Religiosas en Rusia, junto a los marginados en la crisis del coronavirus

› Presentes en muchas diócesis, como Novosibirsk: “Hermana, ¡vuelva pronto!”

02/10/2020

ACN, Kira von Bock-Iwaniuk.- Las personas que han enfermado son las menos, pero todos los habitantes de Novosibirsk, la ciudad de más de un millón de habitantes situada en Siberia occidental, están afectados por el confinamiento y sus consecuencias económicas, sobre todo los que ya antes formaban parte de los marginados de la sociedad: pobres, parados, ancianos, niños de familias socialmente débiles. Son estas personas las que ahora se encuentran en el centro de la labor de las religiosas de la diócesis católica-romana de la Transfiguración, en Novosibirsk. Las hermanas narran a la fundación pontificia Ayuda a la Iglesia Necesitada (ACN) de los desafíos a los que se enfrentan en tiempos de la pandemia.

Rusia registró el primer caso confirmado de Covid-19 el pasado 20 de enero. Desde entonces, se han contabilizado más de 1 millón de casos, 21.000 fallecimientos y un número presumiblemente mucho mayor de casos no notificados, lo que ha llevado al país a un confinamiento que lentamente se está levantando. El centro de la crisis es Moscú, pero la enfermedad también se está extendiendo en Siberia, aunque en menor escala. Solo en el término municipal de Novosibirsk, se han registrado 4.604 casos de coronavirus y han muerto 62 personas.

Religiosas de la Congregación de las Hermanas de Santa Isabel atendiendo a mujeres necesitadas, en Novosibirsk. (ACN)

Incluso sin la pandemia, la labor de estas religiosas es una tarea ardua. Sor Theresa Witschling, de las Hijas de la Caridad de San Vicente Paul y nacida en Polonia, lo resume de la siguiente manera: «Rusia – Siberia es conocida como “una casa sin techo”. Un país que en su historia ha acogido a innumerables exiliados y desplazados forzosos. Muchos de ellos han muerto como mártires, de hambre, de un trabajo inhumano, de frío. Los largos y fríos inviernos y los cortos y calurosos veranos dejan claro que la vida aquí es dura».

40 sacerdotes para 70 parroquias en un enorme territorio

Aproximadamente un millón de personas tienen raíces católicas, en su mayoría de origen ucraniano, polaco o alemán, viven en la diócesis de la Transfiguración, en Siberia occidental, en una superficie de dos millones de kilómetros cuadrados. Unos 40 sacerdotes se ocupan de 70 parroquias y tienen que cubrir distancias enormes. Sin la ayuda de las religiosas, la atención pastoral de los fieles dispersos no sería posible.

Por eso, y a pesar de las inhóspitas condiciones, sor Theresa se trasladó a Siberia en 2015 junto con otras dos religiosas. Desde entonces, las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl dirigen un centro infantil estatal y otro de la iglesia en Slavgorod, al suroeste de Novosibirsk. «La mayoría de los niños proceden de familias en situaciones difíciles y socialmente desfavorecidas, en las que falta el cuidado de los padres. Ya sea porque ambos padres trabajan todo el día por un salario bajo o porque uno de ellos trabaja en el extranjero durante meses para asegurar la supervivencia de la familia, los niños quedan abandonados con demasiada frecuencia a su suerte». Las religiosas hacen los deberes con ellos, ofrecen proyectos culturales y se aseguran de que se financie el almuerzo escolar para cien niños, a menudo es la única comida caliente del día. Además, dos veces al año, en verano y en invierno, invitan a los niños a participar del programa «vacaciones con Dios».

La misión ha cambiado con el coronavirus

Con la pandemia, todo eso ha cambiado. «Nuestra labor aquí se ha vuelto más complicada. Muchas personas han perdido su trabajo o han sufrido recortes de salario. Llaman a nuestra puerta pidiendo ayuda, al menos un pedazo de pan para sus hijos».

Las hermanas han empezado a coser mascarillas, pues en la región no hay suficientes mascarillas protectoras, y las distribuyen entre sus protegidos. Especialmente las personas sin techo de la ciudad tienen mucho cariño a las religiosas. «Todas estas personas tienen recuerdos dolorosos y heridas en el alma. Vienen a nosotros no solo buscando ayuda material. Quedan sinceramente agradecidos por un poco de calor y afecto humano». Pero no solo eso da a la gente consuelo y esperanza: «Damos gracias a Dios por tener la oportunidad de celebrar la eucaristía todos los días. Como respuesta a la pandemia, tenemos adoración diaria. Al final, el sacerdote sale a la calle con la custodia y bendice la parroquia y la ciudad con el Señor».

Superar las distancias

En Surgut, a 1.000 kilómetros al norte de Novosibirsk en línea recta, dos religiosas polacas de la Congregación de Hermanas Angélicas de San Pablo se han convertido en auténticos ángeles para los 140 sin techo que han recogido en un hogar de rehabilitación social. Recolectan ropa y alimentos en la parroquia, algo realmente importante para la supervivencia especialmente en estos difíciles tiempos.

