» TESTIMONIO: Hna. Mari Graciana

Vehículos que llevan a Dios en Perú

“La vida de la gente en las montañas es muy dura. Por eso estamos aquí”

La Hermana Mari Graciana pertenece a la congregación de Misioneros de Palabra de Jesús y Víctima en Perú. Ella vive con sus hermanas en un pequeño pueblo en las montañas, donde la vida de la gente es muy dura. Ella y su congregación viajan de un lado a otro durante horas, para acompañar a las personas en situaciones difíciles y en sus dolores para llevarles felicidad y esperanza de remedio. Las hermanas misioneras ayudan a muchos de los que visitan a morir en paz. Su labor es enseñar que con la luz de la fe, ellos pueden superar sus dificultades y aceptar sus sufrimientos porque les espera algo mejor.

Ningún sacerdote reside en esta región montañosa. Por ello, las hermanas han recibido permiso especial del Santo Padre para celebrar el sacramento del matrimonio, del bautismo y para distribuir la Sagrada Comunión. Los domingos imparten catequesis, hacen los preparativos para el bautismo y atienden sus grupos parroquiales.

La Hna. Mari Graciana se ha dado cuenta de que si un fiel no sonríe en la iglesia, suele ser porque algo está pasando en su familia, entonces decide visitarlos.  Para ella es muy importante ir a dar esperanza a esa familia, a avivar de nuevo su fe.

Hna. Mari Graciana, de la congregación de Misioneros de Palabra de Jesús y Víctima en Perú

Ellas contribuyen a la alegría de cada persona a la que ayudan, lo cual las hace muy felices a ellas también, porque aunque no pueden solucionar los problemas de los demás, ellas ponen un poquito de amor y de esperanza en las familias que lo necesitan.

La Hermana lleva todos los viernes la comunión a los ancianos. Le conmueven las palabras de los ancianos que le dicen: “Madrecita, antes yo iba al campo a trabajar, iba a Misa todos los domingos, a rezar el Rosario, ahora no puedo, el Señor me está castigando’ y lloran. Entonces ella contesta: “Ahora ha venido un amigo a visitarte, es Jesús. Él dice que ya has ido muchos años a verle y que ahora es Él quien viene a visitarte. Por eso te hemos traído la Comunión”. Las hermanas preparan el altarcito donde colocan al Santísimo y los ancianos comulgan con mucha alegría y sonríen entre lágrimas.

Todos los días la Hna. Mari Graciana reza para que Dios le dé la fuerza para perseverar. Y reza por los que le ayudan generosamente para cumplir su  misión apostólica. Ella sirve a estas personas por amor a Dios y esta ayuda es posible gracias a los benefactores de Ayuda a la Iglesia Necesitada

“Lo más difícil para mí es no poder llegar a todos. Nos faltan los medios para llegar a los pueblos más alejados y para atravesar caminos difíciles.

Son muchas las religiosas, como Graciana y sus hermanas, que precisan de un coche en condiciones, un nuevo motor para su vehículo, una bicicleta, una moto, una barca o, incluso, un burro, para atravesar largos y angostos caminos y hacer posible que el Evangelio llegue también a los lugares más recónditos e inaccesibles.

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