El padre Felix, secuestrado en Nigeria: “Hay que confiar en Dios en cualquier circunstancia”

El padre Félix, sacerdote de Nigeria, junto a sus feligreses
El padre Felix, secuestrado en Nigeria: “Hay que confiar en Dios en cualquier circunstancia”
En la última década, más de 200 sacerdotes han sido secuestrados por bandas criminales en el 70% de las diócesis de Nigeria
ACN.- El clero se ha convertido en uno de los principales blancos de los secuestros en Nigeria. Allí los sacerdotes desempeñan un papel esencial para la sanación del pueblo herido por el trauma. Para llevar adelante su labor pastoral, tienen que desplazarse por zonas rurales especialmente inseguras, a merced de posibles agresiones.
En su reciente visita al país, ACN ha podido contactar con el padre Felix, sacerdote de la diócesis de Zaria, que fue secuestrado en 2022. Durante su cautiverio fue golpeado varias veces casi hasta la muerte y llegó a recibir un disparó en el pie: “pasé un total de 40 días allí. Aprendí que hay que confiar en Dios en cualquier situación”.
En los últimos meses la violencia, los secuestros y los ataques contra las comunidades cristianas se han multiplicado frente a la aparente pasividad del Estado. Según un informe elaborado por la Conferencia Episcopal Católica de Nigeria, más de 200 sacerdotes han sido secuestrados en Nigeria durante la última década.
El padre Felix recuerda que durante las semanas de secuestro “las palizas se volvieron casi una rutina. Cuando fui liberado, mi cuerpo y mi cara estaban irreconocibles, llenos de marcas por todas partes”. Durante su cautiverio, el sacerdote experimentó angustia, dolor e incluso abandono “y me preguntaba «¿por qué yo?”. Luego recordé que Dios no me desamparaba”.
Odio a la fe
Entre 2015 y 2025 se han producido secuestros de este tipo en al menos 41 de las 59 diócesis y archidiócesis católicas del país, lo que representa el 70% de las circunscripciones eclesiásticas de Nigeria.
Aunque a día de hoy no sabe dónde le mantuvieron retenido, el sacerdote recuerda que “no había forma de escapar porque estábamos encadenados las 24 horas a un árbol. Nos ponían un candado en la pierna junto con otra víctima para que nadie pudiera huir. Además, estábamos en medio de un bosque muy espeso y ellos siempre estaban armados y listos para disparar”.
Esta experiencia ha hecho más consciente al padre Felix y a su comunidad sobre lo que significa ser ministro de Cristo hasta las últimas consecuencias: “Me odiaban por ser cristiano; uno de los comandantes me aconsejó varias veces que me hiciera musulmán. Ese mismo comandante me pidió que le explicara las oraciones de mis libros y le hablé del Rosario. Aproveché esa oportunidad para explicarles qué significa ser cristiano y católico.”
El negocio de los secuestros
La proliferación de bandas de criminales y de secuestradores en todo Nigeria están haciendo mella en la comunidad cristiana, que se ha convertido en uno de los principales objetivos de estos grupos. “Me dispararon porque exigieron un rescate de 100 millones de nairas, una cifra enorme que nuestra parroquia no tiene. La Iglesia no paga rescates; eso es algo muy claro que les dije. Como sacerdotes entregamos nuestra vida a Cristo para lo bueno y lo malo”, afirma el p. Felix.
La figura de los presbíteros es un blanco recurrente para las bandas criminales que asolan el país: “Me secuestraron porque soy sacerdote. Aquel día mataron a todos los hombres que vieron, incluso a niños, unos 52 en total. Yo fui el único secuestrado porque sabían que era el sacerdote”.

Víctimas después de un ataque de los fulani (Nigeria). Foto de archivo
El Informe Libertad Religiosa en el Mundo 2025 de ACN identifica a Nigeria como uno de los países más peligrosos del mundo para el clero y los líderes religiosos cristianos, a pesar de lo cual, las vocaciones siguen creciendo y los sacerdotes siguen adelante con su misión: “El papel de un sacerdote rural es animar a la gente a no abandonar sus tierras y mantenerse firmes en Cristo”, declara el sacerdote.
Poco después de ser liberado, el padre Felix quiso volver a atender a sus feligreses a pesar de tener un 80% de posibilidades de sufrir otro secuestro, por lo que su obispo le destinó a una parroquia en otra localidad más segura.
En la actualidad el padre Félix atiende pastoralmente a su comunidad mientras él mismo recibe tratamiento para sanar sus propias heridas: las del cuerpo y, sobre todo, las del alma. Es consciente de su misión: “aunque fui herido, puedo ser un sanador para otros contando mi propia historia. A veces la gente viene con problemas, dudando de Dios, y yo les digo que también sentí eso, pero que la fe y la esperanza me mantuvieron. Si yo no me rendí, ellos tampoco deben hacerlo”.















