5 enero 2026

Catequistas en Brasil: “Dios me llamó y me cambió con amor”

Confirmación durante una visita pastoral a comunidades indígenas en Brasil. Foto de archivo

Confirmación durante una visita pastoral a comunidades indígenas en Brasil. Foto de archivo

Catequistas en Brasil: “Dios me llamó y me cambió con amor”

Leni y Dirce no siempre fueron cristianos, pero el dolor que atravesaron les llevó a conocer a Jesús y hacerse catequistas

ACN.- En Brasil, aunque más del 60% de la población se declara católica, la participación en la vida de la Iglesia disminuye, sobre todo entre los jóvenes. En las zonas rurales e indígenas, donde impera la pobreza y la violencia, los catequistas son los pies y la voz de la Iglesia.

Ellos son quienes sostienen a las comunidades cristianas y enseñan la Palabra de Dios, llevando a todos la esperanza del Evangelio. Por eso, la fundación pontificia Ayuda a la Iglesia Necesitada (ACN) pone la mirada esta Navidad en los catequistas.

Leni y Dirce son catequistas, aunque no siempre fueron cristianos. Dirce es muy consciente de los errores que cometió en el pasado, aunque también de la misericordia de Dios: “Él sabe que veníamos de una vida equivocada, una vida fea, pero aun así nos llamó”, dice.

Su vida cambió cuando sufrieron un gran dolor por causa de sus errores. “Antes no conocía a Dios. Bebía, vendía alcohol y dejaba solos a mis hijos. Uno de ellos se quitó la vida… Fue una tristeza profunda. Entonces decidí buscar a Dios, cambiar mi vida, ser ejemplo para mi familia. Hice la primera comunión, confirmación, y después matrimonio”, explica Leni. 

Después de casarse con Dirce, ambos decidieron hacerse catequistas. “Así fue como Dios me llamó, y me cambió con amor”, cuenta.

Llevar a Jesús a todos y formar a los jóvenes

En la comunidad que Leni y Dirce acompañan, el consumo de drogas y alcohol provoca peleas, rupturas familiares y tristeza. Las madres dejan solos a sus hijos toda la noche, los esposos abandonan a sus esposas. Ellos ven cómo la gente a su alrededor ya no hablan con Dios ni saben dónde está.

Hoy, Leni y Dirce sirven como catequistas, enseñando la Palabra de Dios y acompañando a estas familias rotas. Quieren llegar a todos, pero para ello necesitan una canoa motorizada y gasolina. Todo con una única misión: llevar la fe hasta el último rincón.

También sueñan con tener un pequeño centro donde formar a los niños y jóvenes: “Cada día imagino que podríamos tener un lugar solo para eso. Una escuela de catequesis, porque enseñaba en mi casa. Para que los hijos de familias jóvenes crezcan en esta realidad. Hemos formado a muchos, pero nos hace falta un lugar”.

A pesar de las dificultades, no pierden la esperanza. Saben que Dios no los abandona y, al igual que ellos conocieron a Dios, quieren que otros también le conozcan.

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