» TESTIMONIO desde Siria: “¡Vuestra ayuda cambia nuestras vidas!”

Ayuda de subsistencia para víctimas de la guerra

“Vivíamos en Damasco, mi marido Michael, nuestros dos hijos y yo. En 2012, los bombardeos azotaban la ciudad. Tuvimos que huir a Marmarita. Michael encontró trabajo como conductor. A los pocos meses, hubo a diario bombardeos en la carretera y mi marido murió. Fue un momento muy difícil. ¿Te imaginas que, tras volver a empezar una nueva vida en una ciudad extraña, tu marido fuera asesinado?”

Aquel día terrible, me quedé sola junto a mis pequeños (tienen ahora 10 y 8 años), con una pena inmensa, sin ingresos ni nadie que nos apoyara. Hoy todavía no contamos con medios para sobrevivir pero subsistimos gracias a Ayuda a la Iglesia Necesitada, es la única que nos sostiene a mí y a mis hijos. Pese a tantas dificultades, no han dejado un solo día de ir al colegio, son alumnos inteligentes y brillantes. Intento inculcarles la fe: es lo único que nos da fuerza en estos momentos tan difíciles. No tengo mucho que ofrecer, pero entrego mi tiempo y esfuerzo como voluntaria en un centro promovido por la Iglesia católica y financiado por Ayuda a la Iglesia Necesitada, ayudando a otras mujeres que se encuentran en mi misma situación”.

Es desgarrador el testimonio de miles de mujeres que, como Rasha Drazy, han perdido a sus maridos o/y a sus hijos.   

Son viudas y madres coraje que diariamente se enfrentan a la muerte de sus seres queridos, que conviven con la violencia, que han tenido que huir de sus casas y que han perdido todo por la guerra. Todo salvo la esperanza.
Es grande el desafío al que se enfrentan a diario. La Iglesia, siguiendo la misión que un día le fue encomendada, está sosteniendo, acompañando y consolando a estas mujeres. No podemos permanecer indiferentes ante tanto sufrimiento. Tenemos que ser portadores de esperanza.

“La ayuda que recibimos de vosotros realmente cambia vidas. Mis hijos y yo somos un testimonio de esto”, concluye Rasha.

“Se estima que alrededor del 70% de los sirios viven hoy por debajo del umbral de la pobreza. Todos los días, aquí en la diócesis, recibimos numerosas solicitudes de ayuda”, dice el obispo maronita Antoine Chbeir. “Las familias desplazadas hace tiempo que agotaron todos sus ahorros para pagar un lugar donde vivir. Los pocos que pudieron encontrar trabajo difícilmente pueden sobrevivir con lo que ganan”, dice Majd Jallhoum, secretario del centro parroquial de San Pedro, en Marmarita.

La presencia de la Iglesia y su trabajo en favor de los desplazados por la guerra y los pobres literalmente salva vidas. “En el Valle de los Cristianos no hay hospitales públicos; los más cercanos están a una hora o más por carretera debido a los controles de seguridad del ejército. Por esto los servicios de salud ofrecidos por la Iglesia en esta región son muy apreciados por los desplazados por la guerra, que tienen pocos medios económicos”, explica Elías Jahloum, voluntario y coordinador del Centro de Ayuda San Pedro.

Con los niños y los jóvenes

Entre los más de trece millones de desplazados y refugiados, hay siete millones de niños y jóvenes que vagan entre ruinas y que deben recuperarse del trauma de la guerra. “Han perdido su niñez pero esta generación que vive tantísimas dificultades será la que reconstruirá el país”, explica la hermana Annie Demerjian, religiosa de Jesús  María en Aleppo. El proyecto “Déjame vivir mi infancia”, apoyado por Ayuda a la Iglesia Necesitada, tiene como objetivo unir a los niños bajo el techo de la inocencia en un espíritu de unidad y apoyo mutuo, explica el P. Antoine Tahhan, de la arquidiócesis armenia de Alepo.

Sin embargo, en la actualidad más de 1,7 millones de estudiantes no van a la escuela y 5,8 millones de niños y adolescentes, desde preescolar hasta el nivel secundario, necesitan de apoyo para estudiar. “Una generación sin educación es una generación perdida capaz de unirse al Estado Islámico por desesperación. Nuestro papel es reavivar el alma de una sociedad siria multicultural y confiamos en que con la estabilidad y la seguridad suficientes que permitan a los niños ir a la escuela estamos cimentando un futuro pacífico para Siria”, dice el patriarca griego melquita Gregorios III.

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