» TESTIMONIO: Mártires del siglo XXI

Padre Lucien Njiva, asesinado en su convento en Madagascar

 

El lugar había sido el escenario de un ataque por parte de un grupo de bandidos que trataron de robar la campana de la iglesia en plena Semana Santa.

La violencia contra la Iglesia y los cristianos se da de diversas maneras y con distintas motivaciones alrededor del mundo. En muchos casos, los representantes y pastores de la comunidad cristiana no se libran de los ataques, sino todo lo contrario, su figura destacada dentro de la Iglesia les hacen ser un objetivo fácil, por motivos económicos, de poder, por su autoridad moral y para sembrar el miedo entre la sociedad.

La violencia común y el robo suele también ser el desencadenante del peor final. Sin embargo, en estas situaciones en las que no hay una confesión heroica de la fe, también se dan muestras de una vida vivida con pleno sentido cristiano. Este es el caso del sacerdote capuchino Lucien Njiva, un testigo de la fe de nuestro tiempo, que fue brutalmente asesinado la noche del 22 al 23 de abril de 2017.

Este fraile franciscano vivía en el convento de su congregación en Ambendrana Antsohihy en Madagascar. El lugar había sido el escenario de un ataque por parte de un grupo de bandidos que trataron de robar la campana de la iglesia en plena Semana Santa.

En el intento, los frailes consiguieron repeler el ataque gracias a la ayuda de los feligreses que acudían esos días a los oficios temprano en la mañana, aún de madrugada.

Este grupo de ladrones no se dio por vencidos y volvieron a asaltar el monasterio en esta ocasión armados con rifles y en mitad de la noche. La voz de alarma la dio Jeremy, un joven diácono de la comunidad de los capuchinos, que vio cómo los ladrones habían conseguido saltar el muro del convento. En ese momento, el padre Lucien no se lo pensó dos veces y acudió en auxilio del joven que ya estaba maniatado por los bandidos. El fraile llevaba consigo una escopeta de caza para ahuyentarles sin esperar la respuesta tan desproporcionada. Los ladrones nada más ver al padre Lucien abrieron fuego con sus rifles semiautomáticos, acabando con la vida del sacerdote en el momento. 

El franciscano capuchino P. Lucien Njiva fue asesinado el 22 de abril de 2017

El padre Lucien pagó con su propia vida defender su monasterio y salvar al joven diácono. Según informó Radio Don Bosco de Madagascar

“este ha sido el desenlace final de un grupo de ataques contra conventos, hace algún tiempo que se han multiplicado los robos de campanas con el fin de extraer los metales con las que se fabrican y venderlos en el mercado negro. Es un negocio muy lucrativo”.

El asalto al monasterio de Ambendrana Antsohihy fue precedido de una serie de ataques contra iglesias y conventos católicos. Antes del asesinato del p. Lucien, el episodio más grave fue el asalto en la noche del 1 de abril, al convento de las Soeurs de Notre Dame de la Salette de Antsahatanteraka Antsirabé, en la que se cometieron violencias sexuales contra algunas religiosas y postulantes. Según la prensa local en cinco semanas se registraron cuatro asaltos con saqueos a conventos.

El Padre Germain Rajoelison, secretario general de la Comisión para la Justicia y la Paz de la Conferencia Episcopal de Madagascar, expresó la inquietud de las iglesias locales por los repetidos ataques y robos perpetrados en las ciudades y en el campo. Los fieles también están preocupados.

Durante una visita a Antsohihy, el Primer Ministro Olivier Mahafaly, desató una intensa polémica al afirmar que existen “razones políticas” detrás de estos actos sacrílegos de violencia contras las hermanas y el asesinato del sacerdote capuchino.

Los repetidos ataques contra religiosos en el país deben entenderse en el contexto de la destrucción ocasionada por la corrupción y la crisis económica: las relaciones entre la Iglesia y el poder político son tensas, y la Iglesia no duda en criticar la corrupción imperante. El poder político libra una batalla con la Iglesia desde hace varios meses, y su objetivo es apropiarse de sus bienes temporales.

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