» TESTIMONIO
Mons. Juan Carlos Bravo: “En Venezuela, los que no tienen nada lo dan todo”
Cuando dos terremotos sacudieron Venezuela el pasado 24 de junio, Mons. Juan Carlos Bravo Salazar regresó a su diócesis de Petare después de un viaje de 16 horas por carretera. Esperaba encontrar destrucción en uno de los barrios más pobres de Caracas. Pero, entre el dolor y la emergencia, descubrió algo que nunca olvidará: una Iglesia sostenida por personas que, aun sin tener casi nada, lo compartían todo.


Volver a Petare y encontrar esperanza en Venezuela
Cuando se produjeron los terremotos, Mons. Juan Carlos Bravo se encontraba fuera de su diócesis. Con los vuelos suspendidos, emprendió un largo viaje por carretera hasta regresar a Petare, una de las zonas más pobladas y vulnerables de Caracas.
Al llegar, respiró aliviado al comprobar que el terremoto no había provocado víctimas mortales en la diócesis, aunque sí importantes daños en iglesias, capillas y viviendas. Sin embargo, la emergencia convirtió Petare en un lugar clave para atender a los heridos y damnificados llegados desde La Guaira.
«El 90 % de nuestra diócesis está en situación de pobreza», explica el obispo. Aun así, la Iglesia comenzó a movilizar voluntarios, organizar centros de acopio y llevar medicinas, alimentos, ropa y material sanitario a quienes habían perdido todo.
Cuando los más pobres enseñan a compartir en Venezuela
En medio de la tragedia, Mons. Bravo descubrió que quienes menos tenían eran también quienes más estaban dispuestos a ayudar.
Recuerda especialmente a una mujer llegada desde La Guaira que, desorientada y con varios familiares hospitalizados, encontró en los voluntarios de la Iglesia a personas que la acompañaron, consiguieron las medicinas que necesitaba y permanecieron a su lado. Cuando todo terminó, la mujer rompió a llorar y se desmayó.
«No era solo el cansancio. Era también la emoción de sentirse acogida y ayudada gratuitamente, en un lugar desconocido, por personas que no esperaban nada a cambio. El miedo desmorona al ser humano, pero el amor desmorona esos miedos».
«Los que no tienen nada, lo dan todo».


Una Iglesia que reconstruye desde la fraternidad
Otro gesto quedó grabado para siempre en la memoria de Mons. Bravo. Dos hombres que se ganaban la vida reparando zapatos llegaron con cincuenta pares que habían arreglado para vender. Sin embargo, decidieron entregarlos a las familias afectadas por el terremoto.
«Los pobres son la mayor riqueza que tiene la Iglesia venezolana», afirma.
También los jóvenes respondieron con una generosidad inesperada. Acudieron a descargar camiones de ayuda, clasificar ropa, preparar alimentos y atender a quienes llegaban a los hospitales. Para el obispo, todos ellos son un signo de que Dios sigue actuando en medio del sufrimiento.
Más allá de la ayuda material
Para Mons. Bravo, la respuesta de la Iglesia no puede quedarse solo en cubrir las necesidades más urgentes. Junto a la distribución de alimentos y medicinas, insiste en la importancia del acompañamiento humano y espiritual: «No podemos quedarnos en lo meramente psicológico, sino también en lo espiritual. Pero lo espiritual entendido como humanización al modo de Jesús».
En estos días difíciles, ha pedido a sus comunidades vivir la emergencia con tres actitudes: prudencia, calma y paciencia. Porque la reconstrucción llevará tiempo, pero la esperanza ya ha comenzado.
› Gracias a tu ayuda, la Iglesia sigue siendo un refugio para quienes lo han perdido todo
La Iglesia en Venezuela continúa acompañando a los heridos, a las familias que han perdido sus hogares y a quienes necesitan recuperar la esperanza tras el terremoto. Gracias a tu ayuda, podrá seguir llevando ayuda material, cercanía y consuelo allí donde más se necesita.









