kurdas funcionan, todo avanza mejor, pero cuando se atascan, surgen complicaciones. La Llanura de Nínive está en la frontera entre el Kurdistán y el Gobierno central iraquí.

El pasado 28 de junio fue nombrado Cardenal. ¿Cómo vive su misión como Cardenal en Irak?

Para mí es un gran peso. Todos acuden para pedir ayuda, una intervención o un servicio. Ahora tengo el doble de trabajo. Sin embargo,  intento afrontarlo como un servicio, como una misión. De esta función he sacado una fuerza aún mayor para trabajar por el bien de todos, sin distinción entre cristianos y musulmanes. También han venido muchos musulmanes para felicitarme, y también autoridades políticas y religiosas. Hemos fundado una Comisión para el diálogo con autoridades suníes y chiíes para evitar toda venganza y toda violencia. Ahora, poco a poco, está dando sus frutos y vemos los primeros progresos. Hemos preparado un pequeño libro para presentar la religión cristiana y musulmana -chií y suní-, y también las religiones de los yazidíes y los mandeos, para ayudar a la gente a conocerlas, pues la ignorancia es grande. Esto ya es un progreso, y debemos avanzar por este camino lentamente. No podemos esperar un cambio por arte de magia.

¿Qué puede hacer la Iglesia Universal para apoyar a la comunidad cristiana en Irak?

La Iglesia ya nos ha apoyado mucho con sus ayuda humanitaria. Nos ayuda la Santa Sede y las delegaciones de diferentes Conferencias Episcopales que han venido para encontrarse con la gente, y para mostrar su solidaridad y levantar el espíritu y la moral. Esto ha convencido a mucha gente para quedarse y la ha ayudado a no perder la esperanza. Somos una minoría, pero somos una minoría dinámica. Con el tiempo llegará, poco a poco, la libertad religiosa y de conciencia. Estoy seguro. La gente podrá cambiar libremente de religión y creer en lo que quiera. Nadie podrá ya forzar a alguien a que sea cristiano, musulmán o judío. Este proceso ya ha comenzado, y yo creo que antes o después se completará. Por ello, nuestra presencia es muy importante aunque seamos un rebaño pequeño.

¿Y la comunidad internacional?

Ciertamente, percibimos la influencia de Occidente, de Estados Unidos y de otros países vecinos como Irán, Turquía y los países del Golfo, que tiene un impacto en la política iraquí. Sin duda hay un conflicto internacional que se refleja en la lucha de partidos locales que se combaten entre sí.

¿Qué puede hacer Ayuda a la Iglesia Necesitada?

Ya nos ha ayudado mucho, por lo que estamos muy agradecidos. Dieron mucha ayuda para víveres, medicinas y escuelas para los 120.000 desplazados. Tras la liberación de la Llanura de Nínive y Mosul, han contribuido a la reconstrucción de las casas, las escuelas y las iglesias. Ahora debemos mirar un poco más lejos y ver qué hacer para que estas personas retornadas a sus pueblos y ciudades se queden, para persuadirlas de no emigrar. Hay que pensar en el trabajo. Antes me he referido a la posibilidad de incrementar el cultivo del campo, pero también la industria. Esta atención continua ayudaría a la gente a no pensar que está abandonada o que se han olvidado de ella.

Por favor, denos un mensaje para nuestros benefactores.

Pido a todos los que son nuestros hermanos y hermanas que se acuerden de nosotros, que somos los primeros cristianos, somos la Iglesia más antigua, la de la antigua Mesopotamia. Esta Iglesia debe permanecer aquí y no debe desaparecer. Es cierto que tenemos muchos problemas, pero también tenemos una vocación y misión y una responsabilidad para con nuestros ciudadanos a la hora de ayudarlos a abrirse. Si recibimos apoyo y ayuda, estaremos en condiciones de hacer más.