10 agosto 2021

P. Maccalli: «Me había preparado incluso para morir»

El sacerdote italiano comparte su testimonio después de haber estado secuestrado durante 2 años por yihadistas en Malí.

ACN.- En el último programa de Radio María «Perseguidos pero no olvidados» de Ayuda a la Iglesia Necesitada (ACN) el P. Maccalli, de la Sociedad de Misiones Africanas, ha compartido su testimonio de fe, tras haber estado secuestrado más de dos años en Níger, hasta su libración el 8 de octubre del 2020.

Ha pasado casi 1 año desde su liberación, ¿cómo se encuentra en estos momentos física y espiritualmente?

Estoy bien, físicamente y espiritualmente, sobre todo ahora después de haber visto a mi familia. Sin embargo, todavía me falta encontrarme con mi «familia africana» con la que estoy en contacto telefónico y que siguen sufriendo muchísimo.

¿Qué recuerda de esa noche del 17 de septiembre de 2018 cuando fue secuestrado en Níger por milicianos yihadistas vinculados a Al Qaeda?

Recuerdo todos los detalles de aquella tarde, aquella noche cuando ya me encontraba en pijama y entonces fui secuestrado por estos yihadistas. La misión ofrece un servicio de depósito de farmacia y pensaba que alguien había ido a buscar algún servicio por alguna urgencia.

Ya me había pasado otras veces, así que, con mucha simplicidad, bajé y pensaba en encontrarme con alguien que necesitase de este servicio de medicinas. Sin embargo, me encontré con tres fusiles. Me rodearon, me ataron las manos a la espalda, después me pidieron dinero y pues entregue aquello que tenía en el bolsillo. Después me llevaron fuera del portón de la misión y por varios minutos me condujeron a través de una moto. De esta manera comenzó este viaje que jamás pensé podría durar así tanto.

Entrevista al P. Maccalli. (Foto: ACN)

Estando en cautiverio, ¿cuál fue el momento en el que sintió más miedo? ¿Pensó que no saldría nunca, que moriría estando allí?

No tuve miedo, sin embargo, no sabía cómo terminaría esta situación y me había preparado incluso para morir.

¿Cómo le ayudó la fe durante ese tiempo, podía rezar donde estaba? ¿Recuerda alguna cita bíblica que resonaba en su cabeza estando detenido?

Ha sido un tiempo largo, de soledad, de silencio y he gritado al Señor: «Dios mío, Dios mío, por qué me has abandonado». He llorado, pero rezaba siempre, era una oración de lágrimas, una oración del corazón, una oración confiada de este Dios misterioso. Debo decir la verdad, el desierto me ha hecho también entrar en mí. El primer regalo que me ha hecho el desierto ha sido entrar en contacto con tantas víctimas inocentes. El segundo regalo: el gran silencio, me ha ayudado a ir a profundidad, ha entrado dentro de mí y me ha regalado la oración del corazón. El tercer regalo, ir a lo esencial en la comunión, en la relación y en la paz.

Mi misión de Bomoanga está bajo el patrocinio del Espíritu Santo y Pentecostés es nuestra gran fiesta. Desde que inauguramos la iglesia tenemos la Secuencia de Pentecostés en una pared y con todos los feligreses rezamos esta oración todos los días. Y yo me decía: cuando María y el Espíritu Santo se encuentran hacen grandes cosas, la encarnación y la Iglesia misionera que nace en Pentecostés. María y el Espíritu Santo han sido mis compañeros en la prisión.

Gracias a Dios, su liberación llego en 2020 y quisiéramos que nos contara cuál fue su primer deseo cuando por fin usted fue libre.

Mi primer pensamiento estuvo dirigido hacia mi familia, hacia mis hermanas, y poder decirles que estaba bien y escuchar sus voces.

Justo un mes después de su liberación, el Papa le recibió en el Vaticano, ¿qué supuso para usted y para su vida como misionero este encuentro?

Para mí ha sido el encuentro de la periferia y el centro. El Papa Francisco invita siempre a la Iglesia a salir de dentro e ir a la periferia, las periferias del mundo. Las periferias del Evangelio están en el corazón de Jesús y yo me he sentido acogido por este Padre que también sale al encuentro de las periferias del mundo.

De ese encuentro con el Papa Francisco, ¿recuerda en especial algo que le haya dicho el Santo Padre y que se ha quedado en su corazón?

La primera palabra con la que me acogió ha sido mártir. Ha sido para mí una palabra fuerte y yo dije, sobre todo, testimonio de la fe, un confesor de la fe. Sin embargo entiendo el sentido de lo que el Santo Padre ha querido decir, mártir en cuanto a testimonio del Evangelio.

A pesar de la difícil situación que atraviesan estos países africanos, como Níger, ¿volvería a ser misionero en África?

Yo soy misionero, la misión es desde el corazón y yo seré siempre misionero, donde quiera que el Señor me envíe. Yo espero regresar y al menos abrazar a mi gente. Me vieron desaparecer de manera improvista. Han rezado tanto y danzaron por mi liberación y yo espero regresar a danzar con ellos.

Actualmente sigue detenida la Hermana Gloria Cecilia Narváez , en Malí, desde hace 4 años, ¿qué mensaje le querría enviar usted desde aquí? ¿Cree que pronto pueda ser liberada?

Yo creo, espero y rezo todos los días por la liberación de ella y por la liberación de los otros rehenes, e invito a todos a rezar, a sostener en la oración a todos aquellos nuestros amigos, hermanos que están en esta situación en todo el mundo. La fuerza de la oración ayuda a sostener a estas personas y también a que suceda esta liberación para ellos, así como ha sucedido para mí.

Ayuda a la Iglesia Necesitada es la Fundación Pontificia que ayuda y acompaña a la Iglesia pobre y perseguida en el mundo. ¿Cuál sería su mensaje para todos los que forman parte de esta institución, especialmente, para los benefactores que sostienen esta labor en esos países?

Gracias de corazón para aquellos que rezan y también sostienen material, económica y financieramente a los que están en esta situación en la misión y que necesitan  específicamente de esta ayuda. La Iglesia nació en la persecución y la Iglesia es familia, es casa de todos, por tanto la solidaridad nos hace a todos hermanos de forma concreta. Es gracias al apoyo de tantos hermanos y hermanas que, desde sus necesidades y compartiendo de lo poco, hacen posible que nosotros podamos hacer este servicio en la misión sea desde la salud, desde la escuela o la enseñanza en diferentes ámbitos.

¿Cómo es la fe de esa familia suya africana(la comunidad) en ese territorio de misión donde ha estado usted, cómo celebráis la fe en África?

Las comunidades en Níger son pequeñas comunidades cristianas, en medio de un mar de personas que viven la fe musulmana. Pero son muy solidarias, muy jóvenes y llenas de vidas. Por tanto, cada celebración es una celebración llena de vida, llena de esperanza y poniendo en el centro al Evangelio.

No olvidemos nunca de rezar por nuestros perseguidores, una cosa que he experimentado de cerca, poder vivir y rezar, por aquellos que nos persiguen. He tenido la oportunidad de leer dos veces el Corán y puedo asegurarles que no tiene la altura del Evangelio que nos invita que nos manda a amar a aquellos que nos persiguen. Y entonces, aunque es difícil, yo he rezado y le he dicho al Padre: «perdónales, porque no saben lo que hacen».

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