Joven seminarista venezolano en Ucrania: «Me impresiona la radicalidad de la fe de esta gente»

› José Jesús Pacheco pertenece al Camino Neocatecumenal y está formándose en el Seminario Misionero Redemptoris Mater de Kiev

«Iglesia en Ucrania: Refugio de esperanza», campaña de Ayuda a la Iglesia Necesitada para convertir parroquias, conventos y seminarios en lugares de acogida

24/05/2022

ACN, Josué Villalón y Glaisys Carbonell.- José Jesús Pacheco es un joven seminarista venezolano, perteneciente al Camino Neocatecumenal, que se está formando en el Seminario Misionero Redemptoris Mater de Kiev, en Ucrania. Actualmente está destinado en la parroquia San Juan Pablo II de Lviv, en el oeste del país, un lugar donde la Iglesia está acogiendo a centenares de desplazados por la guerra. Pacheco ha conversado con la fundación pontificia Ayuda a la Iglesia Necesitada (ACN), que apoya la labor de su parroquia, en el programa «Perseguidos pero no olvidados» de Radio María del pasado jueves.

¿Cuál es la situación actualmente en Lviv, en el oeste de Ucrania?

Es menos brutal que en otras partes del país. Ha habido algunos ataques puntuales con misiles pero no ha habido víctimas mortales. En la ciudad convergen varias líneas de trenes que traen a los desplazados y refugiados, es la frontera más próxima a Polonia. Se trata de una ciudad de acogida. Esto nos ha dado la oportunidad de abrir nuestra parroquia como un lugar de refugio.

José Jesús Pacheco (en el centro, vestido con clériman) atendiendo a desplazados en la parroquia San Juan Pablo II de Lviv. (ACN)

¿Siguen llegando desplazados hasta Lviv? ¿Habéis tenido que acoger a nuevas personas en los últimos días?

Sí, siguen llegando desplazados. En la última semana hemos acogido a personas que vienen concretamente de Járkov y de Mariúpol. Pero también se está dando el caso de personas que habían salido de Ucrania y que ahora están regresando. Estamos volviendo a acogerles y son el número más grande de los que tenemos en nuestra parroquia. Vienen muy agradecidos de la ayuda que han recibido fuera, pero quieren volver para reconstruir sus casas y estar cerca de sus familiares. Se respira un cierto aire de paz en Ucrania, pero es una calma tensa porque no sabemos en qué momento puede ocurrir un nuevo ataque. Hace dos días volvieron a atacar Lviv. Sin embargo los que están regresando nos dicen que han visto que es el momento de reconstruir.

Es esperanzador saber que los ucranianos quieren recuperar sus hogares y que está la Iglesia allí para ayudarles pero, ¿cómo es el día a día en vuestra parroquia hoy?

Ahora mismo tenemos 110 personas acogidas, de las cuales, 80 llevan con nosotros desde el principio. Son personas que no se han querido ir de Ucrania y nos han pedido refugio por un tiempo indeterminado. Ellos mismos ahora son los voluntarios que ayudan a preparar la comida, que preparan todo el servicio y clasifican la ayuda que llega de diferentes países. Nuestro día a día es mantener esta organización. A veces pasa que la providencia de Dios se manifiesta abundantemente y no tenemos dónde guardar tanta ayuda humanitaria y la enviamos a otras ciudades. Entonces la mayor parte del día es ver cómo organizar el transporte porque otra gran dificultad es que no hay combustible.

Además de todo este trabajo, seguís adelante en vuestra labor pastoral, ¿cómo podéis abarcar tanto?

Hasta hace dos semanas todas las actividades pastorales de la parroquia las hacíamos en el templo, pero el párroco ha querido retomar la vida normal. Nuestra parroquia también tiene una escuela para niños autistas y una guardería. Hay madres y padres que estaban pidiendo que se reabrieran estas actividades para los niños. Hemos tenido que readaptar nuestras salas para seguir acogiendo a los desplazados, ha sido complicado, pero estamos contentos de poder seguir ayudando.

¿Qué recuerdas de la labor en la parroquia al comienzo de la guerra?

Actualmente tenemos con nosotros sobre todo a personas mayores, enfermos y madres con hijos. Al principio también teníamos familias completas, pero pronto los padres tuvieron que marcharse a la fuerza para combatir. Vimos escenas desgarradoras, de cómo los padres tenían que despedirse de sus hijos y sus mujeres. Era difícil llevar una buena noticia en medio de tanta tragedia y escuchar sus testimonios y ver tanto dolor.

De esa experiencia de las familias, ¿qué testimonio podrías compartir que te ha impactado más?

