Tras el terremoto en Venezuela, la Iglesia es “un faro de esperanza”

Daños en la iglesia San José de Ñaraulí, en Caracas (Venezuela), tras el terremoto del 24 de junio de 2026
Tras el terremoto en Venezuela, la Iglesia es “un faro de esperanza”
El padre Martín Vegas, sacerdote de La Guaira, se ha hecho eco de la labor incansable de la Iglesia junto a los que están sufriendo
ACN-. A pesar de que la atención mediática parece haber dejado un poco atrás ya el terremoto de Venezuela, la realidad es que la situación a día de hoy sigue siendo catastrófica. Sin embargo, la Iglesia y sus sacerdotes, religiosas y muchísimas personas comprometidas están poniendo todo de su parte para salir al encuentro de todos los que están sufriendo las terribles consecuencias materiales, psicológicas e, incluso espirituales que está dejando este terremoto.
En este contexto, la fundación pontificia Ayuda a la Iglesia Necesitada (ACN) ha enviado una delegación para conocer de primera mano la situación en la zona y las necesidades pastorales y de emergencia de la Iglesia venezolana en estos momentos. De momento, ACN ya ha enviado una primera ayuda de 100.000 euros para apoyar a las comunidades cristianas afectadas por el terremoto.
El padre Martín Vegas es un sacerdote de la diócesis de La Guaira, el epicentro del terremoto que asoló Venezuela el pasado 24 de junio. En conversación con ACN, ha puesto rostro a esa labor incansable de la Iglesia junto a los que están sufriendo.
¿Cuál es, a día de hoy, la situación en La Guaira?
Hoy vemos toda nuestra Guaira y nuestra diócesis tan devastada y campamentos por todos lados. La gente tiene mucho miedo de meterse a sus casas porque todavía siguen los movimientos de ajustes de la tierra y eso asusta mucho a la gente. Hay mucha gente llorando las pérdidas de sus seres queridos.
En lo personal les hablo con el corazón herido, porque yo mismo soy damnificado; varios de mis familiares quedaron sin hogar también y mucha gente de nuestra comunidad parroquial. Aunque la estructura no sufrió tanto la fuerza de esto, sino solamente el sector donde está la iglesia, hemos recibido a muchísima gente de las zonas más devastadas y hemos escuchado tantos testimonios dolorosos.
Pero, por otro lado, la imagen quizás más fuerte no son los edificios caídos, sino de una Iglesia viva, un pueblo que en medio del dolor y de las lágrimas quiere levantarse, quiere ayudarse, quiere vivir en comunión. Y de verdad que esto nos llena de muchísima esperanza.
En medio de esta tragedia, la Iglesia se ha convertido en un baluarte para todo el pueblo venezolano. ¿Cómo ha ocurrido esto?
Los obispos de Venezuela, especialmente nuestro obispo de la Guaira, Monseñor Pablo Modesto, el obispo de Caracas, Monseñor Raúl Biord y todo el país, desde el primer minuto ha hecho que el pueblo venezolano sienta que Dios no nos ha abandonado, que se hace presente a través de nuestra cercanía y el consuelo espiritual.
Aquí en mi parroquia nos hemos convertido en el colegio parroquial en recibir ayudas y repartirlas a toda la comunidad. Hasta el día de ayer hemos repartido unos kits de comida, de alimentos, de higiene personal y de agua; hemos repartido 2.955 ayudas. Pero no solamente eso, sino que también hemos estado allí celebrando las misas en medio de la plaza, hemos hecho procesión con el Santísimo Sacramento, nos hemos sentado a confesar y escuchar a la gente.
Hemos comenzado a visitar a los enfermos para llevarles no solamente la unción, la oración y la bendición, sino también la ayuda solidaria. De tal manera que la Iglesia es un faro de esperanza y de luz para mi parroquia y para toda Venezuela.
¿Cuáles son los principales retos de la Iglesia allí en este momento?

