» TESTIMONIO

“Cada día conozco a alguien que me llena de alegría”

 Hace treinta años, Sor Rose Hanna respondió a una llamada que cambió su vida. Hoy, como Hermana Franciscana de la Cruz, dedica sus días a cuidar a enfermos, huérfanos, ancianos y a quienes más necesitan compañía y consuelo en Líbano.

«Es una llamada»

Para Sor Rose Hanna, su vocación comenzó con una llamada interior.

«Es una llamada», recuerda al hablar del momento en que decidió entregar su vida a Dios como religiosa

Se unió a las Hermanas Franciscanas de la Cruz, cuyo carisma es servir a los más olvidados y no rechazar nunca a quien necesita ayuda:

“Trabajamos con los enfermos, los huérfanos, los ciegos, los ancianos y, especialmente, con los rechazados por sus familias. Es la misión de Jesús”.

Después de treinta años de vida religiosa, Sor Rose no se arrepiente de haber respondido a aquella llamada:«Cada día conozco a alguien que me llena de alegría».

Pequeños encuentros que dejan huella

Entre sus recuerdos, guarda especialmente el de una niña que conoció en la unidad de neonatos y a la que volvió a encontrar ocho años después, en su Primera Comunión: «Para mí, eso fue un fruto del Buen Dios, una forma de cuidarme».

También recuerda a una paciente que llegó sintiéndose sin valor y que, al marcharse, le dijo:

«Llegué sintiéndome como si no fuera nada, como si no tuviera nada. Me fui sintiéndome una multimillonaria».

«Dios pasa a través de los demás»

Para Sor Rose, acompañar a quienes sufren es dejar que Dios actúe a través de pequeños gestos de amor.

«Creo que Dios pasa a través de los demás o a través de mí. Pasa a través de actos de caridad: Dios es amor».

La falta de vocaciones hace que cada vez son menos las hermanas que pueden atender una misión que sigue creciendo. Pero Sor Rose confía en que Dios seguirá sosteniendo a su Iglesia: «Me digo a mí misma que Dios lo sabe; es su Iglesia, Él se encarga de ella».

Una misión que sigue adelante

Sor Rose sabe que su misión no le pertenece.

Es una llamada que ha recibido y que continúa viviendo al servicio de los demás.

Y, a pesar de las dificultades, mantiene una certeza:

«Dios no nos abandonó ayer y hoy no nos abandonará mañana. Él es fiel».

Con tu ayuda, las Hermanas Franciscanas de la Cruz podrán continuar cuidando de quienes más lo necesitan.

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