» TESTIMONIO

El arzobispo Gabriel Malzaire esquivó huracanes y apuesta por una fe más profunda

El arzobispo Gabriel Malzaire ha vivido de cerca la fuerza de los huracanes que golpean el Caribe y obligan a empezar de nuevo. También ha visto cómo cambia la vida de la Iglesia en Santa Lucía y cómo muchos jóvenes se alejan de ella. Ante estos desafíos, defiende una fe que no dependa de las emociones pasajeras, sino que tenga raíces profundas y ayude a vivir el Evangelio con perseverancia.

Los huracanes que le enseñaron a empezar de nuevo

Cuando todavía estaba en el seminario, en 1980, un huracán golpeó su parroquia de origen. Había decidido regresar a la casa familiar, pero al volver al presbiterio descubrió que el techo había desaparecido. Años después, cuando era obispo, vivió una situación todavía más devastadora. Se encontraba fuera de la isla cuando el huracán la golpeó. Al regresar por mar, apenas pudo reconocerla.

«Había quedado devastada. Apenas podía entrar en mi casa debido a los escombros, y el techo de mi habitación se había derrumbado».

Ante una emergencia así, las prioridades cambian por completo.

«Ahora se trata de encontrar formas de alimentar a la gente, de cuidarla y de atenderla pastoralmente».

La llamada de Dios en una pequeña isla

Antes de convertirse en arzobispo, Gabriel Malzaire fue uno de los once hijos de una familia profundamente religiosa de Santa Lucía. Su infancia transcurrió entre la escuela, el deporte y el trabajo en la plantación familiar de bananos. Pero la Iglesia ocupaba un lugar central en su vida.

Tenía apenas 10 años cuando sintió por primera vez la inquietud por el sacerdocio. Todo comenzó cuando el sacerdote de su parroquia llegó a su pueblo y el joven Gabriel le pidió ser monaguillo.El camino hacia el seminario, sin embargo, no estuvo libre de dudas. 

«Tenía dudas sobre si sería aceptado, ese tipo de cosas».

Aquellos temores no le impidieron seguir adelante. Hoy, aquel niño que servía como monaguillo es arzobispo de Castries y ha presidido durante dos mandatos la Conferencia Episcopal de las Antillas

Una Iglesia que necesita raíces más profundas

La realidad religiosa de Santa Lucía también ha cambiado profundamente. La isla, que durante décadas tuvo una presencia católica mayoritaria, vive hoy el avance del secularismo y de otras confesiones cristianas.

Para el arzobispo, uno de los mayores desafíos está en acompañar a los jóvenes, muchos de los cuales abandonan la isla para estudiar en la universidad.

«A menudo, cuando nos acercamos a los jóvenes, tendemos a hacer que las cosas sean emocionantes para ellos, a apelar a sus sentimientos, a lo que está de moda, a lo que les agrada. Pero esas son cosas que suelen ser muy superficiales».

Por eso, el arzobispo defiende una evangelización que vaya más allá de las emociones.

«Si hacemos bien lo que hacemos y lo comunicamos de una manera que aporte profundidad a la vida de las personas, entonces sucederá».

«Cuando realmente pensamos en lo que Cristo hizo por nosotros, no fue cuestión de sentimientos. Él llegó hasta el final»

Una Iglesia que quiere acompañar a los jóvenes 

Para fortalecer la vida de la Iglesia en Santa Lucía, el arzobispo considera prioritario mejorar la catequesis, especialmente entre los jóvenes, y reforzar los medios de comunicación para la evangelización y la promoción de vocaciones. Pero su propia historia muestra que la vocación también nace de algo mucho más sencillo: una vida abierta a Dios.

Desde adolescente, cada vez que visitaba Castries, Gabriel Malzaire acudía a la catedral y se arrodillaba para hacer siempre la misma oración:

«Señor, hágase tu voluntad».

Ayuda a la Iglesia de Santa Lucía a seguir llevando una fe que transforma vidas.

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