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Los retos que tiene la Iglesia en este momento de tanto sufrimiento están en dos dimensiones igualmente urgentes. El reto humano o logístico de mantener la distribución de la ayuda humanitaria: el alimento, el agua potable, la ropa y la higiene, así como mantener la gestión de atención médica y psicológica.
Esta misma semana ya hemos organizado varios centros de atención con médicos que nos han venido y hemos dispuesto los salones, el patio y la misma iglesia para atender enfermos y dar ayuda psicológica.
Pero luego está el reto espiritual y pastoral: escuchar, sanar las almas, sanar las heridas. De verdad que es difícil consolar cuando uno mismo está llorando a sus difuntos, cuando uno mismo anda en la incertidumbre de dónde vivir, pero el reto es ser instrumento del amor de Dios y de paz para la gente. Debemos continuar nuestra labor pastoral llevando los sacramentos a los enfermos, celebrando la misa y confesando en la puerta de la iglesia, recordándole a la gente que nuestro templo se cayó, pero la Iglesia sigue en pie.
El sufrimiento por este terremoto, curiosamente, está dando numerosos frutos de esperanza y de conversión…
Cuánto me ilusiona y me emociona ver a tantos jóvenes, incluso aquellos que no participan habitualmente en las actividades de la Iglesia, queriendo todos involucrarse para llevar las comidas a los sectores, ver a tantas personas mayores dispuestas a poner su granito de arena. Es un maravilloso testimonio de solidaridad humana, de fraternidad y de cercanía de un pueblo que sufre, pero que unido puede levantarse para seguir luchando en el nombre de Dios.
Recientemente el arzobispo de Caracas señalaba que lo primero ahora es reconstruir las vidas. ¿Qué papel tiene la Iglesia a la hora de combatir la desesperación y ofrecer una visión de esperanza en los lugares afectados por el terremoto?
Monseñor Raúl Biord ha dado en el clavo de nuestra misión: las paredes se vuelven a levantar, pero las vidas humanas rotas solo se pueden reconstruir con la escucha, con la presencia, con amor y con la caridad. La Iglesia aborda este futuro inmediato estando en medio de su gente, sirviendo a nuestro pueblo desde las necesidades básicas y las espirituales. Nosotros hemos combatido la desesperación ayudando a organizar talleres de contención en la comunidad parroquial y, sobre todo, a través de la oración comunitaria y la Eucaristía.
¿Cómo está recibiendo el pueblo venezolano y sus cristianos el apoyo de organizaciones internacionales como ACN?
La ayuda que llega a través de organizaciones como Ayuda a la Iglesia Necesitada realmente llega a la gente. Es un signo muy claro de que la Iglesia es una sola familia y, en concreto, ACN es una auténtica bendición porque ya lo hemos experimentado en otras ocasiones. Saber que hay hermanos en España y en el mundo entero que se desprenden de lo suyo para ayudarnos nos hace vivir y tocar la catolicidad y la universalidad de la Iglesia de una forma real y tangible.

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A través de los recursos no solo podemos armar bolsas de comida o conseguir medicinas, sino que también nos da un respaldo económico y moral a los sacerdotes y religiosas para seguir con nuestro ministerio sin el peso de una asfixia material; nos sentimos profundamente sostenidos y acompañados en nuestra fragilidad.
¿Le gustaría dejar algún mensaje para las personas que le escuchan y apoyan con su generosidad a la Iglesia en Venezuela en estos momentos?
A todos los hermanos y hermanas que nos sintonizan les pido con el corazón en la mano: no nos olviden. Venezuela entera los necesita hoy más que nunca y les pido principalmente el auxilio de sus oraciones. A quienes puedan colaborar materialmente a través de ACN, les aseguramos que esa ayuda se va a convertir pronto en ayuda a los demás y a la Iglesia. Que la Virgen de Coromoto y San Francisco de Asís les bendigan y multipliquen su inmensa generosidad.
Vuelve a escuchar la entrevista en el programa Perseguidos pero no olvidados del 9 de julio de 2026:















