Maryamu Joseph, de 16 años, escapó de Boko Haram. (ACN)
11 enero 2024

Hablan los rescatados del yihadismo en Nigeria: «Donde hay vida hay esperanza»

No es fácil para los cristianos que sobreviven al sufrimiento, dejar atrás un pasado tan amargo y recomponer sus almas rotas de dolor

ACN.Los cristianos de Nigeria sufren en sus carnes la barbarie hasta límites indescriptibles. No es fácil para los que sobreviven, dejar atrás un pasado tan amargo y recomponer sus almas rotas de dolor. Unos aseguran que sólo perdonando y con la ayuda de Dios y de la Iglesia han podido comenzar de cero. Otros están aún en proceso de sanar y recomenzar. Todos necesitan  apoyo generoso para continuar por el buen camino. La Iglesia quiere seguir concediéndoles atención espiritual y asesoramiento sobre traumas, además de becas escolares, alimentos y otras formas de ayuda humanitaria, a estos cristianos perseguidos que lo han perdido todo.

James John Maidugu (56 años), víctima de Boko Haram

“La noche del 3 de enero de 2015, me desperté a las tres de la madrugada para rezar mis oraciones de la Divina Misericordia. Vi un reflejo de luz en mi habitación y abrí la ventana. Boko Haram había rodeado a toda la comunidad y estaban incendiando las casas de mis vecinos, tiendas y demás propiedades. Cerré los ojos y recé: “Señor, por favor, ten piedad de mí y de mi familia”. Habían prendido fuego a todas las casas de mi comunidad, excepto a la mía. Cuando se fueron, salí corriendo y exploré la zona, a sabiendas de que habían quemado vivos a amigos, familiares y vecinos. Entonces me volví y miré mi casa, que seguía en pie. Regresé corriendo a mi casa y me encontré a mi mujer y a mis hijos llorando y dando gracias a Dios por habernos salvado la vida. Ciertamente, los caminos de Dios son misteriosos.

Ahora rezo como nunca lo había hecho, confío en Él más que nunca y estoy dispuesto a dar mi vida por Su Iglesia y Su Evangelio. Mi sufrimiento me acercó más a Él. Yo no puedo dejar de ser cristiano; no puedo dejar de ser católico y no dejaré de practicar y profesar mi fe hasta el último aliento. Me costó perdonar a mis seres queridos porque nos abandonaron cuando huimos de Baga, cuando más los necesitábamos. Pero ahora no guardo rencor a ninguno. Les he perdonado y ya no pienso en ello. Dios es mi esperanza para el futuro. Tengo a Dios en mi vida y eso significa que lo tengo todo. Así que no tengo que preocuparme por el día de mañana, pues Dios se ocupará como siempre hace. Sé que Dios siempre hará un camino para nosotros. Rezo para que todos los deseos de mi corazón terminen en alabanza a Dios”.

Christiana James (23 años)

“Me siento muy bendecida de ser una de las beneficiarias de la fundación Ayuda a la Iglesia Necesitada. Me emocioné mucho cuando el obispo de Maiduguri nos dio la bienvenida; cuando supo que no iba a la escuela, ayudó a mi madre a inscribirme en una de las mejores escuelas misioneras, la escuela primaria y secundaria St. Hilary, en Maiduguri. Después de mi tercer año, me inscribí en la escuela secundaria de la catedral, gracias al apoyo que ACN brindó para ayudar a las viudas en esta diócesis. Me acabo de graduar de la escuela secundaria y espero continuar mi educación en un futuro cercano. Puedo leer, escribir y hablar inglés, todo gracias a los benefactores de ACN. Comemos tres veces al día porque ACN lo hizo posible. Todos nuestros gastos médicos también están cubiertos. No podemos quejarnos, casi todo lo que necesitamos está cubierto. Mi gratitud va para Mons. Doeme y para ACN. Prometo estudiar mucho y convertirme en alguien grandioso en el futuro, para que todos estén orgullosos de mí”.

Rifkatu Innocent (33 años)

“Estaba a punto de suicidarme cuando un buen samaritano me encontró y me trajo a este campamento de la diócesis de Maiduguri, financiado en parte por Ayuda a la Iglesia Necesitada. Llevo cinco años aquí. Al principio estaba llena de ira, amargura, angustia y tristeza. De hecho, estaba deprimida por haberlo perdido todo, pero estoy feliz ahora que he aprendido el arte del perdón. He perdonado, he olvidado y he seguido adelante. No sé lo que me depara el futuro, pero estoy lista para enfrentar lo que la vida tenga para ofrecerme. No tengo espacio en mi corazón para la amargura. Estoy agradecida a Dios por haberme regalado almas hermosas con las que pasar los días restantes de mi vida. Le serviré hasta mi último aliento. Para comenzar una nueva vida, necesito ingresos iniciales. Creo que Dios seguramente me ayudará a encontrar un camino. Donde hay vida hay esperanza”.

Maryamu Ishaya (36 años), madre de familia

“Fuimos víctimas de un ataque de Boko Haram en nuestra comunidad. Gracias a Dios pude escapar con mi familia. Tengo siete hijos y llevamos más de ocho años en este campamento de Maiduguri donde nos ayudan a superar el trauma que hemos vivido. Venir aquí fue la mejor decisión que he tomado. Mi mente está en reposo. Tengo una paz que solo puede venir desde dentro. Tenemos un techo sobre nuestras cabezas, nunca nos acostamos con el estómago vacío, mi vida y la de mi familia está protegida y mi fe en Dios no está amenazada. ¿Qué más necesito? Solo quiero dar gracias a la diócesis de Maiduguri, a la Comisión de Justicia, Desarrollo y Paz y a los benefactores de Ayuda a la Iglesia Necesitada por todos sus esfuerzos para que volvamos a ponernos de pie”.

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