Mons. Giuseppe Pasotto, visitando en su bicicleta una iglesia en construcción en Tiflis. (ACN)
15 febrero 2022

La Iglesia católica hoy en Georgia: reconstrucción tras la era comunista y ecumenismo

Mons. Giuseppe Pasotto acompaña y guía el rumbo de la pequeña comunidad de la región como administrador apostólico del Cáucaso

ACN.- La Iglesia católica en Georgia es una pequeñísima comunidad que está volcada en el diálogo con el resto de Iglesias presentes en el país, especialmente con la Iglesia ortodoxa. También tiene como prioridad la evangelización, la animación pastoral y la acción social. Mons. Giuseppe Pasotto conoce bien esta realidad, pues realiza su misión en este país del Cáucaso desde 1993, primero como sacerdote estigmatino y misionero italiano. Más recientemente como obispo y Administrador Apostólico del Cáucaso para los países de Georgia y Armenia. Conversa con la fundación pontificia Ayuda a la Iglesia Necesitada (ACN) , que ha visitado recientemente la región para seguir apoyando proyectos pastorales y mostrando su compañía a una comunidad muy desconocida pero vibrante.

«Es difícil describir en pocas palabras cómo era la situación de la Iglesia cuando llegué aquí», comenta el prelado, «Georgia acababa de independizarse de Rusia y había roto todas las relaciones con este país, incluidas las económicas. Cuando llegué había gas, agua y electricidad; un mes y medio después, llegamos a un punto en el que solo había electricidad dos horas al día, agua cada dos días y el suministro de gas estaba cortado por completo. En los mercados quedaban muy pocas cosas. Por poner un ejemplo: un día necesitaba un limón y fui al mercado. No pude encontrar ningún limón hasta que me encontré con una mujer que tenía dos. Solo vendía estas dos frutas. Decidí comprar los dos, pero ella me dijo: “le daré solo uno, pues otra persona podría necesitar el otro”. Quedé asombrado y lleno de admiración. Otra cosa que nunca olvidaré es el grito de alegría que se oía cuando volvía la electricidad por una o dos horas y se podían apagar las velas o las lámparas de gas».

En el comienzo de su misión, experimentó todas las dificultades de la gente, especialmente el frío y las privaciones. El obispo comenta que tanto a él como a su compañero sacerdote «Esto nos ayudó a amar aún más a este pueblo y a comprender el significado de la libertad. A través de nuestras conversaciones con los jóvenes, comprendimos que se sufre por valores importantes y se debe mantener siempre la esperanza. Por último, al aprender la lengua georgiana, no precisamente fácil, y casi sin material didáctico, comprendimos aún mejor la vida de este pueblo. Tuvimos que aprender mucho sin importarnos las dificultades que nos rodeaban. Pero fue providencial vivir ese tiempo».

Reconstruir una comunidad herida

Preguntado sobre cuáles fueron los primeros pasos para recosntruir la comunidad católica de Gerogia, Mons. Pasotto cuenta que la única iglesia católica abierta que quedaba en el país tras el comunismo era el templo de San Pedro y San Pablo en la capital, Tiflis.  «Las parroquias dispersas por el campo estaban todas desiertas. Nuestro primer paso fue restablecer los contactos y buscar más sacerdotes de otros países e iglesias locales que pudieran venir a ayudarnos. Muy lentamente, empezamos a restaurar las estructuras principales. Pienso que la fe católica, no solo en Georgia, sino en todos los países comunistas, se salvó gracias al rezo del rosario. La gente se reunía en las casas para rezar, y las abuelas sentían esta responsabilidad. No se necesita ni sacerdote ni rosarios, se pueden contar las avemarías con los dedos de las manos.

Otra de las primeras tareas fue la formación de catequistas. Se organizó entonces un primer campamento de estudio en el que se reunieron 30 jóvenes que más tarde trabajaban con los niños en las pequeñas parroquias dispersas. Entonces se propuso imprimir el Catecismo de la Iglesia Católica…»fue el primer documento impreso que tuvimos, poco a poco, se fueron abordando otros temas».