En las primeras semanas de guerra, una señora que llegó hasta aquí contaba cómo estuvo tres días viendo el cadáver de su marido en la calle sin poder salir a recogerlo. No podía hacer nada, estaba en un sótano y no le dejaban salir porque era muy peligroso. Recuerdo el dolor con el que lo contaba. Soy una persona muy sentimental y a pesar de mi formación, de saber que mi misión es dar un mensaje del amor de Dios en medio de la tragedia, me resultaba muy difícil hacerlo.

Generalmente no se viven experiencias así de fuertes, ¿qué palabras puedes decirles a personas que han vivido esto para consolarlas?

Este era uno de mis más grandes miedos. Yo soy una persona de pocas palabras, de mal hablar. Pero siento que cuando está la acción del Espíritu Santo todo fluye, así que solo tienes que dejar actuar a Dios. En medio del dolor, yo trataba de no ser un predicador fanático. Solo hablaba en base a lo que me inspiraba el Espíritu Santo. Lo que más me preocupaba, además del dolor de la gente, era el odio que se estaba creando en el corazón de estas personas. Mi mensaje era no dejar que estas personas se llenasen de odio. Así que les hablaba desde mi experiencia, porque yo soy una persona que crecí odiando a mis padres, y yo creo en Dios porque yo sigo siendo el mismo, mis padres siguen siendo los mismos, pero Dios ha obrado el milagro de que hoy estoy reconciliado con mis padres, hoy les he podido pedir perdón. Hoy les he podido decir sanamente y en libertad que les quiero. Yo les decía esto, que yo he experimentado el amor de Dios en medio de la tragedia de mi vida, porque haber crecido sin mis padres también me marcó mucho como hombre y tanto odio también me afectó. Pero veo que Dios me ha dado la oportunidad de perdonar.

Con el tiempo que llevas en Ucrania, ¿qué te ha enseñado la fe y la cultura del pueblo ucraniano?

Creo que la radicalidad con la que viven estas personas la fe. Esto es algo muy importante para los tiempos en los que vivimos. La comparo con mi realidad donde yo he conocido a Dios en mi país, en Venezuela. Las personas de aquí tienen un apego a Dios mucho más radical, y esto me ha marcado mucho. Aquí la persona que cree, lo anuncia, y es algo que me impacta. Cuando comenzó la guerra, la gente no paraba de decir: “Dios nos va a permitir regresar a nuestras casas” o “Esto seguirá siendo Ucrania porque Dios así lo ha decidido y nos ha regalado esta patria”. No he oído maldecir a Dios, viven cada momento con Dios presente. No se estancan en el dolor, son personas fuertes y siguen adelante con esperanza gracias a su fe en Dios.

¿Qué cuentas a tu familia y amigos en Venezuela de la situación en Ucrania? Porque ellos no lo tienen fácil tampoco.

Les comparto sencillamente este testimonio de fe y esperanza. Veo que Dios lo hace todo bien, y a mí me ha preparado para este momento. Porque hace dos años tuve la oportunidad de regresar a Venezuela. Y pude ver la situación de mi país, una tragedia humana impresionante. El 80% de mis conocidos y amigos ya no estaban en Venezuela y esto era algo desgarrador para mí. Pero también he visto la fe fuerte de mi comunidad neocatecumenal a la que pertenezco. Ellos son los que me sostienen ahora en la oración y el testimonio que he visto en ellos de cómo vivían su fe pese a las dificultades me ayuda ahora. Yo soy una persona muy sentimental y no hubiese tenido el coraje de enfrentar la situación en Ucrania si no fuese por ellos. Yo provengo de una zona de Venezuela muy peligrosa, crecí entre mafias y disparos, pero no es lo mismo escuchar un disparo que escuchar un misil que explota a un par de kilómetros.

¿De qué manera podemos ayudaros a apoyar a la Iglesia en Ucrania y al pueblo sufriente?

Para nosotros es indispensable la oración, aunque suene radical. Pero es fundamental. Cada día lo empezamos con la celebración de la Eucaristía y con la oración, porque sin esto todo es vanidad de vanidades. Cada día hay que tomar decisiones muy difíciles y si no son a la luz de Dios y de su Palabra esto es imposible. Siempre estamos abiertos a cualquier ayuda material, pero lo que necesitamos es oración, porque lo hemos visto.

Un último mensaje para los benefactores de Ayuda a la Iglesia Necesitada

Lo que puedo decir desde esta experiencia de la guerra es que es el momento de dar testimonio fuerte de fe, el mundo lo está necesitando. Es hora de dar testimonio, y no hay que esperar a estos momentos difíciles para dar testimonio del amor de Dios hacia nosotros. En el día a día, en las dificultades que tenemos en nuestras familias, en nuestro trabajo, en nuestros estudios, ser testigos y tratar de descubrir este amor día a día, que es lo que da sentido a nuestra vida.

Iglesia en Ucrania: Refugio de esperanza

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