Esta comunidad vino a Surgut por primera vez en 2011, desde 2015 se encuentran aquí permanentemente para apoyar el trabajo pastoral en la parroquia de San José. Solo en esta ciudad hay templo, sin embargo, gracias a la iniciativa y generosidad de algunos fieles pudieron instalar capillas en casas particulares en Noyabrsk, a 320 kilómetros de Surgut, y en Kogalym, a 190 kilómetros de distancia. Las religiosas, acompañadas por un sacerdote, viajan en tiempos normales a estas ciudades cada dos semanas. «Lo importante es la relación personal con los fieles», señala sor Tereza Jakubowska quien sueña con más capillas para los católicos en esta región. Asistir a Misa es siempre y ahora más que nunca muy importante para ellos por lo que se hace sentir más dolorosamente cuando no se tiene esa oportunidad por la pandemia. Por eso, las Hermanas Angélicas de Surgut retrasmiten en directo, como muchas otras parroquias, la santa misa todos los días, con una meditación para el día. «Así nos mantenemos en contacto».

También trata de hacerlo sor Alyona Alakshova, de la Comunidad de Betania, quien desde hace 20 años presta sus servicios con otra religiosa en la parroquia de la Divina Misericordia de Ishim. «Aquí hay pocos católicos, además viven dispersos por los pueblos de la zona. Cuando acuden a misa en autobús, los domingos y fiestas, tienen que esperar hasta la última hora de la tarde para poder volverse. Para acortar el tiempo de espera, les ofrecemos un refrigerio en nuestra casa y charlamos con ellos. No hay mejor manera de conocer a la gente de la comunidad», afirma sor Alyona. «En tiempos del coronavirus todo se ha vuelto difícil. Hay todavía menos transporte público, los taxis privados compartidos llegan de manera irregular y rara vez cumplen el horario. Por eso, ahora nos es muy difícil visitar a los enfermos o llevar la compra y medicinas a personas mayores que viven solas». La misa solo se puede celebrar sin fieles pero la necesidad pone alas a la creatividad: las religiosas han creado un grupo de WhatsApp para conectar con los parroquianos y mantenerlos informados. Por esta vía, se trasmiten también los enlaces para la retrasmisión de las misas.

Las dificultades que plantea el confinamiento se hacen notar en todas las comunidades de religiosas de la diócesis. Las Hermanas de Santa Isabel, en Novosibirsk, echan de menos las visitas a los miembros de la comunidad: «Con nuestras visitas periódicas nos habíamos hecho amigos. A menudo, cuando se despedían de nosotros, decían: “No me abandone, hermana. Por favor, vuelva pronto”». 

Como la mayoría de las congregaciones religiosas, también las Siervas del Señor y de la Virgen de Matará, en Omsk, han trasladado su actividad pedagógica al mundo virtual. Dan catequesis por videoconferencia e incluso, con jóvenes, ruedan breves vídeos para dar ánimos. Además, a nivel de la provincia de la Orden, están desarrollando una fuerte actividad que va mucho más allá de la circunscripción de Omsk. «Queremos animar a los jóvenes, también en tiempos del coronavirus, a que reflexionen sobre la Palabra de Dios. Rezamos para que, incluso estos tiempos malos desde el punto de vista humano, nos lleven a nosotras y a todos a crecer en la fe, esperanza y en la caridad con Dios y con el prójimo», dice la madre Maria Glum.

La oración: el mayor de los remedios

Las Carmelitas de Novosibirsk, la única comunidad contemplativa de la diócesis, se enfrentan a la pandemia con la mayor arma que tenemos los cristianos: la oración. Las hermanas Teresa María, Christina y Agnija escriben: «Rezamos por la curación de los enfermos, el consuelo de los que sufren, la ayuda al personal médico y la protección contra la infección de los grupos de personas más vulnerables. También incluimos en nuestras oraciones a los científicos que trabajan en el desarrollo de medicamentos y una vacuna contra el virus, sin olvidar a los que gobiernan y tienen que resolver problemas socioeconómicos de gran alcance. Con gratitud por la ayuda que recibimos de ustedes, siempre levantamos nuestras oraciones al Señor también por ACN y sus benefactores».

ACN Internacional apoya económicamente a 68 religiosas en 18 poblaciones de la diócesis de la Transfiguración, en Novosibirsk. Para las religiosas sería no solo una decepción sino una «catástrofe» si esta ayuda dejara de prestarse, dice el obispo local, Mons. Joseph Werth. Esto todavía aún más cierto en esta crisis, en la que no pueden hacerse tampoco colectas en las parroquias.

ACN también apoya desde hace décadas a las comunidades de religiosas de las otras tres diócesis católico-romanas de Rusia: Moscú, Irkutsk y Saratov, con ayudas para la educación y el sustento, la construcción y renovación de casas de religiosas y la adquisición de medios de transporte.

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