Nicaragua: Heridos pero más fuertes que nunca

› En nuestro viaje, hemos constatado que la Iglesia en Nicaragua no está en absoluto amedrentada y tiene más claro, si cabe, cuál es su misión en las circunstancias en las que se encuentra su país: unir, construir y pacificar

02/09/2019

ACN.- Desde que todos los observadores internacionales fueron expulsados del país, la Iglesia vio la necesidad de crear en las diócesis, centros locales de Observadores de Derechos Humanos. En ellos se recogían las denuncias de todas las injusticias y violaciones de derechos humanos que se estaban cometiendo. Gracias a un equipo de voluntarios, se realizaron registros rigurosos que permitieron a muchas familias que necesitaban huir, pedir asilo con la condición de refugiados. Durante toda la crisis, la Iglesia ha estado al servicio de los más necesitados, facilitando atención médica, como hospital de campaña. Los bancos de las parroquias se convirtieron en improvisadas camillas donde se atendía a los heridos de ambos bandos del conflicto. 

Hemos visto cómo el pueblo católico ha sido fiel a sus pastores, a sus líderes, incluso en los peores momentos. Cada uno de los obispos se sabía el nombre de todos los que se encontraban en la calle, y han estado dando la vida por cada uno de ellos.

Mons. Rolando José Álvarez Lagos, obispo de Matagalpa, bendice a un niño. (ACN)

En las diócesis de Juigalpa, Estelí, Jinotega, Matagalpa y Siuna hemos comprobado que esta crisis ha servido para unir más a los fieles en torno a sus obispos, que son muy queridos y que ahora les han pedido que se pongan de nuevo en pie, que levanten la cabeza y que miren con mucha esperanza un futuro que tienen que construir.

Y la Iglesia de Nicaragua ahora está a por todas en esta nueva misión, la de siempre de la Iglesia, pero renovada por la experiencia y por la gracia: trabajar para construir la paz desde el corazón de las personas, de las familias y de la sociedad al completo.

Nos ha sorprendido en nuestro viaje, que en las diócesis que visitamos no dejaban de crecer nuevas parroquias que se van construyendo poco a poco y con los recursos que se van consiguiendo. La Iglesia se hace grande y se fortalece.

Heridos, pero fieles y unidos son nuestros cristianos de Nicaragua. En las próximas páginas irás conociendo cómo está siendo posible volver a empezar de nuevo a pesar de la presión y de la desconfianza. Esperemos que con sus historias nos ayuden a nosotros a vivir con su misma conciencia de hacer presente el Reino de Dios. Con Él todo es nuevo y posible.