Obispo electo de Sudán del Sur: “una herida que representa las del pueblo”

› Monseñor Christian Carlassare ha sido víctima de un atentado tras su nombramiento como prelado de Rumbek

22/11/2021

ACN.-“Una herida que representa las heridas del pueblo de Sudán del Sur”. Con estas palabras Monseñor Christian Carlassare, describe el atentado del que fue víctima tras su nombramiento como obispo de Rumbek, en ese país africano. En el programa Perseguidos pero no Olvidados de Ayuda a la Iglesia Necesitada le hemos entrevistado para conocer cómo se recupera del ataque y cuál es la situación actual de los sursudaneses y de la Iglesia allí.

  • ¿Cuál es la situación actual en Sudán y Sudán del Sur?

Sudán del Sur es el país más joven del mundo. Es una región independiente de Sudán así que las relaciones entre ellas son muy intensas. La experiencia política y administrativa viene de una comunión con Sudán. La misma constitución de Sudán del Sur está relacionada con la de Sudán, las relaciones económicas también están muy relacionadas con el norte. Por tanto, la estabilidad política en el norte significaba estabilidad política en el sur, lo mismo que para un mejor desarrollo de este país. Asimismo, a causa de la independencia y el gobierno precedente, además de una cierta tensión entre ambos gobiernos, Sudán del Sur ha sufrido abandono, separación, cierre de fronteras e imposibilidad de usar las rutas comerciales norte- sur. casi un castigo para el país. El gobierno que venía en Sudán hacía esperar algo mejor para el sur y esperábamos que las relaciones pudieran mejorar. 

Monseñor Christian Carlassare, obispo electo de Sudán del Sur, en el hospital después del atentado que sufrió.
  • Pero no ha sido así. El golpe de estado de Sudán ha empeorado este panorama, ¿no es así?

Lo que he aprendido en estos países de África es que las situaciones son muy frágiles así que hace falta dar tiempo al tiempo y no juzgar velozmente lo que está pasando. La inestabilidad no ayuda pero no se sabe dónde terminará. Obviamente las incertezas en Sudán y Etiopía, donde la situación es muy delicada, no ayudará al Sudán del Sur a alcanzar la paz y la tranquilidad que querría, pero ciertamente cada país tiene su responsabilidad. El nuestro buscaba la mediación de países de la zona para la pacificación, pero ahora quizás tendrá más responsabilidad en buscar la paz a pesar de todo. Quizás también debe buscar un papel en ese territorio. 

  • ¿Cómo viven la inestabilidad los cristianos de la zona?

En Sudán del Sur más de la mitad de la población son cristianos. Solo el 8% es musulmán, y la parte más anciana o grupos que viven al margen, no se han acercado al Evangelio. La población es cristiana aunque vivimos en estos países donde hay  un cristianismo todavía de fachada, q tiene q echar raíces en la vida de la gente, para las personas todavía las elecciones cristianas son difíciles y se toman solo por una pequeña parte de la población en aspectos relacionados por ejemplo con el matrimonio, las elecciones culturales, la violencia … La violencia es algo que está muy presente y que debía estar lejana a la fe cristiana, pero, !cuántas personas abrazan las armas y las usan para su interés y sus recursos¡ Hay mucho trabajo por hacer. Obviamente la población es una población que sufre por el conflicto, inestabilidad, pobreza endémica, la falta de servicios, y entre esta población también hay cristianos. La Iglesia lleva las mismas heridas de la población, como es la pobreza y las heridas de la violencia, que están también presentes en la Iglesia. De hecho, lo que me sucedió a mí es claramente un signo de esto. 

  • ¿Cómo vivió ese momento en que lo atacaron?

