Cristiano converso de Irán: «La Biblia es todo lo que tengo»

› «Perseguidos pero no olvidados» regresa a TRECE con la historia de Seyed Mahdi

17/09/2020

ACN, Josué Villalón.- El estreno de la nueva temporada de «Perseguidos pero no olvidados», junto al espacio «Trece En Salida» de la cadena de televisión TRECE, llega marcado por una historia que deja huella y nos recuerda que aquellos que aman a Jesús de todo corazón, no lo cambian por nada del mundo.

Se trata de Seyed Mohammad Mahdi, originario de Irán, país en el que la libertad religiosa no existe y donde tener una biblia puede significar una sentencia de muerte. Mahdi cuenta: “Mi vida en mi país era normal, feliz, junto a mi familia y a mi hija, hasta que comencé un viaje de fe. Muy duro porque quería ser cristiano, era mi decisión”. Así comparte su testimonio en una entrevista a los compañeros que realizan este programa de la fundación pontificia Ayuda a la Iglesia Necesitada (ACN).

¿De dónde vienes y cómo era tu vida en Irán?

Soy iraní, tengo 38 años. Mi vida en mi país era normal, tenía trabajo, casa, estaba feliz con mi familia y mi hija. Los echo mucho de menos, hace dos días fue el cumpleaños de mi hija, desde aquí le mando un beso muy grande.

Seyed Mahdi, cristiano converso de Irán. (TRECE)

¿Qué cambió esa vida normal que tenías?

Fue un viaje duro, porque quería ser cristiano, esto es un viaje duro y largo. En mi país está prohibido el cambio de religión del Islam. Por eso yo tuve que salir de mi país. No sé cuánto tiempo estuve sin comer, sin agua, andando por montañas, ríos, todas las noches con miedo a la policía y a la gente. Pero gracias a Dios estoy sano y salvo, estoy con Jesús, en un país libre donde puedo vivir mi fe con libertad. 

Y durante ese viaje nunca te separaste de algo que tienes ahora entre las manos, de una Biblia en farsi, el idioma iraní.

Es todo lo que tengo ahora. Y siempre llevo conmigo este libro porque todas las palabras de este libro tienen un destino y un objetivo para mí. Siempre me ha ayudado, tiene palabras fuertes para mí. 

Veo que también llevas en el cuello un rosario. ¿Por qué?

Sí, siempre va conmigo y lo rezo. Es un regalo muy especial que me hizo un sacerdote muy amigo, mi párroco, de la parroquia de San Cosme de Burgos. Esto es algo prohibido en mi país. Tampoco los cristianos allí  podemos llevar la cruz en el pecho, o la Biblia.

¿Cómo es tu vida aquí?

Estoy feliz porque tengo libertad, para hablar de Jesús, libre de creer y pensar. Algunos dicen que la fe es un sueño pero no es verdad, yo siempre siento la cercanía de Dios. Cuando llegué a España fue la primera vez en mi vida que vi una iglesia. Entré y sentí algo muy especial. Entré para dar gracias a Dios por haberme conservado la vida porque fue un viaje muy duro.

¿Quién te está ayudando en el camino de la fe?

Jesús, María y este libro, la Biblia. Cuando salí de mi país no sabía qué me iba a encontrar delante, muchas veces me dije que no podía más. Jesucristo me ayudó, porque nunca perdí la fe y ahora no tengo miedo a nada. 

¿Qué sentiste el día de tu bautismo? Que tuviste que retrasar por la pandemia.

Yo he sido bautizado por Don Fidel, obispo de Burgos. Cuando él echó el agua en mi cabeza, yo cambié por completo, sentí el perdón de mis pecados. Siempre había pensado qué podía hacer para cambiar las cosas que yo hacía mal, pero nunca lo había conseguido. Cuando recibí el bautismo, fue como si Dios me diese un alma y un cuerpo nuevos, sentí eso. No puedo dejar de pensar en Jesús. Cuando me despierto, cuando me acuesto, cuando voy caminando, pienso que Dios ha hecho todo bien y el mundo es bonito, es precioso.