La primera ayuda para las víctimas de la guerra de 2008

Un duro golpe ha sido la guerra entre Georgia y Rusia en el 2008. «Llegó de forma totalmente inesperada; al menos yo no creía que pudiera suceder algo así. En muy poco tiempo, Rusia dejó claro que no había esperanza para el ejército georgiano y se acercó mucho a Tiflis con sus bombardeos. Por primera vez, vi a personas presas del pánico. En nuestra sala de reuniones acogimos a refugiados de Gori durante todo un mes y nos ocupamos de ellos. Incluso hoy me envían cartas de agradecimiento con ocasión del aniversario de la guerra», comenta el obispo. Cáritas Georgia se involucró mucho con alimentos y ayuda a los desplazados, envió un camión de alimento a Gori, en el frente de guerra, que fue la primera ayuda que se envió allí.

 

Retos y esperanzas

El primer desafío para el futuro de la Iglesia católica de Georgia sigue siendo la labor ecuménica. No es una tarea nada fácil, como reconoce Mons. Passoto: «La Iglesia ortodoxa sigue teniendo dificultades para abrirse en esta dirección debido a la herencia de su pasado. Los católicos no solo se sienten una minoría, sino que a menudo son discriminados y tratados injustamente. Basta pensar en las seis iglesias confiscadas durante el comunismo y que nunca fueron devueltas, pero también en la prohibición de los matrimonios entre personas de diversas confesiones. El camino ecuménico requiere mucha paciencia para buscar constantemente nuevos y posibles puntos en común y tejer relaciones que se conviertan en puentes. Nuestra universidad católica juega un papel importante, ya que la mayoría de los estudiantes no son católicos».

La segunda tarea más importante es la formación de los fieles para que su fe sea cada vez más fuerte y segura. Aquí, es donde los sacerdotes y religiosos están especialmente comprometidos en las parroquias. La tercera tarea es mostrar el rostro misericordioso y amoroso de Dios, sobre todo a las personas que se encuentran en especiales dificultades. Afortunadamente, hay jóvenes que se preparan para el sacerdocio y la vida consagrada…pero el camino de la formación es largo, lo cual es importante, porque debe ser una buena formación. Es difícil encontrar sacerdotes en el extranjero que quieran venir a trabajar a Georgia, por la barrera del idioma. Se necesita un largo estudio y muchos sacrificios para aprender georgiano, después solo se puede utilizar el idioma aquí. «Pero el Señor dispone y provee», asegura Mons. Passoto.

El apoyo de ACN y el testimonio de ser católico

El apoyo prestado por ACN ha sido crucial durante estos años. El prelado reconoce que «son muchos los que han contribuido a mantener nuestra Iglesia en funcionamiento, pero ACN siempre se ha distinguido por apoyar las obras de evangelización y formación. Cada año, gracias a ACN, es decir, gracias al apoyo de miles de benefactores, hemos podido realizar iniciativas pastorales, especialmente los campamentos de verano para la formación en la fe de niños y jóvenes. Siempre he sido consciente y estoy profundamente agradecido por este camino que hemos compartido con ACN. No conocemos las caras de los benefactores de ACN, pero Dios los conoce a todos, los bendecirá y los recompensará».

Para la Iglesia en Georgia y para sus pastores es fundamental sentir la ayuda de las Iglesias hermanas que han estado acompañanado el difícil camino seguido hasta ahora. Por último, Mons. Giuseppe Pasotto agradece una vez más las muestras de apoyo, cariño y tantas oraciones. «Nos sentimos realmente queridos por todos y por los benefactores de ACN. Se puede decir que nuestra Iglesia apenas tiene recursos económicos, pero es capaz de vivir cada día confiando en Dios. Todos estamos llamados a anunciar el Evangelio, pero de diferentes maneras. Aquí, en Georgia, he descubierto el valor de la palabra “católico”. Es hermoso pensar que nosotros, los católicos, podemos mostrar a todas las Iglesias lo bueno que es tener un corazón que no conoce fronteras, que no distingue a nadie, que mira siempre más allá de sus propias fronteras. Debería ser lo que testimoniamos y lo que enseñamos. Este es el hermoso mensaje, el Evangelio. Y para mí, ese es el color del catolicismo».

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