La diócesis de Carúpano, Venezuela, de luto por la muerte de 27 personas que trataban de huir del país por mar

› La desesperación ha llevado a más de 4,5 millones de venezolanos a salir del país huyendo de la miseria y el hambre

17/12/2020

ACN, María Lozano.- Los cuerpos sin vida de los náufragos se alinean en el muelle de Güiria. Uno al lado del otro, hinchados por el agua, con los rostros deformados, comidos por los peces, semidesnudos. Una imagen macabra de la tragedia que esta pasando Venezuela. Veintidós cadáveres fueron devueltos a la costa, empujados por las aguas más de una semana después. Eran tripulantes de dos botes que habían dejado el seis de diciembre la localidad pesquera de Güiria en el estado de Sucre, en el noroeste de Venezuela, para cubrir los cien kilómetros que la separan de Puerto España, capital de Trinidad y Tobago.

“Primero encontraron 16, luego subieron a 21, hoy nos han informado que ya son 27 cuerpos. Es inhumano. No se sabe con seguridad cuantas personas iban en estas embarcaciones. Hay cadáveres de niños, de mujeres embarazadas, de jóvenes. La gente está desesperada y se lanza a una aventura que termina en una tragedia”, explica con voz rota y cansada Mons. Jaime Villarroel, obispo de Carúpano, a la fundación pontificia Ayuda a la Iglesia Necesitada (ACN).

Encuentro de oración en una playa de Carúpano, por los fallecidos. (ACN)

La desesperación de la que habla el obispo ha llevado a más de 4,5 millones de venezolanos a salir del país huyendo de la miseria y el hambre. Los niveles de pobreza y desigualdad ponen a Venezuela por detrás de Chad y la Republica Democrática del Congo.

Salida de embarcaciones todas la semanas

De Güiria salen, prácticamente todas las semanas, embarcaciones. Las mafias cobran 500 dólares, son rutas peligrosas que los traficantes han usado desde antaño para gasolina y drogas y ahora para el tráfico de personas. “Tenemos ahí un equipo de trabajo, tenemos una casa de migrantes de paso, estamos apoyando muchísimo allí para que los jóvenes y las personas no tengan que irse arriesgando su vida y que sucedan estas tragedias. Lamentablemente, no se puede frenar y quedan enlutadas las familias de aquí, de esta diócesis, y también de Venezuela en general”, cuenta apenado el obispo margariteño.

En sus declaraciones a ACN, el prelado también acusa a las mafias de los dos países de aprovecharse de las necesidades de la gente y amonestó a las autoridades de no asumir sus responsabilidades. “Es una situación muy compleja y muy difícil. Nuestro pueblo se ha volcado a rezar, a pedir, a exigir, para que las autoridades competentes puedan dar respuesta a todo lo que ha sucedido a estas familias que están llenas de  dolor. Recen también por ellos”, pide Mons. Jaime Villarroel a la fundación.

Ayuda a los migrantes y sus familias

El lugar de la tragedia, a tres horas de Carúpano, es la segunda ciudad más importante de la diócesis. “Acudimos inmediatamente a Güiria, el lunes 14, para acompañar a las familias con nuestra presencia, apoyando con alimentos, con comida, atención médica, psicológica y luego hicimos una celebración religiosa para animar, consolar y sembrar un poquito de esperanza y confianza en el Señor” cuenta Mons. Villarroel.

Según relatos de familiares de las víctimas, las embarcaciones al llegar a Trinidad y Tobago habrían sido obligadas por las autoridades a volver atrás, sin darles la posibilidad de recargar el combustible.  La primera víctima que fue recogida del agua, en el muelle de Güiria, resultó ser la hermana de una voluntaria de Cáritas. “Estaba en alto estado de descomposición, solo se le reconoció por sus tatuajes”, explicó Villarroel.

“Pedimos a Dios misericordia para nuestros fieles, para nuestros pueblos, y condiciones dignas, de modo que se pueda sembrar esperanza en medio de esta realidad tan dura y tan difícil. Gracias a ustedes y todas las otras organizaciones internacionales por el apoyo que están dando a nuestro pueblo. Nos nos olviden en nuestro dolor”, concluye el prelado.