El nombramiento como obispo de Rumbek fue inesperado. Desde hacía 1 año era vicario general de la diócesis de Malakal. Tenía un cargo importante, que me gustaba, al servicio de una iglesia necesitada y el nombramiento llegó como un peso más, una responsabilidad grande de cambiarme a una realidad nueva y distinta y, sobre todo, una diócesis que había tenido graves dificultades tras la pérdida del obispo hacía 10 años y no tenía una guía clara desde entonces. Sabía que era una responsabilidad y era muy difícil recoger el trabajo de mi predecesor Mons. Cesare Mazzolari, así que llegué de puntillas sabiendo tener el aprecio de la gente que amaba y sentía que el obispo precedente había sido un padre para esa iglesia y para el Sudán del Sur. Viví allí 10 días encontrando algunos grupos y obras de la diócesis y después este atentado. Para mí ese ataque fue un shock porque en muchos momentos difíciles en Sudán del Sur, nunca me había sentido en peligro, porque estaba protegido por la gente. Pero ese día me encontré con dos jóvenes ante mí, apuntándome con un fusil, por la noche, sin tener modo de huir. Gracias a Dios, ellos dispararon pero el Señor guió las balas para que no hicieran demasiado daño. Impactaron en las piernas, en los músculos, pero no en zonas vitales. 

Esto que sucedió lo leo como una herida que representa las heridas del pueblo de Sudán del Sur y que es un momento también de gracia porque me da la humildad para hacerme pueblo con las heridas del pueblo. Y volver a levantarme para ser un signo para la gente, y mostrar que se pueden levantar de nuevo, a pesar de las heridas que sufren por un conflicto que no termina, por tantas armas presentes en el territorio, por tantos territorios ocupados por milicias y gente desplazada. Ante esa desesperación, hay que dar esperanza de que se pueden curar las heridas, que puedes volverte a levantar y caminar en la vía de la paz, a pesar de todo. 

  • ¿Cómo llegó a ser misionero comboniano?

Desde joven tuve mucha simpatía por la iglesia. Estaba implicado en la parroquia y tenía el deseo de conocer qué significaba para mí ser cristiano, buscar una fe que fuera implicada. En mi familia había un misionero que vivía en Ecuador y en él veía un ejemplo. En la escuela superior encontré a los combonianos, que trabajamos en África o realidades marginadas en otros continentes, realidades afro también en América Latina. Con estos misioneros he compartido lo que estaba viviendo. El deseo de hacer un discernimiento, qué sería la fe en mi vida y mi sitio en la iglesia. A los 18 comencé ese período de formación que me llevó a ser sacerdote a los 27, muy joven, y de ahí partir a Sudán del Sur. 

Sudán del Sur es una misión histórica de los combonianos, fundados por San Daniele Comboni que comenzó su obra evangelizadora en esa zona de África. Recordando la historia de este país, la situación particularmente difícil que ha atravesado, tantos conflictos, la evangelización a trompicones, para mi ha sido un honor poder comenzar mi obra en ese territorio, en ese pueblo. 

  • ¿Cómo fueron sus primeros días en Sudán del Sur?

Yo llegué siendo aún muy joven, con muchos deseos de hacer causa común, con deseos de unirme a  esta gente. Me encontré en un contexto muy difícil, sin recursos, donde yo era el único recurso. No había electricidad o medios para hablar de evangelio o para promover la economía. Allí no había recursos pero,  teníamos la energía que nos da el estar unidos y superar las dificultades para llevar el cambio. 

Lo que me ha dado coraje es la gran solidaridad de la gente y me ha ayudado a superar momentos difíciles o de enfermedad, muy presentes en la zona. Momentos difíciles que me han hecho ser pueblo con ese pueblo y encarnarme en esta nueva realidad. 

  • ¿Cuánto tiempo pasó desde que llegó hasta que fue nombrado obispo?

Llegué a Sudán del Sur en el 2005, así que viví 11 años en una misión muy rural, muy aislada del centro, evangelizando a los nuer, que tuvieron la primera presencia misionera en el 96. Una iglesia muy joven, una iglesia muy activa porque nació del empeño de laicos catequistas que han reagrupado a los pocos cristianos a rezar el domingo por la paz y por el desarrollo de los pueblos donde estaban presentes.  

