» TESTIMONIO

APÓSTOL DE LA MISERICORDIA

Titi de la Misericordia

“En los presos más despreciados está Jesús”

En Ecuador, la violencia, las enfermedades y el abandono han convertido las cárceles en lugares de sufrimiento extremo. María Cristina, conocida como la Titi de la Misericordia, dejó una vida acomodada para entregar su corazón a los presos más olvidados. Hoy acompaña espiritualmente a decenas de miles de personas privadas de libertad, convencida de que allí, donde nadie quiere mirar, Cristo sigue esperando ser amado.

Apóstol en las cárceles más heridas de Ecuador

Mi nombre es María Cristina. Ese es mi nombre de bautismo. Mi nombre de misión es Titi de la Misericordia”, explica con sencillez porque “el Señor me sacó primero de Egipto y después me llevó a las trincheras más difíciles”.

Impulsada por la Palabra de Dios —«Déjalo todo y sígueme» (Mc 10,29)— dejó atrás su vida empresarial para servir a quienes viven tras los muros de las cárceles. Hoy coordina la pastoral penitenciaria en 35 centros de detención de Ecuador, con especial presencia en Guayaquil, donde solo en esa ciudad acompaña a más de 15.600 presos.

Las cárceles, cuenta, no son solo lugares de castigo: “Allí sufre toda una comunidad: los presos, sus madres, los funcionarios, los jueces, los médicos… y muchos de nosotros también vivimos esclavitudes invisibles”.

Misericordia en medio de la muerte y la enfermedad

En los últimos años, la situación se ha agravado dramáticamente. Enfermedades como la tuberculosis y la sarna se han extendido sin control. “En solo tres semanas murieron más de 1.300 presos. No podíamos quedarnos fuera”, recuerda.

Junto a un pequeño grupo de mujeres a las que llama las enfermeritas de la misericordia, entran donde nadie quiere entrar. Limpian heridas, cuidan a los enfermos, acompañan a los moribundos. Muchas se han contagiado. “No por irresponsabilidad, sino por amor”, dice Titi.

Gracias al apoyo de Ayuda a la Iglesia Necesitada, tras diez años de súplicas, pudo disponer de una furgoneta para sacar los féretros de quienes mueren en prisión. “No han muerto solos. Las últimas manos que tocaron fueron las nuestras”, afirma. Para muchas madres, ese acompañamiento es el único consuelo posible.

“No puedes anunciar el Evangelio a quien se muere de hambre”

La misión no se limita a la asistencia material. En las cárceles se celebra la fe, se anuncian la Palabra de Dios y la esperanza del Evangelio. Pero Titi lo tiene claro: “No puedes enseñar el Evangelio a quien se está pudriendo del dolor o muriendo de hambre”.

Por eso, con la ayuda de ACN, se distribuyen Biblias, se forman catequistas misioneros y se sostiene una presencia constante de sacerdotes, religiosos y laicos. “Somos muchos los que entregamos la vida dentro de las cárceles. Pero sin ustedes, no podemos seguir”. En cada preso está Cristo mismo: “Cuando los abrazo, represento al Señor. Cuando les doy esperanza, Él vuelve a hablarles”.

Con tu ayuda, la Iglesia puede seguir acompañando a los presos, curando a los enfermos, consolando a las familias y anunciando que incluso en la cárcel hay esperanza. Allí donde nadie quiere entrar, tu apoyo permite que Cristo siga presente.

Su invitación es clara: oración y acción: “Si no puedes venir a Ecuador, hazlo a través de mí. Ayuda a que Jesús llegue a los más despreciados”.

Tú puedes ser apóstol de la misericordia

Esta Navidad sé apóstol donde la Iglesia más te necesita.

Te lo cuenta ella aquí:

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