» TESTIMONIO
«Acoger a los pobres es acoger al mismo Cristo»
La hermana Alphoncia Meinrad Mmole, de las Hermanas Benedictinas de Nuestra Señora Auxiliadora, dedica su vida a acoger y acompañar a quienes más sufren. Tras huir de la violencia en el norte de Mozambique junto a varios niños huérfanos, hoy continúa su misión en Pemba, convencida de que el amor y la oración pueden transformar incluso los corazones más heridos.


Una misión marcada por el sacrificio y la esperanza
“Por Cristo y por todos mis hermanos y hermanas, ofrecí toda mi vida en sacrificio”, afirma la hermana Alphoncia.
Originaria de Tanzania, llegó a Mozambique en 2011 junto a otras hermanas para poner en marcha una pequeña comunidad.
Durante cinco años trabajaron para construir los cimientos de esa misión: una escuela para 100 niños, una iglesia parroquial, una casa para las hermanas y talleres de carpintería y costura. Pero la violencia en el norte del país les obligó a abandonarlo todo y huir de Mueda a Pemba.
No se marcharon solas. Las hermanas llevaron consigo a tres niños huérfanos y, posteriormente, otros diez niños quedaron bajo su cuidado.
Para la hermana Alphoncia, acogerlos no es solo una obra de caridad, sino parte esencial de su vocación:
“Según la Regla de San Benito, acoger a los pobres es lo mismo que acoger al mismo Cristo”.
“Los abrazo con amor y trato de darles confianza para una nueva vida”
Muchos de los niños que llegan hasta ellas cargan con profundas heridas. Uno de ellos llegó marcado por la violencia y reaccionaba con agresividad. La hermana Alphoncia decidió acompañarlo con paciencia y cariño.
“Los abrazo con amor y trato de darles confianza para una nueva vida”, explica. Poco a poco, a través de su presencia y de sus conversaciones con él, el niño comenzó a comprender lo que estaba haciendo y dejó de comportarse de aquella manera.
Para ella, estar junto a quienes sufren es parte de su manera de vivir la fe. “Proclamar a Jesucristo crucificado hoy requiere más acciones que palabras”, afirma. Por eso, no quiere limitarse a hablar del sufrimiento: quiere acercarse a quienes lo viven, abrazarlos y compartir su camino.
“Si mi vida no es tocada por las personas que nos rodean, entonces no significa nada”.

Una comunidad de amor en medio de las dificultades
La misión de las hermanas no está exenta de dificultades. Han tenido que afrontar refugios insuficientes, escasez de alimentos y, en 2024, los daños provocados por un ciclón que afectó sus instalaciones y arruinó incluso la ropa escolar de los niños.
A pesar de todo, la hermana Alphoncia mantiene viva su esperanza. Su deseo es ayudar a construir “una comunidad de amor, unidad, fe en Dios y espíritu de oración”, capaz de superar el odio.
Y encuentra en la oración una fuente constante de fortaleza: “Cada vez que rezamos con nuestros hijos, Dios obra milagros”.
Una vida entregada a los más necesitados
La hermana Alphoncia sabe lo que significa atravesar dificultades y sentirse sola. Precisamente por eso, ha aprendido a abrir los ojos y el corazón al sufrimiento de los demás, acercándose a ellos, abrazándolos y compartiendo su vida.
“Soy una persona pobre que ayuda a otras personas pobres”, dice con humildad. Desde esa sencillez, continúa ofreciendo su vida a quienes llaman a su puerta, convencida de que cada gesto de amor puede abrir un camino hacia una vida nueva.
Tú puedes ayudar a las Hermanas Benedictinas en Mozambique a seguir adelante con su misión, acompañando familias en lugares del país marcados por la violencia y el terrorismo y seguir siendo esperanza y consuelo para miles de cristianos.







