“La Biblia es el pan que más alimenta y la mejor medicina”

› La falta de un material como el papel, debido a la escasez de todo recurso, hace que tener una Biblia o editar material para la catequesis en Venezuela sea hoy un objeto de lujo

07/01/2020

ACN.- La enorme crisis económica, social y política que atraviesa Venezuela está llevando a sus habitantes a vivir situaciones inauditas. El grado de abandono y escasez es tal que hasta resulta imposible publicar nada por la absoluta falta de la materia prima: el papel.

Hasta un pequeño ticket en un comercio en un auténtico lujo por su carestía. No hay libros de nueva edición y los cuadernos son un bien preciado. Incluso el papel higiénico escasea y en muchas zonas del país es difícil encontrarlo o pagarlo. ¿Conseguir una Biblia? ¡Imposible!

“Nunca he podido comprar una Biblia porque son carísimas”, cuenta a Ayuda a la Iglesia Necesitada en un pequeño despacho parroquial de Acarigua María Ruiz. “Es mi primera Biblia y estoy feliz. Yo era una católica ‘light’, pero las circunstancias me han hecho buscar más a Dios”.

Reunión de "Estudio del Evangelio" en la diócesis de Acarigua, Venezuela. (ACN)

Esta mujer asiste todas las semanas a un numeroso grupo de “Estudio del Evangelio”. “Esta situación es muy muy dura, falta de todo. Mis hijos no están aquí, he tenido un cáncer y varias operaciones… y no es lo mismo vivir junto a Jesús y estar en la camilla en paz, entregando tu vida que vivir sin sentido. La Biblia es la mejor medicina”, asegura con una gran sonrisa.

María tiene la Biblia en sus manos porque su obispo, Monseñor Juan Carlos Bravo, ha pedido 3.000 ejemplares a Ayuda a la Iglesia Necesitada. Es tan necesario el pan como la Palabra. Y ahora quiere solicitar hasta 5.000 biblias más.

El obispo de Acarigua tiene muy interiorizado que en su diócesis hay que cuidar el estómago y el alma. Por ello, ha puesto a todas las comunidades en marcha con los grupos de “Estudio del Evangelio”, donde semanalmente se reúnen para leer la lectura de la Palabra de Dios juntos. Para estas reuniones quiere sus miles de Biblias.  

No hay mejor pan que éste (dice otra mujer señalando su ejemplar). Ahora tengo ya la comida completa en casa y es la que más alimenta, porque además en mi hogar la lee mi marido y mi hija”. Junto a ella se encuentra otra de mayor edad, una abuela que tiene a su cargo a sus dos nietos y que asiente con la cabeza, y añade “a mí ya no me preocupa cómo rellenar una arepa. Si vas de la mano con Jesús y lees la Biblia todo es más fácil”.

Si la Biblia cambia a cada persona, cada hogar… “imagínense lo que pueden hacer los 5.000 ejemplares que hemos solicitado. El cambio del país arranca aquí”, comenta Mons. Bravo, quien no deja de insistir en cómo el Evangelio crea la fraternidad herida en Venezuela en los últimos años: “Nosotros estamos apoyando a los que menos tienen también con comida y medicinas. Esa es una gran labor, pero también otras personas y organizaciones pueden conseguirlo. Sin embargo, si dejamos de anunciar a Cristo Resucitado, que vence nuestros sufrimientos y nos hace hermanos, entonces nuestra misión dejará de tener sentido. No construiremos fraternidad, que es lo que necesita nuestro pueblo”.

La Iglesia venezolana no quiere dejar de acompañar a los más afectados por esta crisis. Como Moraima Rivas: “Aquí tengo la Palabra de Dios que me da la fuerza para seguir adelante en este país. Aún cuando tengo la experiencia de tener en casa un enfermo de parkinson y no tener el tratamiento. También estoy viviendo la experiencia de tener a mis hijos fuera del país, pero aquí tengo la fuerza” – dice, señalando a su nueva Biblia- “Dios me da la vida, estoy viviendo en el amor por Él por su Palabra. Gracias”.