“Los extremistas intentan crear confusión y tensión interreligiosa en Filipinas”

› Entrevista con el misionero italiano Sebastiano D’Ambra, fundador del Movimiento Silsilah, de diálogo interreligioso

15/02/2019

ACN, Filipinas.- El 27 de enero de 2019 dos bombas explotaron en la catedral de Joló, en el archipiélago de Sulu entre Mindanao y Borneo, matando a 23 personas e hiriendo a otras 112. A esta tragedia le siguió un ataque el 30 de enero con granadas contra una mezquita en Zamboanga, al oeste de la isla Mindanao. El padre Sebastiano d’Ambra, misionero del Pontificio Instituto de Misiones Extranjeras (PIME) que trabaja en favor del diálogo interreligioso desde hace de 40 años en el sur de Filipinas, cuenta en una entrevista a la fundación pontificia Ayuda a la Iglesia Necesitada (ACN) cómo se vive la situación en el país del continente asiático con mayor número de católicos.

ACN: Padre D’Ambra ¿Podría contarnos como se vivió in situ el atentado del 27 de enero?

Padre D’Ambra: El suceso nos ha conmocionado naturalmente por la violencia del atentado y también por el hecho de tratarse de un lugar sagrado. Desgraciadamente, este acto de violencia se encuadra en un contexto de crecimiento de las tensiones en la zona. En los últimos años, el radicalismo ha ido aumentando y la minoría cristiana de la isla de Joló (el 1% de la población total de los 120.000 habitantes de la isla de Joló) no es la única víctima, hay también musulmanes que vienen a verme y me dicen: “Padre, también nosotros estamos amenazados porque no somos el mismo tipo de musulmanes que ellos”.

P. Sebastiano D'Ambra con un grupo de líderes cristianos y musulmanes en Joló. (ACN)

ACN: Tres días después del atentado en la catedral, una granada se cobró dos vidas en una mezquita en Zamboanga, en el sur de Filipinas donde usted trabaja. ¿Teme que surja un conflicto interreligioso?

Padre D’Ambra: No creo que debamos establecer una conexión entre ambos atentados. No me imagino a cristianos deseosos de vengar a sus muertos atacando un lugar de culto musulmán. En cambio sí que creo que se trate de nuevo de la obra de esos grupos extremistas cuya violencia cada vez va en aumento y siembran confusión. Son ellos los que quieren separar a los cristianos de los musulmanes y aprovecharse de la situación para provocar un caos en todo el país y desafiar su equilibro. Un equilibrio que se basa en buena parte en las relaciones entre los creyentes de las diferentes religiones.

ACN: No obstante, según las autoridades, se está ganando la guerra contra el terrorismo islámico. ¿Comparte usted este análisis?

Padre D’Ambra: No, en absoluto. Desgraciadamente, la tensión interreligiosa está presente. El hecho de que los jefes de los grupos extremistas hayan sido ejecutados no significa que el Gobierno filipino esté ganando la guerra, eso es un error. Sé de sobra que el Ejército hace lo que puede por controlar a esos grupos, pero no creo que sea suficiente. Los grupos como Daesh, Maute o Abu Sayyaf comparten el objetivo de causar problemas en el país, y pueden ir cogiendo más fuerzas en los tiempos venideros. Yo no digo que tengamos que vivir con miedo pero hay que ser realistas, y yo no los veo derrotados. Creo que van a seguir poniendo a prueba la amistad que tenemos con nuestros vecinos musulmanes.

ACN: Y usted, ¿tiene la sensación de que su vida corre peligro?

Padre D’Ambra: Oh, sepa que hace 40 cuarenta años que vivo aquí, por lo que he tenido mucho tiempo para ser un blanco, diría que en repetidas ocasiones. Una vez, en especial, cuando me tendieron una emboscada y la bala que iba destinada para mí mató a uno de mis amigos. En aquella época yo estaba mediando con los rebeldes musulmanes. El hecho de que un sacerdote estuviera entre esos grupos durante casi tres años, era  una experiencia inusual. Habíamos logrado establecer una relación de respeto recíproco y supongo que la idea de que un sacerdote solo pudiera ser más eficaz que mil soldados a la hora de hacer la paz, debió sorprender a los que no deseaban el fin del conflicto. Esta actitud se repite hoy en día. Algunos musulmanes nos dicen que nuestros programas para el diálogo entre cristianos y musulmanes no son del gusto de los extremistas.

ACN: ¿Quiere dejar un mensaje para finalizar?

Padre D’Ambra:  ¡No tengan miedo! Créanme, el amor es más fuerte que el odio. Doy las gracias a ACN por estar tan cerca de los cristianos que atraviesan dificultades en el mundo, y pido a todos los cristianos que promuevan el diálogo en su propio ámbito para salir de la lógica del conflicto.