» TESTIMONIO: «Lo mejor que me ha pasado como sacerdote»

Etiopía

El Padre Kenneth Iwunna trabaja en una zona remota de Etiopía, entre la tradicional tribu nómada Borana.

El Padre Kenneth siempre ha querido ser sacerdote. En su niñez asistía a la Santa Misa todas las mañanas. Por este motivo, a veces llegaba tarde a la escuela y era castigado por ello, dicha circunstancia no impedía que fuera a la iglesia. Le gustaba mucho ser monaguillo; el sacerdote era su gran modelo a seguir.

«Me gustaba todo lo que hacía el sacerdote», dice con una sonrisa. 

Su sueño se hizo realidad al ingresar en la orden espiritana y finalmente ordenarse sacerdote. Actualmente, trabaja como misionero en Etiopía, lo cual también era su sueño.

«Cuando aún era seminarista, un sacerdote regresó de Etiopía. Era una persona muy buena y modesta, pensé que también yo quería ir a Etiopía.», recuerda el sacerdote. 

Desde hace siete años, el padre Kenneth es misionero entre los Borana, una tribu nómada tradicional del sur de Etiopía. Si bien hoy en día muchas familias se han hecho sedentarias, algunas de ellas todavía se desplazan con sus rebaños por la zona.

El sacerdote recuerda: «Mi primera impresión fue que realmente es una zona muy remota. Es parte del carisma de nuestra orden trabajar en regiones remotas donde la Iglesia tiene dificultades».

Hoy, es párroco de la parroquia de la Santa Cruz de Dhadim. De los 9.000 habitantes, 5.000 son ya creyentes católicos, con tendencia al alza. Mucha gente quiere ser bautizada. 

Desde hace cinco años, ACN apoya la labor pastoral en la parroquia de la Santa Cruz de Dhadim, aportando anualmente entre 4.800 y 5.000 euros. 

El Padre Kenneth, misionero en Etiopía

«Para los Borana, lo más atractivo del cristianismo es que toda persona es amada. También les impresiona la universalidad de la Iglesia, por lo que quieren pertenecer a ella. Del mismo modo que celebramos la Santa Misa aquí, se celebra en Roma o en otros lugares», afirma el padre Kenneth. 

También ha mejorado la situación de las mujeres: «tradicionalmente, las mujeres Borana son muy tímidas, la tradición no les permite hacer nada fuera del hogar. La iglesia está tratando de ayudarles a salir más, les damos la oportunidad de ser catequistas y de enseñar. La gente lo ha aceptado y ahora les gusta. También animamos a las niñas a que vayan a la escuela, de esta manera, el número de matrimonios muy precoces ha disminuido considerablemente. Confiamos en la evangelización a través de la educación».

Sin embargo, no faltan desafíos: «las carreteras son muy malas,  la mayoría de las vías solo se pueden recorrer a pie, motocicleta o  bicicleta. A veces tengo que recorrer entre 25 y 30 kilómetros. Cuando tengo que atravesar solo el bosque, a veces me entra miedo, puesto que hay leopardos, serpientes enormes y muchas hienas. Cuando me llaman a una emergencia, a menudo tengo que viajar solo de noche».

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