» TESTIMONIO: Mártires del siglo XXI

Thérèse Kapangala, aspirante a religiosa

Thérèse fue alcanzada por las balas cuando trataba de proteger con su cuerpo a un niño.

Se llamaba Thérèse Kapangala, tenía 24 años, y murió el 21 de enero de 2018 al recibir una bala de la policía en la parroquia de San Francisco de Sales de Kitembo, el noreste de la capital de República Democrática del Congo, Kinshasa. Thérèse era aspirante a religiosa de la congregación de la Sagrada Familia. Era muy activa en la Legión de María. Había acudido a Misa y a la salida del templo se unió a otros feligreses que iban a formar parte en las protestas contra el gobierno de Joseph Kabila.

Un grupo de policías que se encontraban esperando a los manifestantes a las afueras de la iglesia abrió fuego a discreción. Thérèse fue alcanzada por las balas cuando trataba de proteger con su cuerpo a un niño. Murió en el acto. El testimonio de esta joven congoleña fue difundido por todo el país. En seguida varios medios de comunicación la bautizaron como “mártir de la libertad”.

El rostro de Thérèse Kapangala se ha convertido en un una especie de símbolo de la lucha de la Iglesia del país por la democracia.

Su posterior funeral y entierro despertaron una gran expectación, reuniendo a miles de personas en la misma iglesia cerca de donde fue asesinada. Aunque los trámites para su celebración duraron días debido a la presión de las autoridades. «Una vez registré su cuerpo en la morgue central de Kinshasa, ya no pudimos acceder a él –declaró el padre Joseph Musubao, tío de Thérèse, a La Croix Africa–. Nos han enviado de una autoridad administrativa, sanitaria o judicial a otra para lograr la autorización para recoger el cadáver y embalsamarlo».

La aspirante a religiosa de 24 años fue asesinada al salir de misa

«Ningún departamento quería asumir la responsabilidad», añadió. «Finalmente, después de presentar una protesta formal, un fiscal militar pidió al único forense del país que examinara el cuerpo».

No ha sido la única prueba para su familia. El padre de Thérèse, Steve Kapaganla, tuvo que vivir en la clandestinidad desde la muerte de su hija, escondido por miedo a más represiones. Se da la paradoja de que Steve es jefe de la misma policía que, según los testigos, acabó con la vida de la joven. «Su vida está en peligro y, al mismo tiempo, su cargo le obliga a callar», explica su cuñado, el padre Musubao.

En cuanto a la madre y resto de hermanos de Thérèse, «no podemos hablar mucho y nunca salimos solos, porque en el barrio hay policías de paisano espiándonos», denunció su hermano, Stanislas Kapangala.

Junto a Thérèse murieron otras cinco personas de la parroquia de San Francisco de Sales de Kitembo. El cardenal de Kinshasha Mons. Laurent Monsengwo lanzó un mensaje a las autoridades: «¿Cómo se puede matar a hombres, mujeres, niños, jóvenes y personas mayores que cantan canciones religiosas y portan biblias, rosarios y crucifijos?».

Después de mediar con el gobierno para la salida del presidente Joseph Kabila, en el poder desde hacía décadas, la Iglesia alcanzó la firma de los acuerdos de San Silvestre, el 31 de diciembre de 2016. Sin embargo, pronto se cambió de estrategia al caer en la cuenta de que Kabila solo quería ganar tiempo. Desde ese momento, en la primavera pasada, la Iglesia empezó a pedir a los laicos que asumieran su responsabilidad para luchar por la democracia. Así, empezaron a convocarse manifestaciones que han sido reprimidas cada vez con más dureza por la policía.

Durante las protestas, al menos 10 sacerdotes y dos religiosas fueron detenidas por la policía. El clima, según transmite fuentes de Iglesia sobre el terreno, es de «mucho miedo» por la incertidumbre sobre el futuro del país, a lo cual se añade que la inestabilidad política ha provocado situaciones de emergencia humanitaria en algunas zonas .

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