Superviviente de ataque terrorista a una iglesia en Burkina Faso: «Perdono a quienes asesinaron a mi padre»

› Hace un año la iglesia católica de Dablo, al norte del país, fue atacada por terroristas islamistas que asesinaron al sacerdote y cinco feligreses

13/05/2020

ACN, Josué Villalón.- Burkina Faso, situado en el este de África, es uno de los países que más está notando los efectos de la pandemia del coronavirus en el continente africano, con centenares de fallecidos y miles de infectados, entre los que se encuentra el único cardenal del país Mons. Phillipe Ouédraogo, arzobispo de la capital Uagadugú. Esta nueva crisis se ha sumado a la provocada por los crecientes ataques terroristas islamistas, sobre todo en el norte del país, que han dejado ya cerca de un millón de desplazados.

Entre estos desplazados, hay muchos que son cristianos y huyen de las amenazas directas contra ellos por su fe y por atentados contra iglesias. Por ejemplo, hace justamente un año, la iglesia católica de la localidad Dablo, al norte de Burkina Faso, fue atacada. Los terroristas además de destruir e incendiar el templo, mataron a cinco feligreses y al sacerdote Simeon Yampa. Entre los supervivientes del ataque estaba Martín (nombre ficticio por su seguridad), hijo de uno de los asesinados y que vio cómo ocurría el ataque. Una delegación de la fundación pontificia Ayuda a la Iglesia Necesitada ha estado recientemente el país, y comparte el testimonio de Martín, durante la visita a un campo de desplazados que sostiene la Iglesia católica burkinesa.

Celebración de la Misa en una iglesia de Burkina Faso. (ACN)

Ataque durante la Misa dominical

Martín cuenta con la mirada perdida: «Recuerdo que era domingo, y la iglesia estaba llena de personas, algunas incluso seguían la Misa desde fuera del templo porque dentro no se cabía. Entonces llegaron unos 35 o 40 terroristas subidos en motos, justo cuando estaba empezando la celebración.»

«Yo aún me encontraba en la sacristía, tratando de ajustar la megafonía», continúa diciendo este joven, «Entonces sentí el ruido de las motos acercándose, rodearon la iglesia. Al ver las armas nos dimos cuenta que era un ataque y muchos salimos corriendo para ponernos a salvo. Me escondí tras unos matorrales muy cerca de la iglesia, podía oír hablar a los atacantes».

Amenazas a las mujeres y asesinato de hombres

Martín entonces da cuenta del comienzo de las amenazas, primero gritaron a las mujeres que se convirtieran al Islam, se pusieran el velo y no volvieran a pisar la iglesia. «Después sacaron fuera a los hombres y seleccionaron a 5 de ellos con nombres cristianos. Al grito de “Allahu Akbar” dispararon acabando con la vida de ellos. El padre Simeón podía haber huido por la sacristía pero quiso quedarse con su gente. Eso le costó la vida, le dispararon dos tiros por la espalda». 

«Después forzaron el sagrario y le dispararon sin lograr abrirlo, incendiaron la iglesia, tocaron el claxon y se fueron…» Martín se acuerda bien de que cuando el ataque acabó y todo el mundo ya había huido, él se levantó de su escondite y entonces pudo ver que entre los asesinados se encontraba su padre. «Fui a buscar unas mantas y sábanas con que tapar los cuerpos y después esperé a ver si aparecía por allí la policía, una ambulancia o alguien para ayudarme. Estuve esperando así durante seis horas».

«No he perdido la fe y perdono»

Martín finalmente ha abandonado Dablo debido a la inseguridad de la zona y las crecientes amenazas de los terroristas. Ahora es atendido por la Iglesia católica local en un centro de refugiados de la capital burkinesa Uagadugú. Allí colabora él también en el reparto de ayuda y alimentos, junto a unas religiosas y varios sacerdotes. «Parece como si fuera ayer cuando ocurrió el ataque. Hemos perdido todo, he perdido a mi padre, pero no he perdido la fe. Gracias a esto puedo decir que perdono a quienes asesinaron a mi padre».

Ayuda a sacerdotes y religiosas frente al Covid-19

Ayuda a la Iglesia Necesitada continúa su apoyo a la Iglesia burkinesa que está atendiendo a personas como Martín. Además ahora la institución redobla su apoyo a sacerdotes y religiosas del país, que tienen que hacer frente a la nueva emergencia del coronavirus, con una misión asistencial y pastoral que se multiplica en estos momentos.