15 años del asesinato del padre Andrea Santoro en Turquía

› El sacerdote italiano estaba al frente de una pequeñísima comunidad cristiana en Trebisonda

05/02/2021

ACN, Daniele Piccini.- En el año 2000, el sacerdote italiano Andrea Santoro, de 55 años de edad, fue voluntariamente a Turquía para cuidar de la pequeña comunidad católica de Trebisonda (Trabzon) como sacerdote. Trabajó allí durante menos de seis años, hasta que el 5 de febrero de 2006, hoy hace 15 años, un fanático musulmán de 16 años le disparó mientras rezaba de rodillas en su iglesia.

Dos balas le atravesaron el corazón y el hígado. La noticia dio la vuelta al mundo, sembrando el horror de muchas personas por el asesinato. “Lo recuerdo con especial cariño. Tenía una amistad de muchos años con él”, asegura el cardenal italiano Enrico Feroci a Ayuda a la Iglesia Necesitada en un mensaje de video que conmemora el aniversario de la muerte de su amigo.

Andrea Santoro nació en Priverno en la región de Lazio en 1945. Fue ordenado sacerdote en Roma en 1970, donde más tarde dirigió la parroquia del «Gesù di Nazareth» en la periferia de la capital italiana. Tanto Feroci como Santoro pasaron el período más largo de sus vidas en Roma, y ​​fue aquí donde Feroci vio a su amigo por última vez, cuatro días antes de que fuera asesinado: “Lo había acompañado al aeropuerto de Fiumicino aquí en Roma, y nos ​​dijimos Adiós. Fue el último abrazo de mi amigo antes de que se fuera a Turquía”. Santoro había elegido servir a la Iglesia en Oriente Medio porque sentía que ella era “una madre que debería recibir de la cabeza de la Iglesia (la Iglesia de Roma) el respeto y la ayuda necesarios”, explica Feroci.

El diálogo entre las religiones fue de gran importancia para el sacerdote asesinado: “En todas partes he experimentado interés y participación viva, así como un deseo sincero de comprender y forjar lazos de compañerismo”. Poco antes de su muerte, escribió: “A estas alturas, la pequeña comunidad cristiana en Trabzon se ha reunido todos los domingos por la mañana para celebrar la liturgia de la palabra. Dos veces por semana se ha abierto la iglesia a los musulmanes bajo la responsabilidad de una persona de confianza. […] La delicada luz de las velas ilumina la casa, mientras que con una lámpara apagada, todo permanece a oscuras. Que Jesús brille en nosotros, con su Palabra, con su Espíritu, con el poder de sus santos. Que nuestras vidas sean esa cera que voluntariamente se consume”.

La noticia de la muerte de Santoro fue un duro golpe, pero el cardenal Feroci no cae en la desesperación: “Creo en lo que decían nuestros antepasados, ‘La sangre de los mártires es la semilla del cristianismo’. Creo que el testimonio profundo de fe y la vida sacerdotal de Andrea, vivida con respeto y amor al prójimo, dará frutos de apertura, en el sentido de que las personas estarán más dispuestas a escuchar la Palabra de Dios y a servir a sus hermanos y hermanas».