Los cristianos de Líbano viven con miedo a un exilio permanente

Fieles durante una Misa en Tiro, en el sur de Líbano
Los cristianos de Líbano viven con miedo a un exilio permanente
El padre Charles Naddaf, párroco greco-católico melquita en Yaroun, denuncia los desafíos que enfrenta su comunidad en el sur del país
ACN-. “Yaroun está hoy profundamente herida”, confiesa el padre Charles Naddaf, párroco greco-católico melquita de la parroquia de San Jorge. El 1 de mayo de 2026, los ataques sobre el pueblo destruyeron la sala parroquial -que hacía las veces de iglesia provisional-, el centro juvenil de la parroquia y el convento de las Hermanas Basilianas Salvatorianas, greco-católicas, así como su escuela gratuita para niños de todas las confesiones del pueblo y de los alrededores.
De hecho, a pesar de la tregua, las tensiones y las violaciones del alto el fuego continúan en el sur del Líbano. Actualmente es imposible acceder a Yaroun, por lo que no se pueden evaluar completamente los daños. “Sin duda, es una de las mayores catástrofes que ha sufrido el pueblo”, asegura el padre Naddaf a la fundación pontificia Ayuda a la Iglesia Necesitada (ACN).
Yaroun, un pueblo con tres cuartas partes de población chií pero con una presencia cristiana melquita histórica, es una de las localidades más expuestas en la frontera entre Israel y Líbano, que desde octubre de 2023 ha sufrido varios bombardeos y ataques.
Las familias cristianas intentan regresar
Ya el 9 de octubre de ese año, los habitantes abandonaron Yaroun por primera vez, y ningún feligrés se quedó allí. La parroquia de San Jorge y muchas viviendas, tanto cristianas como musulmanas, fueron destruidas en los primeros meses del conflicto, mientras que el resto del pueblo sufrió importantes daños.
Tras el alto el fuego de noviembre de 2024, Yaroun volvió a sufrir bombardeos: varias casas fueron arrasadas, y la gran estatua de San Jorge fue demolida.

Edificio en ruinas tras un bombardeo en Líbano
Con la reapertura gradual del pueblo, unas 15 familias cristianas cuyas casas no habían sido totalmente destruidas volvieron. Realizaron reparaciones provisionales, transformaron una sala parroquial en capilla provisional y reanudaron las celebraciones litúrgicas. Sin embargo, la esperanza duró poco, ya que los nuevos enfrentamientos lo arrasaron todo de nuevo.
El 2 de marzo de 2026, “todos los feligreses abandonaron Yaroun”, cuenta hoy el párroco. Se repartieron entre Rmeich, Aïn Ebel, en el distrito de Bint Jbeil, cerca de la frontera con Israel, y varios pueblos del Monte Líbano. “Desde el inicio de la guerra, las familias viven desplazadas, víctimas de la incertidumbre e indefensión”, explica el padre Naddaf, que se aloja actualmente en el monasterio maronita de la Anunciación de Rmeich.
La esperanza de volver, cada vez más difícil
Más allá de la destrucción y el desplazamiento de los habitantes, lo que preocupa a los habitantes de Yaroun es el futuro mismo de la presencia cristiana en el sur del Líbano. “Los cristianos desplazados no han elegido la guerra, y solo piden poder volver a sus hogares, vivir en paz con todos y permanecer en la tierra de sus ancestros”, señala el sacerdote con gravedad ante ACN.
El padre Naddaf insiste en la urgencia humanitaria, pero también en la angustia psicológica y espiritual de los desplazados. En su opinión, las familias necesitan ante todo paz y seguridad, sin las cuales no será posible ninguna reconstrucción duradera. Además, subraya la importancia de que los habitantes desplazados no se sientan olvidados.















