Viuda de Boko Haram: “La visión del asesinato de mi marido me perseguirá para siempre”

› Catherine Ibrahim es una de las miles de víctimas del grupo yihadista en Nigeria. Está desplazada en un centro atendido por la Iglesia católica en Maiduguri

19/03/2019

ACN, Adie Vanessa Offiong.- Catherine Ibrahim vive en un campo de desplazados gestionado por la Diócesis católica de Maiduguri, en el Estado de Borno. A continuación, esta viuda católica describe a Ayuda a la Iglesia Necesitada el asesinato de su marido a manos de Boko Haram, el secuestro de sus hijos y su propia cautividad.

La primera vez que Boko Haram llegó a nuestra aldea, tuvimos suerte. Justo cuando íbamos a cenar, escuchamos los disparos y corrimos hacia las montañas. Durante los dos días que permanecimos allí, fue nuestro miedo a morir lo que nos mantuvo con vida. Cuando regresamos, las casas y las iglesias habían sido pasto del fuego, lo cual condujo a un enfrentamiento entre cristianos y musulmanes que solo se detuvo con la intervención de los militares.”

Catherine Ibrahim con sus hijos, Daniel y Salomé. (ACN)

Poco menos de una semana más tarde, Boko Haram volvió a atacar el pueblo de Catherin, y esta vez llegaron hasta su casa. Cuando la mujer fue consciente del peligro, las ideas se le agolpaban en la cabeza, pero sobre todo, su impulso instintivo fue proteger a sus dos hijos, Daniel y Salomé.

“Pero se me adelantaron. Cuando llegué a donde se escondían mis hijos, vi cómo los rebeldes, triunfantes, los agarraban por los hombros mientras ellos forcejeaban indefensos. Tenían entonces cinco y siete años. Me fallaron las rodillas y los ojos se me llenaron de lágrimas; tenía miedo de lo que pudiera ocurrirles, especialmente, a mi hija.”

El miedo en sus ojos

En aquel momento, Catherin también fue descubierta y detenida: “Me arrastraron salvajemente hasta donde estaba mi marido, que tampoco pudo escapar. Me obligaron a presenciar la muerte de mi esposo, le mataron sin piedad y se aseguraron de que yo lo viera todo. No puedo olvidar el miedo en sus ojos y es todo lo que puedo contar, no quiero decir más porque odio recordarlo.” 

Los hijos de Catherin fueron finalmente secuestrados, a ella la abandonaron junto al cadáver de su marido. Sin embargo, no se quedó ahí y su instinto maternal la hizo ir en busca de sus hijos: “Me habían quitado a mi marido; no iba a permitir que se llevaran también los frutos de nuestro amor.” Pero el viaje entonces era demasiado arriesgado, y terminó en Yola, la capital del estado, donde permaneció durante seis meses con horribles pesadillas de la lucha de mis hijos.

En busca de sus hijos

“Alrededor de mayo de 2014, escuché que los militares habían reconquistado Gworza. Fui en su busca, pero no conseguí que un vehículo me llevara a Ngoshe, donde me dijeron que estaban. Así que hice el camino a pie, lo que me llevó un día entero. Por el camino vi enfrentamientos entre los soldados y Boko Haram, pero nada peor de lo que ya había visto. Yo simplemente los evitaba y tomaba los caminos ‘seguros’.”

Una familia secuestrada

Catherin no pudo evitar ser capturada por el grupo terrorista cuando iba de camino a Ngoshe. Acepto aquella situación con cierta esperanza de poder reunirse con sus hijos. “Mi suegra fue la primera persona que vi. Mientras ella gritaba excitada, mis hijos aparecieron por detrás de ella. No creo que pueda describir la alegría que sentí. Sólo Dios conoce la profundidad de mi gratitud.”

“Me alegré de que mi suegra no me preguntara por su hijo, porque no sé cómo le podría haber contado lo que pasó. Mis hijos, mientras estaban en cautiverio, fueron islamizados y renombrados. Daniel se convirtió en Musa y Salomé en Yagana.”

Dios siempre ha estado ahí

La mujer cuenta que “esa fue la primera vez en mi vida que reconocí conscientemente la presencia de Dios. Pero ahora, mientras hablamos, me doy cuenta de que siempre ha estado ahí.”

Tras varios días secuestrada junto a sus hijos y su suegra, Catherin preparó un plan de huida. Sin embargo, el intento de fuga fracasó y la separaron de sus hijos, llevándola a un campo de detención con vigilancia permanente. “Durante dos semanas permanecí con las manos atadas detrás de mi cuello y los pies también atados.”

Me torturaron con todo tipo de objetos, y no pararon hasta hacerme sangre. Me dieron muchas palizas, pero mantuve mi fe. Mi compañera de celda murió, yo recé con gran temor en mi idioma nativo. El guardia hablaba ese idioma. Gracias a su intercesión al cabo de tres meses fui liberada de mi arresto y llevada al campamento de nuevo.”

El reencuentro

Cuando regresó al campamento con las demás familias secuestradas, su suegra no se separó de ella día y noche, cuidándola y tratando de que se recuperase de las secuelas de las torturas. “Han pasado cuatro años desde mi liberación, pero las manos todavía no me obedecen del todo. Desde que llegué aquí, la Iglesia me ha ayudado en mi tratamiento. Me llevaron a la catedral de San Patricio desde el Hospital de Maiduguri, y un administrador de la catedral me llevó al hospital privado, donde hice fisioterapia durante seis meses.”

Tres años más tarde, el 2 de marzo de 2017, Catherin se pudo reunir con su hijos en Maiduguri. Después de un combate con Boko Haram en Ngoshe, los soldados rescataron a Daniel y Salomé. “Ahora que vuelvo a estar con mis hijos y mi suegra, mi alegría no tiene límites. Pero la muerte de mi esposo me perseguirá para siempre.”

En 2017, Ayuda a la Iglesia Necesitada visitó la Diócesis de Maiduguri y se encontró con Catherine y muchas otras viudas y huérfanos víctimas de las atrocidades de Boko Haram. Durante 2017 la fundación apoyó la labor pastoral de la Iglesia nigeriana con la financiación de proyectos por más de 1,6 millones de dólares. Entre ellos, se financió apoyo a la atención de viudas y huérfanos. La ayuda también ha sido destinada a la reconstrucción de la catedral y el seminario de la diócesis de Maiduguri, destruidos por ataques de Boko Haram.