Francisco en el Ángelus denuncia el conflicto en Myanmar: que se respete la vida humana y los lugares de culto

› El pontífice también recordó al “martirizado pueblo ucraniano” e invitó a preguntarse: “¿Qué hago yo hoy por el pueblo ucraniano?”

20/06/2022

ACN.- En Myanmar se debe respetar «la dignidad humana y el derecho a la vida». El Papa Francisco ha denunciado durante el rezo del Ángelus en la Plaza de San Pedro del Vaticano la violencia que sigue creciendo en el país asiático. El Santo Padre se ha sumado al llamamiento de los obipos birmanos, en un conflicto iniciado hace más de un año tras el golpe de estado de la junta militar nacional, que ha causado miles de muertos y desplazados, provocando la destrucción de pueblos, hospitales, colegios, centenares de iglesias y otros lugares de culto.

“Desde Myanmar sigue llegando el grito de dolor de tantas personas que carecen de atención sanitaria básica y que se ven obligadas a dejar sus casas -porque se las incendian- y huyen de la violencia”, ha dicho el pontífice, haciéndose eco de las nuevas y dramáticas noticias de los últimos días. «Me uno al llamamiento de los obispos de esa querida tierra: que la comunidad internacional no olvide al pueblo birmano, para que se respete la dignidad humana y el derecho a la vida, así como los lugares de culto, los hospitales y las escuelas”. El Papa también dio una bendición especial a la comunidad birmana en Italia, que estuvo representada hoy en la Plaza de San Pedro.

Iglesia quemada y destruida en Myanmar. (AsiaNews)

Previo a este llamamiento y antes del rezo de la oración a María, Francisco se detuvo para hablar de la solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo. «En la Eucaristía -explicó el pontífice- todos pueden experimentar esta atención amorosa y concreta del Señor. Quien recibe con fe el Cuerpo y la Sangre de Cristo no sólo come, sino que se sacia«.

No confinar la Eucaristía

En el pasaje del Evangelio de Lucas, que la liturgia nos propone, «el milagro de los panes y los peces no se produce de manera espectacular. Ocurre casi en secreto, como en las bodas de Caná: el pan se multiplica al pasar de mano en mano. Y mientras comen, la multitud se da cuenta de que Jesús se ocupa de todo. Este es el Señor presente en la Eucaristía: nos llama a ser ciudadanos del Cielo, pero mientras tanto tiene en cuenta el camino que tenemos que afrontar aquí en la tierra».

«A veces, se corre el riesgo de confinar la Eucaristía a una dimensión vaga, quizá luminosa y perfumada con incienso, pero alejada de las estrecheces de la vida cotidiana”, comentó Francisco. “En realidad, el Señor se ocupa de todas nuestras necesidades, empezando por las más básicas». Y también «nuestra adoración eucarística se constata cuando nos ocupamos del prójimo, como hace Jesús: a nuestro alrededor hay hambre de comida, pero también de compañía, de consuelo, de amistad, de buen humor, de atención. Hay hambre de ser evangelizados».

El Evangelio dice además que la multitud fue saciada por Jesús. «Ciertamente necesitamos alimentarnos -observó Francisco-, pero también necesitamos saciarnos, es decir, saber que el alimento se nos da por amor. En el Cuerpo y la Sangre de Cristo encontramos su presencia, su vida entregada por cada uno de nosotros. No sólo nos ayuda a seguir adelante, sino que se da a sí mismo: se hace nuestro compañero de viaje, entra en nuestros asuntos, visita nuestras soledades, y nos hace recobrar el sentido y el entusiasmo».

Ciudadanos del cielo

Al final del Ángelus, el Pontífice recordó a algunos religiosos de la familia dominica, que fueron asesinados por odio a la fe durante la persecución religiosa, en el marco de la guerra civil, y que fueron beatificados ayer en España: «Su testimonio y el perdón de sus asesinos -dijo- nos muestran el camino de la santidad y nos animan a hacer de nuestra vida una ofrenda a Dios y a los hermanos». A continuación, habló del Encuentro Mundial de las Familias -que comenzará el miércoles 22 en Roma y en las diócesis- agradeciendo a los matrimonios que ofrecerán su testimonio sobre cómo la vida en familia puede ser un camino de santidad.

Por último, el Papa -una vez más- invita a todos a no olvidar «al martirizado pueblo ucraniano que sufre». “Me gustaría que permaneciera en la mente de todos una pregunta: ¿qué estoy haciendo hoy por el pueblo ucraniano?”, dijo. “¿Rezo? ¿Me ofrezco a hacer algo?¿Trato de entender? Que cada uno responda en su corazón».