Venezuela: avanza el proyecto totalitario

› Obispos y especialistas comentan los alcances  y propósitos de la reconversión monetaria

28/08/2018

ACN.- En Venezuela las medidas económicas tomadas por el gobierno de Nicolás Maduro el pasado 17 de Agosto han causado una total desorientación y desamparo en la sociedad, tanto en los organismos empresariales como entre los comerciantes más humildes.

El alcance de las medidas no está claro. Tampoco su puesta en práctica. El gobierno ha dicho que se hará  cargo, por 90 días, de las cargas para el sector privado, pero no dice cómo. Así mismo aseguró que no se aplicaría el IVA –aumentado de 12% a 16%- a medicinas y alimentos, pero en la Gaceta Oficial aparece publicado que el impuesto es general y no aparece exonerado ningún renglón.

Lo que parece seguro es que la reforma derivará en un brutal incremento de la inflación y, por consiguiente, en más penurias y hambre para la población. El aumento de sueldos decretado, para empresas que ya vienen luchando por sobrevivir, es de un monto tal que se teme opten por cerrar o despedir una buena parte de la nómina.

¿Cuál es el objetivo? ¿Desmantelar el sector privado y conseguir que la población dependa completamente de la ayuda del Estado, que hoy tiene diferentes nombres: “bono de reconversión”, ”bolívar soberano”  o bien “carnet de la patria”? Este último según se anuncia, a partir de diciembre será requisito indispensable para comprar gasolina, pagándola a precio internacional, vale decir  en dólares, cuando el salario es en bolívares. Un funcionario gubernamental decía hace un par de días: “La clase media tendrá que entrar por el aro del carnet de la Patria”; en clara referencia al control estatal que se pretende ejercer sobre la sociedad.

La oposición ha llamado a protestas en todo el país contra lo que ya califican como “paquetazo”, en alusión a ajustes económicos aplicados en el pasado que, aconsejados por el FMI, ocasionaron convulsión social en Venezuela.

Carlos Larrazábal, presidente de la Federación de Cámaras de Comercios y Producción de Venezuela, en declaraciones a la fundación pontificia Ayuda a la Iglesia Necesitada (ACN) reprochó que los anuncios son improvisados, inconsultos y no están siendo correctamente comunicados a la población. Asimismo, aseguró que el aparato productivo está en grave riesgo de quebrar, por la forma en cómo se están implementando las medidas: “estamos viviendo la mayor crisis económica de la historia, hiperinflación caída dramática de la producción, desempleo, colapso del sector petrolero, destrucción del sector productivo, todo debido a la puesta en marcha del modelo socialista del siglo XXI”.

El Arzobispo de Maracaibo y presidente de la Conferencia Episcopal Venezolana, José Luis Azuaje, aseguró a ACN que “quienes gobiernan se aislaron  de las instituciones y del pueblo”. Sobre los últimos anuncios puntualizo: “El concepto de represión no es solamente caerle a golpes a una persona o grupo de personas, represión también es el desabastecimiento, el no tener alimentos, no tener energía eléctrica, el no tener servicios públicos acordes a la dignidad de las personas, el juego que existe con el precio de la gasolina; por eso decimos en el último comunicado que se ha generado una espiral de violencia, son elementos que violentan la tranquilidad del ciudadano, se les imposibilita el trabajo cotidiano para su desarrollo, esto lleva a que el ser humano se sienta profundamente golpeado en su dignidad. A lo mejor los poderosos viven tranquilos y viven en una burbuja, pero el que tiene que salir a ganarse la vida todos los días, por sus hijos y su futuro, ve cómo se le bloquean  sus posibilidades”.

En declaraciones para Ayuda a la Iglesia Necesitada el arzobispo emérito de Cumaná, Mons. Diego Padrón, hasta hace poco presidente de la CEV apuntaba: “Mi opinión personal es que son medidas tomadas muy a la ligera, lo que da la impresión de que se trata de una reacción sin demasiada consideración sobre la situación global. Han creado una gran confusión en la población, pues no es fácil entender la reconversión. No estoy convencido de que estas medidas vayan a mejorar la situación de la población. El simple cambio de números no resuelve el tema social de alimentos, sueldos, medicinas, empleos, seguridad. La angustia ha crecido exponencialmente en los últimos cinco días donde la incertidumbre y la frustración han invadido los espíritus de manera increíble”.

Mons. Ramón Ovidio Pérez Morales, obispo emérito de Los Teques y presidente del Concilio Plenario Nacional, analizaba así la situación: “Estas medidas van dirigidas a realizar el proyecto socialista para imponer el modelo comunista a costa de lo que sea, aún del sufrimiento de la gente. Quiebra toda posibilidad de emprendimiento y busca el sometimiento de la  ciudadanía a través de sus necesidades más elementales. Poco importa el sufrimiento de la población en un fanatismo cuasi religioso o ideológico, a lo cual se suma la incapacidad, la corrupción, el temor a dejar el poder. Se trata de un proyecto dirigido al control totalitario. Es muy grave, no es una improvisación  ni una simple equivocación de rumbo, es una tenaza que se va cerrando, todo bien conducido hacia la realización de un proyecto ideológico marxista-comunista. En el 2007, cuando se propuso la reforma constitucional, en un documento el episcopado explicó bien de lo que se trataba, que no era algo accidental sino de imponer un proyecto fracasado, inconstitucional y moralmente inaceptable. Si esto causa sufrimiento en la población, poco les importa, lo que vale es imponer el control político. El éxodo de millones de venezolanos preocuparía a cualquier gobierno, pero a éste no: el éxodo está en la lógica del proyecto. Mientras menos gente menos oposición. Es la diferencia entre lo malo y lo maligno”.

Por su parte Mons. Ulises Gutiérrez, Arzobispo de Ciudad Bolívar, fue tajante en su cuenta de tuiter: “Esta locura que estamos viviendo solo tiene una salida: cambiar radicalmente el modelo y los actores. Venezuela no aguanta más”.

El padre Saúl Ron Braasch de la Comisión de Justicia y Paz de la Conferencia Episcopal Venezolana (CEV) trabaja junto a Cáritas para mitigar los efectos de la grave crisis humanitaria, fomentar la solidaridad y asistir a las cada vez más numerosas familias que caen en la carencia total de alimentos y medicinas. Al mismo tiempo agencia recursos para los damnificados de 6 estados venezolanos bajo las aguas debido a las crecidas de los ríos por lluvias incesantes en las cabeceras del Orinoco. El gobierno se resiste a declarar emergencia, en idéntica tónica que se niega a permitir la entrada al país de asistencia humanitaria  internacional. «La Iglesia ha mejorado la situación de la gente. Ocurre en el caso de Cáritas en cuestiones como la desnutrición, por ejemplo; y se ha atendido esos casos en zonas emblemáticas como Zulia, Miranda, Caracas y Vargas. La Iglesia los ha atendido con efectividad, porque va más allá de establecer el grado de desnutrición. Pues también apoya con los productos que recibe desde el Exterior. Esos son aspectos positivos. Pero los aspectos negativos los superan: la desnutrición es mayor, los problemas endémicos son mayores. ¡Hay sectores donde ni siquiera se puede medir!… la Iglesia no tiene el papel del Estado, que es al que le correspondería. La Iglesia es subsidiaria. ¡Pero es que la Iglesia tampoco se ve ayudada como tendría que ser, ni siquiera por las entidades!»