» TESTIMONIO
Fortalecer la fe de los cristianos perseguidos
Sacerdotes, seminaristas y religiosas permanecen junto a comunidades que viven con miedo, sosteniendo su fe y acompañándolas en medio de la violencia. Con tu ayuda pueden seguir llevando consuelo, esperanza y los sacramentos a quienes más lo necesitan.
Sacerdotes que acompañan y ayudan a sanar
En Nigeria, uno de los lugares más peligrosos para ser cristiano, los sacerdotes siguen al frente de sus comunidades. Aunque muchos son objetivo directo de la violencia, no abandonan a su pueblo. Celebran los sacramentos, acompañan a los fieles y llevan esperanza incluso en las zonas más inseguras. Como afirma el padre Félix, sacerdote de Zaria: “¿Por qué yo, como sacerdote, iba a dejarles? Me quedé con ellos porque creían en Cristo y no tenían a dónde ir”.
En 2022 fue secuestrado durante 40 días, golpeado casi hasta la muerte y herido de bala. Tras ser liberado, decidió seguir sirviendo como sacerdote, convencido de su misión: “Aunque fui herido, puedo ser un sanador para otros”. Hoy, acompaña a su comunidad a través de la fe en la diócesis de Zaria.


Los sanadores del futuro: seminaristas sin miedo
Musa, seminaristas de Nigeria, creció rodeado de violencia. Su aldea fue atacada y su familia tuvo que huir. Años después, en Maiduguri, vivió bajo la amenaza constante del terrorismo. Sin embargo, nada de esto le ha hecho renunciar a su vocación sacerdotal: “Quiero ser una voz para los que no tienen voz y un faro de esperanza”.
Como él, más de 6.500 seminaristas se preparan en Nigeria para ser los sacerdotes del futuro. Saben que su camino no será fácil, pero perseveran con fe. Cada año, entre 300 y 400 nuevos sacerdotes son ordenados, decididos a llevar esperanza y sanación a su pueblo: “Queremos ser el rostro de la Iglesia del futuro”.
La oración que sostiene Nigeria
Hay una fuerza silenciosa que sostiene a la Iglesia en Nigeria: la oración. En la diócesis de Abuya, las Hermanas Carmelitas viven entregadas a rezar por su país, por la Iglesia y por cada persona que sufre: “La oración es nuestra vida. Todo lo demás nace de ella”.
En medio de la violencia, su oración es más necesaria que nunca. Incluso su propio sufrimiento lo ofrecen por los demás: “Ofrecemos nuestro sufrimiento por quienes no tienen a nadie”. Aunque no pueden estar en cada lugar donde hay dolor, saben que su oración sí puede llegar.

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