14 agosto 2026

Padre Ubaldino Andrade: «La Iglesia siempre va a estar presente»

P. Ubaldino Andrade, sacerdote salesiano misionero en el campo de refugiados de Palabek (Uganda)

P. Ubaldino Andrade, sacerdote salesiano misionero en el campo de refugiados de Palabek (Uganda)

Padre Ubaldino Andrade: «La Iglesia siempre va a estar presente»

Gracias a la labor de los misioneros en el campo de Palabek, Uganda, los refugiados por la guerra pueden vivir su fe y recuperar su dignidad

ACN-. Uganda vive desde hace años una crisis migratoria sin precedentes. A través de sus fronteras llegan muchísimas personas que huyen de la violencia, el hambre y la muerte. Lo han perdido todo y llegan sin nada a una tierra desconocida.

Y allí donde persiste un total abandono por parte del ámbito internacional, la Iglesia permanece para socorrer a los más necesitados. De este modo, se han creado asentamientos como el de Palabek. A este campo de refugiados al norte del país llegan miles de personas que, tras haber huido de la guerra en Sudán del Sur, no tienen a dónde ir. Allí reciben un techo, comida, formación y acompañamiento espiritual.

En conversación con la fundación pontificia Ayuda a la Iglesia Necesitada (ACN), el padre Ubaldino Andrade, uno de los misioneros salesianos de este campo, ha relatado cómo es la realidad allí y cómo la Iglesia lleva a Cristo en medio del sufrimiento.

¿Cuál es la situación de los cristianos en Uganda y, más concretamente, en el campo de refugiados de Palabek?

La diócesis de Culu nos ha confiado a los salesianos el cuidado pastoral de los refugiados y de la gente que vive en la zona de Palabek. Desde hace 9 años, estamos presentes en un área muy grande, de 20 kilómetros por 20 kilómetros, con una población de 97.000 cristianos que asisten a la Eucaristía y la Liturgia de la Palabra en 17 capillas diferentes, algunas de ellas todavía en construcción.

Celebramos los encuentros debajo de los árboles, sentados en ramas. A veces se reúnen hasta 400 personas a celebrar la Palabra. También conmueve mucho ver las Eucaristías cargadas de cantos, colores y ofrendas. Como no hay dinero, cada niño ofrece lo que tiene. Así, la cesta de las ofrendas se llena por completo de la generosidad de la gente que, desde su pobreza, ayuda también a la Iglesia.

¿Cómo es la fe de los cristianos ugandeses y de los que llegan como inmigrantes o refugiados de otros países a causa de tantos conflictos y crisis que asolan esa región de África?

La fe en general es muy fuerte, muy profunda. El refugiado generalmente tiene en su corazón y en su mente que hay muchas cosas que ha perdido: casa, pertenencias, muebles, ropa, comida… Se lo han quitado todo. Pero hay una cosa que no logran quitarle, que siempre les queda y les pertenece, y esa es la fe cristiana. Eso nadie se lo puede quitar. Y creo que es la fe lo que, en medio de tantas situaciones difíciles y donde hay mucha oscuridad, nos ayuda a abrir una ventana, una puerta donde entre la luz en tanta oscuridad. La fe es muy fuerte, la oración es una experiencia muy profunda. El amor a los sacramentos, el amor a la Virgen, el amor a Jesucristo… Es una experiencia de fe muy profunda en general, no solo de los refugiados, sino también de todo el pueblo de Uganda.

ACN apoya con diversos proyectos a los cristianos de Uganda. Usted es testigo de esta ayuda que llega cuando todas las demás organizaciones se han ido…

Bueno, es sobre todo ayudar a que la iglesia esté presente entre la gente, sea cristiano, no cristiano, rico o pobre, de una tribu u otra. La Iglesia se hace presente en medio de la gente que lo necesita, y eso es muy importante.

La gente aprecia mucho eso porque, en el contexto de la vida de los refugiados, hay muchas ONG e instituciones haciendo cosas, llevan, traen… Pero hay un grupo que siempre va a estar presente, y ese es el grupo de la Iglesia. Las agencias, cuando se acaba el dinero,  surge un problema en otro lugar, hay una epidemia, las agencias abandonan a los refugiados por seguridad y los dejan solos. Pero la Iglesia no, la Iglesia permanece. Creo que eso es lo más valioso. La gente aprecia mucho que, a través de la Iglesia, Cristo se hace presente en medio de la gente.

Y en medio de esta situación de abandono que se vive en el campo de Palabek, surgen diversos testimonios de fe y caridad que nos llenan de esperanza. ¿Cómo se refleja la fe en la realidad que se vive allí cada día?

Las hermanas salesianas dan catequesis y leen la Biblia a los niños del asentamiento de Palabek (Uganda)

Las hermanas salesianas dan catequesis y leen la Biblia a los niños del asentamiento de Palabek (Uganda)

Hay muchos momentos de profundo encuentro. Por ejemplo, el rezo del Rosario: se reúnen las mujeres, los niños, los jóvenes; a veces quedan de acuerdo en reunirse en una casa en particular. Cuando entran a la casa, dejan fuera sus zapatos, porque la sola presencia de la imagen o del Rosario en esa casa, donde se encuentran para orar, es una presencia santa.

Otra experiencia bonita es la del grupo misionero, un grupo enorme de 120 jóvenes pertenecientes a diferentes tribus que en Sudán del Sur sería imposible ponerlos juntos. Pero en Palabek vienen, se unen y rezan. Además, realizan una labor de evangelización muy bella: van a leer la Biblia a la gente y ayudan al necesitado: a ancianos que viven solos, a mujeres que necesitan cargar agua, lavar ropa o hacer cultivos…

Los jóvenes van para ayudar al que más necesita. A veces, ese joven que va a visitar a otro hermano pertenece a un grupo cultural distinto. Pero el llamado del Señor a llevar su mensaje y su obra, llevando esperanza a otros que son nuestros hermanos rompe esas barreras. Eso es un milagro diario, saber que todos somos hijos de Dios, que nos ama profundamente y que juntos podemos construir Su Reino.

¿Qué mensaje le gustaría dejar para todas las personas comprometidas que apoyan con su oración y generosidad a los refugiados de Palabek a través de ACN?

Primero, un profundo gracias de corazón por todo lo que hacen. A veces pensamos que lo que hacemos es muy poco, que lo que damos es muy poco. De un bloque no se construye una iglesia, pero la unión de muchos bloques construyen una iglesia hermosa. Cada uno, desde nuestra situación y nuestras posibilidades, podemos construir y poner nuestro granito de arena para construir un mundo mejor, más cristiano, más solidario, más fuerte en la fe.

Y lo segundo es pedirles que sigan rezando. La oración tiene un poder enorme. Hay muchos cristianos que viven en situaciones de peligro porque no se acepta la fe o por conflictos, guerras y envidias. Su oración nos ayuda a continuar la labor de la Iglesia hasta en los últimos rincones del mundo.

Vuelve a escuchar el programa Perseguidos pero no olvidados del 13 de agosto de 2026:

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