» TESTIMONIO

“El desierto es un lugar de encuentro”

El padre Edmond Théodore llegó a Mauritania para realizar una etapa de formación, pero aquella experiencia cambió su vida y le llevó a incorporarse de manera permanente a la misión de la Iglesia en el país. En una pequeña comunidad católica rodeada de población musulmana, este sacerdote senegalés ha descubierto que dar testimonio del amor de Dios significa acoger, servir y aprender a convivir con todos, incluso cuando no es posible compartir la propia fe abiertamente.

› Una misión que cambió su vida

Cuando el padre Edmond Théodore llegó a Mauritania no imaginaba que aquella experiencia marcaría su vocación misionera. El encuentro con la realidad de la Iglesia en el país le llevó a descubrir una misión humilde, con pocos medios, pero llena de posibilidades.

“Con pocos medios, el Señor realiza cosas extraordinarias”, recuerda. Aquella certeza le impulsó a solicitar incorporarse de manera permanente a la misión de la Iglesia en Mauritania, donde es uno de los dos únicos sacerdotes incardinados en la diócesis.

La Iglesia católica vive allí una realidad singular: toda su comunidad está formada por extranjeros y expatriados, en un país donde el islam es la religión del Estado. Sin embargo, para el padre Théodore, la pequeñez de esta comunidad no resta valor a su misión.

“Experimentamos la destrucción del 90% de las casas cuando nos vimos obligados a marcharnos. Estamos convencidos de que si nos vamos de nuevo, lo que quede volverá a ser destruido”.

Para él, la presencia de la Iglesia se construye precisamente a través de este encuentro cotidiano. No se trata de grandes iniciativas, sino de estar cerca de las personas, recibirlas y dejarse recibir por ellas.

 Aprender a convivir desde la fe

El padre Théodore ha descubierto que las diferencias religiosas no impiden el respeto ni la convivencia. Según explica, los cristianos pueden vivir su fe con libertad y la población musulmana muestra un profundo respeto hacia las personas creyentes.

El sacerdote reconoce que, aunque cada persona viva su fe de una manera distinta, es posible compartir valores y construir relaciones de confianza. Una experiencia que le ha permitido descubrir cómo el diálogo nace muchas veces de la vida cotidiana, de la cercanía y del respeto mutuo.

 La Iglesia no puede realizar proselitismo ni bautizar a ciudadanos mauritanos, pero eso no significa que renuncie a su vocación.

“Nuestro trabajo consiste en dar testimonio del amor de Cristo”, explica.

› Seguir llegando hasta las comunidades

Durante seis años, el padre Edmond Théodore vivió en una parroquia situada a las puertas del desierto. Aquella etapa dejó una profunda huella en su vida espiritual y le ayudó a comprender mejor la importancia de la confianza, la sencillez y la solidaridad.

“El desierto es un lugar de encuentro”.

Un encuentro con Dios, con los demás y con uno mismo. En el silencio y en la dureza del desierto, el padre Théodore ha aprendido a reconocer las propias limitaciones y a poner la confianza en Dios.

También ha descubierto una forma particular de vivir la oración en un entorno donde no siempre es posible compartirla con quienes le rodean.

“No rezamos con los demás; rezamos por los demás”, explica.

Una fe que se hace servicio y esperanza

Hay algo más que ha marcado profundamente al padre Théodore: la confianza de la población mauritana en Dios. Le llama especialmente la atención escuchar una y otra vez la expresión “Inshallah”, que significa “si Dios quiere”.

Incluso en medio de las dificultades, muchas personas mantienen la esperanza de que el mañana será mejor con la ayuda de Dios. Una actitud que interpela al sacerdote y le recuerda que la vida está en sus manos.

Esta confianza sostiene también su propia misión. En un país donde la Iglesia es pequeña y sus posibilidades de evangelización están limitadas, el padre Théodore sabe que su tarea no consiste en obtener resultados visibles, sino en permanecer fiel a su vocación.

 Gracias a tu ayuda, la Iglesia puede seguir dando testimonio del amor de Dios

La misión de la Iglesia en Mauritania se hace presente a través de la acogida, la oración y el servicio a quienes más lo necesitan. Aunque sea una comunidad pequeña, sus sacerdotes continúan acompañando a las personas y dando testimonio de Cristo en su vida cotidiana.

Porque, incluso en medio del desierto, el amor de Dios puede abrir caminos de encuentro y esperanza.

Ayuda a la Iglesia a seguir llevando el amor de Dios.

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