He vivido 11 años allí visitando a las comunidades en un territorio muy amplio, una región de 100 por 100 kilómetros de área, con 80 comunidades que solo podía visitar una vez al año. Las más lejanas  estaban guiadas por agentes pastorales laicos que venían formados en el centro de la parroquia en cursos de formación y en alfabetización. Ahí han nacido varios proyectos de alfabetización de niños, primero en lengua local y después en  escuelas primarias. Ahora se ven los frutos, 

Después de esos 11 años, he estado 3 años en capital acompañando a jóvenes vocacionalmente, sobre todo a los que querían ser sacerdotes. Sudán del Sur es un país joven, el 50% de la población tienen menos de 24 años, pero los jóvenes no han podido tener escuela. Como el 20% van a la escuela primaria, son manipulados por los adultos para coger las armas y luchar por sus propios intereses. El empeño de la iglesia es la educación porque es muy importante para dar dignidad a los jóvenes, especialmente a las mujeres, de ellas solo el 1% tienen estudios superiores. La mujer todavía está muy marginalizada en un contexto machista. Educarlas será una gran contribución que cambiará la situación. La mujer puede llevar el cambio.

  • ¿Qué planes tiene para los próximos años?

El plan pastoral de la diócesis se construye junto a todos los agentes pastorales de la diócesis. El obispo es el siervo que une a todos, pero hay sacerdotes diocesanos, religiosas y religiosos de tantos laicos que trabajan en la diócesis a través de organismos humanitarios o servicios de la iglesia. También laicos locales que se empeñan en ayudar a las comunidades cristianas. El plan pastoral será hecho con todos juntos y será la sinodalidad que se habla en la Iglesia. Se abre el camino caminando juntos. El primer paso necesario será a través de los encuentros de escucha de todas las partes. De escucha de los traumas vividos en los últimos años de conflicto. Y un proceso de reconciliación que lleve unidad en los agentes pastorales. Una iglesia minoritaria donde sólo el 15% es católica, pero como católicos, somos un signo de esperanza y un alivio para una sociedad violenta, un alivio de paz. 

  • Su ordenación ha sido pospuesta para 2022, ¿verdad?

Esta decisión viene de la Santa Sede. En esta situación han visto la necesidad de tomar medidas de seguridad en la nunciatura y la conferencia episcopal antes de instalarme en la diócesis. También para dar un independencia en las decisiones hechas y hacer el trabajo posible sin más hostilidades, amplia confianza a este proceso que se hace en nivel general y esperaremos a retomar el camino cuando sea necesario. 

  • ¿Qué mensaje desearía enviar a Europa Monseñor?

Diría al pueblo español y a toda la comunidad internacional que miren a África con el corazón y la mente abierta, sabiendo que a menudo tienen una imagen negativa: la idea de que no hay paz, sino solo hambre, necesidad de pedir recursos. Debemos ver a África sabiendo que hay gente que espera y desea una vida mejor, con posibilidades mayores. Así que debemos dar espacio a esta positividad que hay en África, dando sostenimiento a los que trabajan con buena voluntad, con gobiernos sanos y atentos a los ciudadanos, una economía que pueda funcionar mejor. La ayuda de Europa es muy importante para sostener a estos jóvenes países y dar ejemplo de institucionalidad en el sentido de que las instituciones sean responsables en las elecciones que tomen. Que sean elecciones por el bien común no por el bien de unos pocos. Que la cooperación que se hace con África esté encaminada a esta justicia y estos pasos positivos. 

Permanezcamos unidos en el amor que tenemos a este continente, África, que ciertamente tendrá grandes dones que dar al mundo, a nuestra Europa un poco envejecida y necesitada de esta juventud y vida que nos viene de África.