Samia Syiej, religiosa en Homs: “La catequesis está ayudando a curar las heridas espirituales de la guerra”

› Sostener la vida consagrada es un bien para la Iglesia y la sociedad: Ayuda a la Iglesia Necesitada (ACN) apoya el trabajo pastoral de las Hermanas de los Sagrados Corazones en la ciudad siria de Homs 

01/02/2019

ACN, Josué Villalón.- La iglesia de Altip, en el distrito de Bab Al-Sebaa al sur de la Ciudad Vieja de Homs, es un centro de formación y convivencia. “Hace muchos años esto fue un colegio católico, pero el gobierno prohibió todo centro escolar que no fuese del Estado. Desde entonces realizamos aquí la catequesis, tenemos formación para jóvenes y adultos, y hacemos convivencias o jornadas deportivas”, comenta la hermana Samia Syiej, religiosa que coordina la catequesis de Confirmación para un grupo de preadolescentes.

La hermana Samia pertenece a las Hermanas de los Sagrados Corazones, una congregación fundada en Siria y de inspiración ignaciana. “Tenemos 12 casas en toda Siria. Nuestra congregación es muy activa y poseemos varias iniciativas pastorales y sociales”, afirma la religiosa.

Momento de la catequesis en el centro Altip. (ACN)

La vida consagrada es una vocación muy apreciada por la Iglesia en Siria, en un mundo donde culturalmente la mujer es el soporte y la roca de la familia, el testimonio de una vida en castidad llama especialmente la atención: “Trabajamos directamente con las familias en grupos de oración y otras actividades. Tenemos misa dominical, acompañamos a los fieles en lo que necesitan, e intentamos resolver sus dudas”.

Jóvenes para acompañar a los niños

Trabajando junto a la hermana Samia, varios jóvenes universitarios se reparten los grupos de catequesis y colaboran activamente de la acción pastoral. Una delegación de la fundación pontificia Ayuda a la Iglesia Necesitada los visita cuando están tratando de transmitir a los chicos y chicas la vida de Jesús durante su Pasión y Crucifixión, un punto central de la fe cristiana. Haya Elias es una de las catequistas: “La hermana Samia nos ha enseñado a estar más cerca de Dios y ahora transmitimos eso a las generaciones que vienen detrás nuestro”. Estudia Filología Inglesa en la Universidad de Homs y siempre ha formado parte del grupo de jóvenes que colaboran con las religiosas.

Un catequista secuestrado

“Soy consciente de que estoy aquí, con vida, gracias a Dios y a la oración de personas como la hermana Samia”, asegura otro joven, Antoine George (nombre ficticio, por seguridad), que actualmente está en busca de trabajo. Cuenta que estuvo en el ejército del gobierno de Asad, reclutado a la fuerza para combatir en la guerra. En una emboscada fue detenido por un grupo de rebeldes sirios y estuvo secuestrado durante meses. Todos pensaban que estaba muerto, pero milagrosamente logró escapar. “Doy gracias a Dios y a las Hermanas por no haber dejado de rezar por mí. Hoy me siento agradecido y les ayudo como catequista.”

Los consagrados: motivo de esperanza

La Iglesia en Siria está viva, a pesar de más de 7 años de guerra. Los sacerdotes, religiosos y religiosas presentes en el país se han convertido en un motivo de esperanza. “No hemos dejado nunca de ofrecer nuestra ayuda, oración, acompañamiento… Todo se hace con la colaboración de sacerdotes, religiosas y laicos. Trabajamos todos juntos en la organización de estas actividades. Gracias a Dios los jóvenes son muy activos”, continúa diciendo la hermana Samia.

Esta religiosa de los Sagrados Corazones es ejemplo de cómo líderes cristianos están siendo el punto de apoyo de muchas personas. Además de coordinar la catequesis, trabaja en un centro de atención a niños con discapacidades intelectuales: “Siempre hemos tenido proyectos con la fundación pontificia ACN, incluso durante la parte más cruenta de la guerra. Durante el verano, por ejemplo, tenemos campamentos para los jóvenes. Mayores y niños también están necesitados de una palabra de esperanza y quieren profundizar en la fe. Los niños vienen a la iglesia y además son exigentes.  Esto nos anima.”

El centro pastoral bombardeado

La religiosa muestra in situ cómo las bombas también han pasado por allí, cerca del centro de Altip. “Las familias nos han ayudado a poder reparar dos partes del tejado que estaban destruidas por los bombardeos. Pero además entre todos tenemos que ayudar a reparar la destrucción que no solo ha quedado fuera, sino dentro de los corazones. Yo soy religiosa y mi primera responsabilidad es dar testimonio espiritual y ayudar a la gente. Esto es lo que me mueve. Hemos vivido los combates de cerca.  La catequesis es importante porque está ayudando a curar las heridas espirituales de la guerra.”

Gracias a toda la Iglesia

ACN está apoyando a la hermana Samia y al resto de religiosas de su congregación en su manutención. El agradecimiento que muestra esta religiosa se extiende a centenares de niños, jóvenes y familias que están acompañados por estas monjas. La actividad del centro de la Iglesia de Altip, los campamentos de verano, el centro de atención a niños con discapacidad intelectual y las demás actividades de las religiosas serían imposibles sin la ayuda de la Iglesia universal.