» TESTIMONIO: «El tesoro de mi vida es mi fe»

P. Gaetán Kabasha

El P. Gaétan Kabasha nació en Ruanda donde fue testigo del genocidio, motivo por el que se vio obligado a huir para refugiarse en la República Centroafricana

Por: Paula Carrasco

El Padre pertenece a la diócesis de Bangasso y fue ordenado sacerdote el 9 de noviembre de 2003. Trabajó en parroquias de la República Centroafricana donde realizó una misión diferente a la que atiende ahora.

Actualmente vive en Madrid y es capellán del Hospital Clínico San Carlos; además, está trabajando en una tesis doctoral de Filosofía y en su obra social llamada AUDE (Asociación Universidad para el Desarrollo) con el objetivo de financiar a estudiantes universitarios africanos.

La labor de un capellán en un hospital se puede dividir en dos: consolar y santificar.

  1. Consolar: significa que hay que estar al lado del que sufre, acompañar, visitar a los enfermos, hablar con los familiares que a veces están en un momento muy difícil, angustiados y cansados. Es abrazar y entender la situación en la que se encuentran para aliviar un poco y crear un ambiente para quitar la ansiedad.
  2. Santificar: esto se refiere a los sacramentos. El sacerdote lleva la comunión a los que lo piden, da la unción de los enfermos, bautiza a niños que nacen en peligro de muerte y se encarga de las confesiones para los que quieren confesarse. El capellán está para pacientes, familiares y el personal del hospital.

El Padre cuenta que sintió un llamado a trabajar con los enfermos. Acabó de estudiar en España y volvió a África, donde se ordenó sacerdote. Estuvo trabajando como párroco en una parroquia rural y estuvo en contacto con mucha pobreza en todo sentido.

“No hay material, no hay medicamentos, hay niños que están perdidos, aldeanos que viven solos y no tienen qué comer.”

Se encargaba del desarrollo, había que construir escuelas y poner en marcha una farmacia. Por los estudios tuvo que volver a España y quiso atender su llamado de trabajar con los enfermos.

“Fui testigo del genocidio en Ruanda, viví como refugiado, tuve que cruzar países para llegar a la República Centroafricana, viví muchos años sin documentos y sin saber de mi familia.”

Acabó con el exilio después de 19 años y volvió a su país a ver a sus padres. Lo más duro fue el conjunto; no ver a mi familia y adaptarme a las circunstancias. “¿Por qué yo no puedo ver a mi familia?”, era lo que pensaba.

P. Gaetán Kabasha, capellán del Hospital Clínico San Carlos

Pero el padre siempre ha mantenido la alegría, “¿qué vamos a hacer angustiados?Estamos salvados por Cristo! Yo no entiendo a un cristiano angustiado.” El Padre sostiene que la alegría tiene que ser el exponente de una vida llena de Cristo, tiene que ser esa chispa que brota de una vida de fe. La alegría es una muestra de esperanza. Incluso en un hospital que es como una aldea completa donde se encuentra de todo.

“He pasado por tantas desgracias que he superado ya esa ansiedad de desesperación. Lo que veo ahora no tiene nada que ver con lo que vi en el pasado y que he conseguido superar y eso es el propósito de mi vida.”

El Padre Gaetán cuenta que llegó a entender que su historia personal tenía que ver con el sacerdocio. Es decir, que Dios permitió de alguna manera desde su infinita bondad y misterio que pasara por ese mundo que es desconocido. Porque no han sido muchos los sacerdotes que han vivido dentro de un campo de refugiados, que han tenido que sobrevivir pasando de pueblo en pueblo, que han tenido que haber pasado de frontera en frontera o incluso haber pasado casi por la cárcel y vivir como exiliados. El considera esto como parte de su patrimonio y se repercute en su vida sacerdotal. “Mi vocación tuvo que pasar por ahí para ser quién soy ahora.” El Padre asegura que cuando estás viviendo la historia no tienes tiempo de interpretar. Es hasta después cuando se entiende el sentido de esa historia; “yo lo que vi fue la mano de Dios.”

“El tesoro de mi vida es mi fe. Sin ella no hubiera soportado las pruebas.”

Muchos sacerdotes como el P. Gaetán viven de la generosidad de quienes les conocen, cuando ayudas a un sacerdote, ayudas a toda su comunidad

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