«La paz no es una aspiración abstracta, sino un compromiso que empieza desarmando el corazón»

Niños y jóvenes de la comunidad cristiana de Damasco, formando la palabra «paz». (ACN)
«La paz no es una aspiración abstracta, sino un compromiso que empieza desarmando el corazón»
El jurista y docente Víctor Cortizo analiza el mensaje de paz de León XIV a raíz de un nuevo libro que recopila las intervenciones del Papa
ACN-. La escalada de violencia en el mundo y el deterioro de los derechos fundamentales exigen una respuesta firme que vaya más allá de las armas. En el programa Perseguidos pero no olvidados, espacio emitido en Radio María España y realizado por la fundación pontificia Ayuda a la Iglesia Necesitada (ACN), Víctor Cortizo, director del Grado en Relaciones Internacionales de la Universidad Francisco de Vitoria de Madrid, aborda el mensaje central del discurso del pontificado del Santo Padre sobre la urgente necesidad de paz en el mundo. En esta conversación, el docente reflexiona sobre el nuevo libro «Desarmada y desarmante. La paz es un don» que recopila las principales intervenciones de León XIV en relación al tema de la paz, la libertad religiosa como termómetro de la estabilidad social y la urgencia de erradicar la mediocridad en la vida cotidiana.
¿A qué se refiere el Papa León XIV al proponer una paz «desarmada y desarmante»?
No es un pacifismo ingenuo ni nace del miedo o de imponer la fuerza militar. La paz «desarmada» brota de la justicia, la verdad y el diálogo. Además es «desarmante» porque la bondad, la escucha y el perdón desarman moralmente al adversario. Frente a una escalada de polarización global, propone una paz activa y perseverante que empieza por desarmar los corazones.
«Urge a la Iglesia a visibilizar y respaldar el testimonio pacífico de las comunidades cristianas perseguidas»
¿Esta propuesta es solo un principio espiritual o busca tener un impacto en las relaciones internacionales?
Aunque tiene una raíz espiritual profunda, plantea una dimensión geopolítica clara: rompe la idea de que el poder equivale a intimidar o tener más armas. Esta visión exige recuperar la diplomacia, fortalecer las instituciones multilaterales y atender las causas de los conflictos. Asimismo, urge a la Iglesia a visibilizar y respaldar el testimonio pacífico de las comunidades cristianas perseguidas en zonas de guerra.

Víctor Cortizo, abogado y Director del Grado en Relaciones Internacionales en la Universidad Francisco de Vitoria.
En el ámbito de la geopolítica, ¿existe alguna señal de alerta que anticipe un conflicto?
Sin duda. La falta de libertad religiosa es uno de los primeros indicadores de deterioro de la paz y de polarización. Donde los creyentes no pueden vivir su fe con normalidad, el entorno se vuelve propicio al enfrentamiento. Restringir este derecho fundamental suele ser el primer paso hacia la escalada de violencia; de ahí la importancia de que la comunidad internacional permanezca muy atenta a estas limitaciones.
«El Papa advierte que la guerra empieza cuando alimentamos el enfrentamiento diario»
¿De qué manera nos insta el Papa a aplicar esta paz en la cotidianidad?
El Papa advierte que la guerra empieza cuando alimentamos el enfrentamiento diario: una discusión agresiva, un tuit excluyente o imponer criterios por la fuerza en la familia o el trabajo. Nos invita a defender principios sin negar la dignidad del otro, viviendo en actitud de perdón. La paz mundial se construye frenando la cultura del desencuentro y asumiendo una responsabilidad personal en nuestras acciones cotidianas.
¿Qué diferencia la visión sobre la paz del Papa León XIV de la de sus predecesores?
Si bien recoge el legado contra la guerra de papas como Juan XXIII, Juan Pablo II, Benedicto XVI o Francisco, él unifica el desarme exterior con el interior. Exige no pedir a los gobiernos la paz que no cultivamos internamente y convierte la reconciliación en un examen de conciencia diario. Su enfoque rompe la lógica del conflicto desde la esperanza y la alegría que nacen del compromiso cristiano.
La obra concluye citando una frase dura: «A nadie le está permitido ser mediocre». ¿Qué mensaje de esperanza nos deja este reto?
La certeza de que el mal no tiene la última palabra y que la gravedad del mundo no debe paralizarnos. Frente al desánimo, el Papa nos pide superar la mediocridad y la indiferencia, asumiendo una responsabilidad activa. Exigente pero sereno, el mensaje recuerda que la fe auténtica genera felicidad cuando salimos de la pasividad y aportamos luz mediante pequeños gestos en nuestro entorno.















