“Cuanta más fe tengo, más fuerte soy”

Conoce a Swetha, cristiana en el norte de India

Soy una mujer dalit casada y madre de tres hijas. Vivo en una casa muy pobre. Durante años mi marido no trabajaba y no nos daba de comer. Antes de ser católica no puedo describir el dolor que había en mi familia. Mi marido me pegaba grandes palizas. Un día pedí ayuda a mis vecinos que eran católicos. Mi vecino rezó por mí, aunque yo no entendía nada…

Con el tiempo caí en una grave enfermedad. Pensé que moriría y que no habría nadie para cuidar de mis hijas. Mi marido al verme tan mal volvió a llamar al vecino cristiano. Vino de nuevo a casa, rezó por mí y me dijo que fuera a una misión católica, a la Misa de 9 de la mañana. En cuanto me recuperé fui a la Misa. Recuerdo que llevé una flor para darle gracias a Dios. Nada más llegar me sentí parte de la misma familia. Nunca había visto una liturgia tan bonita. Percibí una alegría que no había sentido nunca. Vi el cielo en la tierra. Si existía el cielo, era allí, pensé.

A la semana siguiente volví a la iglesia y empezaron los problemas con mi marido.  Así como mi amor por Jesús se hizo más profundo, el conflicto con mi esposo se intensificó porque yo iba a la iglesia todas las semanas. Él empezó a sospechar y un día destruyó mi Biblia. Sentí como si hubiera destruido mi vida porque la Biblia significa mucho para mí. Un mañana, preparándome para ir a la iglesia, mi marido vino con una barra de hierro y me golpeó con ella varias veces. Sentí que Jesús estaba conmigo. Él me protegió del dolor porque apenas sentí daño. Mi marido no sabía lo que significaba ser un esposo y yo no sabía lo que significaba ser una esposa. No conocíamos el significado del amor. Rezaba por él todos los días y pedía ayuda a Dios: “A pesar del hecho de que me haya golpeado, Tú, mi Dios, nos uniste en matrimonio. No podemos separarnos”.

El sacerdote de la parroquia nos envió al centro pastoral de nuestra diócesis. Allí aprendimos que el matrimonio es una relación de tres personas: marido, mujer y Dios. Estas clases cambiaron a mi marido y salvaron nuestro matrimonio. Después de diez años era la primera vez que sentíamos que estábamos casados. Mi marido me pidió perdón. Por la fe somos una familia de nuevo unida.

Cada frase del Padrenuestro para mí tenía todo el sentido: “danos hoy nuestro pan de cada día” , “perdona nuestra ofensas como nosotros perdonamos a los que nos ofenden”… Tengo muchos problemas con mi familia política. Hay mucha presión negativa y nos critican, pero yo entendí aquello de que “os perseguirán en mi nombre”. Si el Señor ha hecho tantos milagros en mi vida, lo hará en la vida de los otros.  Cuanta más fe tengo, más fuerte soy”.

Ahora sólo le pido una cosa al Señor, que alguna de mis tres hijas tenga la vocación a la vida religiosa y pueda servir a Dios.

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