Níger: arrancan la cruz de la parroquia del sacerdote secuestrado Pierluigi Maccalli

› Unas semanas antes varios radicales visitaron Bamoanga y amenazaron con represalias si no se cumplían sus normas: evitar denunciarlos a las autoridades, no beber alcohol y rechazar todo lo que no sea el Islam

29/05/2020

ACN.- Un gran cruz ubicada en el pueblo de Bamoanga, al suroeste de Níger, ha sido arrancada por un grupo de radicales islamistas. En esta localidad era donde vivía y fue secuestrado el sacerdote misionero Pierluigi Maccalli, de la Sociedad de Misiones Africanas, en septiembre de 2018, aún en paradero desconocido. Según ha informado a la Agencia Fides el p. Mauro Armanino de la comunidad misionera del padre Maccalli: «Secuestrar al padre Maccalli fue como arrancar la cruz del territorio de Bomoanga, perdido en la sabana fronteriza, en medio de la nada».

El padre Pierluigi Maccali celebrando la Misa en Bamoanga. (SMA)

Este signo cristiano fue instalado en una colina de la localidad en 1995, cuando se inauguró la parroquia. Hasta ese lugar peregrinaba la comunidad cristiana de la zona, sobre todo en tiempos de fuerte sequía para pedir la lluvia. «Llovía mucho cada vez que se pedía, incluso antes de que terminase la oración. Los musulmanes de la aldea invitaban a los cristianos, dada la efectividad ‘empírica’ de la oración, a ir a la colina de la cruz. La cruz, alta y de hierro, se veía desde el pueblo, hasta hace dos semanas», explica el p. Armanino.

El pasado 15 de mayo unos hombres desconocidos subieron bien equipados a la colina y arrancaron la cruz, que estaba firmemente sujetada con cemento y pernos. Como afirma el p. Armanino, «Se cree que han sido aquellos a quienes la prensa y la gente llaman ‘yihadistas’, armados y a veces encapuchados, que aterrorizan a los cristianos y a las personas de las aldeas de la región».

Según ha podido saber el misionero, unas semanas antes varios radicales visitaron Bamoanga y amenazaron al jefe del pueblo con represalias si no se cumplían con las normas que quieren imponer: evitar denunciarlos a las fuerzas gubernamentales, no cortar árboles, evitar el alcohol y, sobre todo, rechazar todo lo que no sea el Islam. El padre Armanino denuncia el modo de actuar de estas personas, «que gracias a las armas y al abandono de las Fuerzas de Defensa y Seguridad, mantienen a los agricultores locales y en particular a los cristianos en un estado constante de terror«.

Los cristianos de la zona ya no se reúnen en la iglesia parroquial que Maccalli proyectó y luego fue construida gracias a la ayuda de todos. «El miedo los empuja a rezar en sus casas y las puertas de la iglesia están cerradas. La cruz desgarrada es el símbolo de lo que tratan de hacer: arrancar a toda costa del corazón de la gente la fe vivida en el Evangelio que libera. Los agricultores son pacientes y saben bien que la cruz está escrita en la tierra y que nadie puede llevársela», concluye el p. Armanino.