Tierra Santa: “Los elementos religiosos han ido adquiriendo importancia con el tiempo”

› Entrevista a Hana Bendcowsky directora de programas del Centro para las Relaciones Judeo-Cristianas de Jerusalén (JCJCR) para ACN

24/08/2021

ACN, Oliver Maksan.- Ayuda a la Iglesia Necsesitada (ACN) viene apoyando desde hace años. Incluso tras el último conflicto con Gaza, Bendcowsky sigue creyendo firmemente en el diálogo entre judíos y cristianos en Israel.

Sra. Bendcowsky, ¿es posible el diálogo judeo-cristiano después del reciente conflicto entre judíos y cristianos en Israel? La mayoría de los cristianos de Israel son árabes y probablemente prefieran la visión palestina de la situación.

El diálogo judeo-cristiano en esta región es siempre un diálogo entre la parte judeo- israelí y la parte palestino-cristiana. El conflicto político es una parte ineludible del diálogo judeo-cristiano. Las identidades religiosa y nacional están estrechamente entrelazadas y la mayor parte de nuestra labor está relacionada con la comunidad palestina local. Por ello, entre nosotros hay menos diálogo teológico y más diálogo sobre las complejas realidades e identidades de las diferentes comunidades de Tierra Santa.

Centro de Jerusalén para las Relaciones Judeo-Cristianas. (ACN).
En el Patriarcado Latino. Responsable del JCJCR (Centro de Jerusalén para las Relaciones Judeo-Cristianas. (ACN).
Asesoramiento espiritual en situación de conflicto. (ACN).

¿Cómo de religioso es el conflicto entre israelíes y palestinos? ¿O se trata, en el fondo, de un conflicto nacional?

Aunque no se trate fundamentalmente de un conflicto religioso, no pueden separarse las identidades religiosas y nacionales. Además, los elementos religiosos del conflicto han ido adquiriendo mayor importancia con el transcurso del tiempo, a medida que las narrativas religioso-nacionalistas han ido ganando influencia en toda la sociedad.

¿Pero estas identidades no dificultan el diálogo?

Incluso durante brotes de violencia como el que acabamos de vivir, nosotros continuamos con nuestro diálogo y nuestra labor educativa, ilustrando a la gente sobre las comunidades árabe-palestino-cristianas, sobre sus raíces, su profunda conexión y
compromiso con Tierra Santa, sobre su legado, sus creencias y sus tradiciones.

Evidentemente, también lo hacemos en relación con sus reacciones a la situación actual.
En nuestros programas de diálogo, la confianza que tanto nos hemos esforzado en construir tanto entre nuestros colaboradores como en el seno de los propios grupos ha permitido proseguir con el diálogo, compartir experiencias y comprender lo que ocurre alrededor de uno, además de ponerse en el lugar del otro.

¿Qué hace concretamente el Centro de Jerusalén para unir a judíos y cristianos?

El proyecto “Sanar el odio”, apoyado por ACN, aplica métodos de asesoramiento espiritual en el contexto del conflicto. En muchos de nuestros grupos de diálogo en la universidad y en la Casa Abierta de Ramle, nuestro moderador ha utilizado este método para debatir sobre la situación actual. Dicho método requiere que los participantes hablen de sus experiencias personales y no de “la situación”.

Como resultado, por ejemplo, los estudiantes expresaron miedo y ansiedad. En un momento dado, se quedaron atrapados en la universidad sin poder abandonar el campus debido a los disturbios que se produjeron fuera del mismo. Entonces, se sentaron todos juntos y hablaron de sus preocupaciones personales utilizando nuestro método de “Sanar el odio”.

En relación con los acontecimientos, en Israel se tiende a hablar de “los árabes”, de la frágil convivencia o de la violencia del bando contrario. En lugar de hablar sobre “la situación”, nuestros moderadores animan a los participantes a compartir sus temores como, por ejemplo, el miedo a salir a la calle o a hablar en su idioma. Tanto los judíos como los árabes expresan temores similares. Cuando se observa la situación desde una perspectiva personal, esta adquiere una dimensión muy humana.

¿Cómo vivieron usted y sus colaboradores los días de conflicto? Al fin y al cabo, miles de misiles procedentes de Gaza iban dirigidos a amplias zonas de Israel.

El conflicto afectó a todos los miembros de nuestro personal, incluidos daños en los coches de tres colaboradores, uno judío y dos árabes. Tanto colaboradores judíos como árabes residentes en el centro del país tuvieron que buscar refugio de los misiles. Las calles de todas las ciudades mixtas, incluida Ramle, donde tenemos nuestro nuevo centro, no eran seguras para nadie.

Como equipo, hemos destinado mucho tiempo a propiciar situaciones para compartir experiencias y debatir sobre esos acontecimientos. En las próximas semanas y meses tendremos que dedicar más tiempo del habitual a estudiar si necesitamos ajustar nuestro programa a las nuevas realidades y a cómo hacerlo.

Es decir que, incluso durante el conflicto, el diálogo prosiguió.

Todas nuestras iniciativas, así como las de muchas otras organizaciones, continuaron durante el conflicto. Como dije antes, uno de nuestros grupos universitarios se quedó atrapado en el campus a la espera de que los alborotadores de fuera se dispersaran.

En Ramle, una ciudad poblada por judíos y árabes con una tensión y una violencia considerables, no solo hemos continuado con nuestros grupos, incluso en línea cuando ha sido necesario por razones de seguridad, sino que ahora estamos creando además una nueva serie de círculos de diálogo para que los habitantes de la ciudad hablen de lo ocurrido y empecemos a plantearnos hacia dónde queremos ir.

En todos los casos, nuestros moderadores hacen todo lo posible por crear un espacio seguro para que todos se escuchen y comprendan, aunque no estén de acuerdo con la presentación de los hechos de los demás y aunque los participantes expresen miedo, ira, frustración y muchas otras emociones “negativas”.