»TESTIMONIO:  Sacerdote caldeo, secuestrado por Daesh en Irak durante 9 días

› “Las esposas con las que me ataban tenían una cuerda con diez nudos que usé para rezar el Rosario. Fueron los mejores Rosarios de mi vida”

El P. Douglas Bazi sobrevivió no solo a un duro secuestro, sino a dos ataques con misiles que destrozaron su parroquia en Bagdad, un tiroteo y durante el secuestro le rompieron los dientes y el tabique nasal. Además, tiene dos balas en su pierna izquierda. 

“Estamos acostumbrados a vivir entre dos fuegos”, cuenta el sacerdote al recordar los cien años que los iraquíes llevan viviendo en situación de conflicto. Pero no es esto lo que sorprende al P. Douglas, sino cómo la gente sobrevive en Irak. “Cuando transmitimos la historia de nuestro país a los niños también les hablamos del gran poder del perdón”, señala.

“Tenemos que perdonar para dejar que la gracia de Dios se transmita de generación en generación. De no hacerlo renacerán el odio y el dolor”

El P. Douglas fue párroco de la Iglesia de San Elías en Erbil, Kurdistán durante varios años y allí acogía a familias iraquíes refugiadas que huían del Daesh. Ayuda a la Iglesia Necesitada proporciona alojamiento, comida y medicinas a esta parroquia desde hace al menos una década. 

Un día, después de celebrar la misa y de camino a casa de unos amigos, dos coches le cortaron el paso para secuestrarlo: «Mi primer pensamiento fue: ‘Este es mi fin, me van a matar'», recuerda el P. Douglas. Le vendaron los ojos, le metieron en el maletero de un coche y le llevaron a una casa donde permaneció nueve días encerrado. «Sangraba muchísimo porque me habían dado muchos golpes en la cara con un martillo, también en las rodillas. Me pusieron unas cadenas y unos grilletes. Pasé nueve días horribles, sin comer ni beber. Los secuestradores me pedían consejo durante el día y me torturaban por las noches”, cuenta.

Durante su secuestro, no perdió su espiritualidad, más bien reforzó su oración con lo que él describe como “un signo muy bonito”: 

«Las esposas con las que me ataban tenían una cuerda con diez nudos que usé para rezar el Rosario. Fueron los mejores Rosarios de mi vida» 

Al P. Douglas le preocupa la indiferencia hacia Irak por parte de Occidente. “Cuando uno olvida, se le puede agitar para que reaccione, pero si es indiferente… Mi gente está decepcionada y se pregunta si Occidente es consciente de la situación”, concluye.

 

El P. Douglas, con niños cristianos iraquíes, desplazados, en 2015.

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